La República de Ruanda está gobernada por una fuerte presidencia. Después del genocidio, e Frente Patriótico Rwandés (RPF) formó un gobierno de coalición de Unidad Nacional durante un período de transición, entre 1994 y 2004. Se aprobó una nueva constitución y se celebraron elecciones presidenciales y legislativas para elegir los cargos de los siguientes 7 años. Los observadores señalaron que las elecciones se habían celebrado de forma pacífica pero con ciertas irregularidades. El RPF obtuvo la mayoría de escaños en la Cámara de Diputados y el Senado. Otros 6 partidos políticos componen el órgano legislativo.
Se reserva un mínimo de un tercio de los escaños en el Parlamento a las mujeres, por lo que Ruanda tienen el mayor porcentaje de mujeres parlamentarias del mundo: las mujeres ocupan 8 de los 26 escaños del Senado y 39 de los 80 escaños de la Cámara de Diputados. 9 mujeres fueron nombradas ministras, y representan un tercio de los cargos del Gabinete. Hay 1 miembro batwa (pigmeo) en el Senado, y ninguno en la Cámara de Diputados.
A pesar de la presencia de una misión de paz de la ONU, la inestabilidad es continua en la frontera con la República Democrática del Congo (RDC), donde actúan los grupos rebeldes armados con total impunidad. Los hutus ruandeses que huyeron a la RDC tras el genocidio supuestamente están dirigidos por los responsables de aquella masacre. Se ha desmovilizado a 600 niños soldado y se les ha reintegrado en las comunidades de Ruanda.
El poder judicial es independiente por ley, pero no en la práctica. El volumen de casos relacionados con el genocidio obligó a crear tribunales especiales (gacaca), que tienen problemas para cumplir con la justicia y lograr la reconciliación.
Está prohibida la discriminación por razones de origen étnico, tribu, clan, color, sexo, región, origen social, religión, estatus económico, cultura, lengua, estatus social o discapacidad física o intelectual. El gobierno trata de aplicar la ley, pero continúa la discriminación.
Las fuerzas de seguridad son acusadas de maltratos y de detenciones arbitrarias. Se ha procesado a varios cargos públicos por corrupción.
Está garantizada la libertad de expresión y de prensa, pero en la práctica se ve limitada. Algunos informes hablan del acoso que sufren los periodistas que critican la política oficial por parte del gobierno. Los periodistas ruandeses son funcionarios públicos, y se practica la autocensura para evitar represalias. La radio es el medio de comunicación más importante. Los medios extranjeros ofrecen noticias independientes. Las leyes relativas a la difamación suprimen las críticas y limitan la libertad de prensa, pero el acceso a Internet no está restringido. La ley no regula el acceso a la información, y es difícil obtener información del gobierno.
El país es un punto de partida para mujeres y niños víctimas del tráfico de personas con fines de explotación sexual, empleo doméstico y el combate. Los niños más pobres son explotados por redes organizadas de prostitución y reclutados por las milicias. Continúa la práctica del trabajo forzado y el uso de los niños como soldados en la vecina República Democrática del Congo.
Una comisión del Senado ha acusado a instituciones religiosas, periodistas, dirigentes locales corruptos, centros de secundaria y la universidad nacional de "participar en actividades que fomentan la división y tener una ideología de genocidio". Amnistía Internacional acusa al gobierno de manipular el concepto de genocidio para silenciar las críticas contra el gobierno.
El genocidio y las muertes por el VIH/SIDA han dejado miles de niños como cabeza de familia. En torno a 65.000 hogares tienen como cabeza de familia un niño. Algunos niños son víctima de la prostitución y de la servidumbre doméstica. La Internacional de la Educación y los sindicatos de educación de Ruanda, EER y SNEP, han puesto en marcha un programa para formar al personal de la enseñanza en materia de prevención del VIH/SIDA a través de la educación. Se han elaborado materiales culturales para utilizar en la escuela. UNICEF afirma en su informe que en torno a 2.140 prostitutas trabajan en las principales ciudades, donde miles de niños viven en la calle.
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