Todos los niños tienen derecho a la educación, un derecho defendido por la IE dentro del marco de su campaña mundial en favor de una educación pública gratuita de calidad para todos. La educación de la primera infancia debería considerarse como una parte integrante de dicho derecho.
En esencia, la educación de la primera infancia podría considerarse como la educación que tiene lugar antes de la educación obligatoria, ya sea como parte integrada del sistema educativo o de forma totalmente independiente al mismo. Esto incluye los jardines de infancia, las guarderías, las clases de preescolar, los centros de cuidado infantiles y otras instituciones similares. Va más allá de lo que algunos denominan educación preescolar, ya que se trata de una educación por propio derecho, al no tener únicamente la finalidad de preparar a los niños para la escuela, sino para la vida, del mismo modo que todas las demás partes de los sistemas educativos contribuyen a este proceso. Existen otras formas de describir la educación de la primera infancia. En la Clasificación Internacional Uniforme de la Educación (CIUE) de 1976, utilizada por todos los proveedores principales de estadísticas sobre la educación internacional, se denomina como CIUE 0 y la educación primaria como CIUE 1.
En los países de bajos ingresos, donde la educación para todos está lejos de convertirse en una realidad, la oferta de educación de la primera infancia es todavía muy limitada y, en la mayoría de los casos, se encuentra organizada de forma privada, por lo que sólo está al alcance de los hijos de las familias más adineradas. En otras palabras, existe una desigualdad flagrante que, una vez más, perjudica a los más desfavorecidos. En los países con ingresos elevados donde la demanda de dichos servicios educativos va en aumento, siguen existiendo paralelamente dos conceptos diferentes: por una parte, las estructuras que son principalmente de carácter social y cuyo objetivo principal sigue siendo la prestación de servicios parra el cuidado de niños a los padres con hijos pequeños, que les permiten mantener su empleo; en el otro extremo, encontramos estructuras con un mayor interés educativo, que prestan también un servicio social pero cuya vocación primordial es promover el desarrollo de los niños. Actualmente, se está intensificando la naturaleza educativa de dichos establecimientos, respondiendo así a las necesidades de los niños reconocidas actualmente por los profesores, las familias y la sociedad en general.