Sudán es una república autoritaria en la que el Presidente y su Partido del Congreso Nacional (NCP) se hizo con el poder en un golpe militar en 1989. Desde 1999, la lucha por el poder entre el Presidente y el presidente del Parlamento acabó con la destitución y el encarcelamiento de este último y con la declaración del estado de emergencia nacional por decreto presidencial. En 2000 se celebraron elecciones presidenciales y legislativas, que según los observadores fueron libres y justas, y el Parlamento fue restablecido en 2001.
Se han producido enfrentamientos violentos de carácter étnico o religioso, y el estado de emergencia finalizó con la firma de un Acuerdo de Paz y la adopción de una constitución por parte del Movimiento por la Liberación del Pueblo de Sudán, el Movimiento de Liberación de Sudán y el Movimiento Justicia e Igualdad. En el marco de dicho acuerdo, 9 miembros del Ejército de Liberación de Sudán (SPLA) y 16 miembros del gobierno fueron investidos ministros en 2005, formando el primer Gobierno de Unidad Nacional tras la guerra, que servirá al país hasta que se celebren las elecciones, en 2009. No obstante, el control se lo siguen disputando los principales ministros (energía, defensa, interior y finanzas).
La Asamblea Nacional tiene 450 miembros, y el Consejo de Estado 50 miembros elegidos por los órganos legislativos estatales. El mandato para todos es de 6 años. Una Presidencia de 3 miembros dirige el gobierno, y los puestos del Parlamento y el Gabinete se asignan siguiendo una fórmula que otorga el 52% de los cargos al NCP, el 28% al SPLM y el 15% a los partidos de la oposición del norte y el 6% a los partidos del sur. Las mujeres ocupan 66 escaños en la Asamblea y 2 de los 50 puestos ministeriales.
En Darfur, la milicia del gobierno (janjaweed) sigue cometiendo graves abusos de los derechos humanos, asesinando a miles de civiles, arrasando pueblos y torturando a las mujeres. La Comisión Internacional de Investigación para Darfur, creada por la ONU, concluyó que "aunque el gobierno no formulaba una política de genocidio directamente o a través de las milicias bajo su control, se producían violaciones de los derechos humanos e internacionales que podrían considerarse crímenes de guerra".
Millones de personas han sido desplazadas dentro del país; más de 210.000 refugiados han huido a Chad. A pesar de la presencia de la Misión Africana en Sudán (AMIS), la violencia continúa y en Darfur siguen apareciendo pruebas en Darfur de lo que cada vez más se define como un genocidio. Los equipos de la ONU han estudiado la situación en Darfur, y el Consejo de Seguridad de la ONU remitió el tema de Darfur al Tribunal Pena Internacional (TPI). El fiscal general abrió la investigación de Darfur sin la colaboración del gobierno sudanés, que se ha negado a entregar a los criminales relacionados con el conflicto. La investigación ha llevado a la presentación de cargos por crímenes de guerra ante el TPI.
Se calcula que unas 15.000 mujeres y niños dinka han sido secuestrados, y entre 10.000 y 12.000 personas continúan desaparecidas. Parece que algunos se han vendido como esclavos, mientras que otros han sido reclutados por el ejército. La Comisión Internacional de Investigación para Darfur sostiene que "las violaciones u otras formas de violencia sexual cometidas por los janjaweed y los soldados del gobierno en Darfur fueron generalizadas y sistemáticas."
Los informes indican que el poder judicial está al servicio del Presidente y las fuerzas de seguridad. El gobierno reconoce el islam como la religión del estado, lo cual se refleja en la legislación, las instituciones y las políticas.
La ley prohíbe toda discriminación por razones de raza, género o religión, pero la discriminación continúa, tal y como denuncian los no musulmanes, los musulmanes no árabes y los musulmanes de diferentes sectas.
Los niños que viven en campos para menores vagabundos están obligados a estudiar el Corán. Los castigos corporales que se ajustan a la ley de la Shari'a incluyen latigazos, amputaciones, lapidaciones y la exhibición pública del cuerpo tras la ejecución. En los estados del sur no se aplica la ley Shari'a.
Transparency International informa que la percepción pública es de una grave corrupción. Los representantes del gobierno y sus familias están acusados de poseer empresas que hacen negocios con el gobierno. La corrupción de la policía es evidente, y la impunidad un grave problema.
La ley no reconoce el acceso a la información. La libertad de pensamiento, expresión y de prensa está regulada por la ley, pero en la práctica tiene muchas limitaciones. La radio y la televisión deben reflejar las políticas gubernamentales. La censura oficial terminó con el estado de emergencia, pero los periodistas practican ahora la autocensura. Los ciudadanos que se lo pueden permitir acceden a los medios de comunicación extranjeros por Internet. El acceso a Internet no está limitado.
Las leyes de la Shari'a y del Estado de Emergencia prohíben la explotación sexual, pero el tráfico de personas es endémico. Los líderes tribales transportan a los niños al Golfo Pérsico para usarlos como jinetes de camellos o como mano de obra.
Las milicias del gobierno promueven el odio y la discriminación para incitar a la violencia tribal. La homosexualidad es un delito.
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