La República de Guinea Ecuatorial es una república multipartidista que ha sido gobernada por el subclan de los fang desde su independencia en 1968. Es el clan del Presidente, que se hizo con el poder en un golpe militar en 1979. En 2002 fue reelegido con el 97,1% de los votos, en unas elecciones ensombrecidas por el fraude excesivo y la intimidación. Los observadores internacionales señalaron que la oposición obtuvo el 12% de los votos, pero sólo accedieron a 2 de los 100 escaños parlamentarios. Desde la independencia en 1968, ninguna elección ha sido considerada libre y justa. El reciente intento de golpe de estado llevó a la detención de 19 mercenarios en la capital, Malabo, y de otros 70 más en Zimbabue.
La Constitución prohíbe acusar al Jefe de Estado de delitos cometidos en el desempeño de sus funciones. El Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE) controla el órgano legislativo. Las mujeres ocupan 20 de los 100 escaños parlamentarios, y 5 de los 50 cargos del Gabinete. Las reformas del Gabinete han suprimido parte del poder presidencial, pero el control de la policía y las fuerzas de seguridad continúa en manos del Gabinete, cuyos miembros son nombrados por el Presidente. Se ha nombrado un nuevo Primer Ministro, y familiares cercanos del Presidente han asumido los Ministerios de Defensa y Seguridad Nacional, cargos que anteriormente ocupaba el Presidente. Los puestos de responsabilidad están limitados al grupo étnico del Presidente y sus más férreos defensores.
La corrupción en todas las ramas del gobierno es un problema. El Presidente ha sido acusado de gastar los ingresos del petróleo con su propia familia y sus amigos. Una investigación reveló que al menos 35 millones de dólares de los ingresos del petróleo fueron directamente a cuentas controladas personalmente por el Presidente y sus socios. El poder judicial no es independiente. Miembros del consejo tribal resuelven las demandas civiles en tribunales tradicionales. Continúan las detenciones arbitrarias por parte de las fuerzas de seguridad, con total impunidad.
Está prohibida la discriminación en todas sus formas, pero las mujeres y las minorías sufren una gran discriminación.
Un representante especial de la ONU y Amnistía Internacional describen uso de la tortura como rutinario. La impunidad es otro de los problemas. La ley no reconoce el acceso a la información pública.
La economía creció rápidamente como consecuencia del aumento de los precios y la producción de petróleo y gas. La mayoría de la población vive de la agricultura de subsistencia, la caza y la pesca, y la tasa de desempleo es muy alta a pesar del aumento de un 20%-24% del PIB. La falta de transparencia y la mala gestión merman el potencial económico. Una escasa parte de los ingresos acumulados por el petróleo se usan en beneficio de la población. Se han puesto en marcha nuevos proyectos de infraestructura, supuestamente por el bien del público.
La ayuda económica internacional fue interrumpida por el nefasto historial económico y de derechos humanos. La libertad de expresión y de prensa están restringidas, y los periodistas denuncian la vigilancia de las comunicaciones electrónicas. Los medios están bajo el control del gobierno, y los periodistas practican la autocensura. No está permitido criticar al gobierno, al Presidente ni a las fuerzas de seguridad. La radio es el medio de comunicación más importante. La única cadena de radio privada es propiedad del hijo del Presidente. Está permitido censurar las publicaciones. Los editores deben enviar una copia para su aprobación antes de la publicación. El acceso a Internet no está restringido, pero el proveedor de servicios de Internet es un monopolio del gobierno.
La ley penaliza el tráfico de personas, pero el país es punto de destino y tránsito de las víctimas del tráfico de personas. Niños de Benín y Nigeria se utilizan para trabajar en la agricultura y el comercio. Las mujeres son objeto de este tráfico y obligadas a prostituirse en el sector petrolífero del país.
Es evidente la discriminación que sufren homosexuales y personas infectadas con VIH/SIDA. La Organización Mundial de la Salud ha patrocinado campañas de sensibilización pública sobre el VIH/SIDA.
|