Una ola de cambio recorre el mundo árabe

La comunidad internacional se ha quedado pasmada ante la gran velocidad del cambio político y social ocurrido en Oriente Medio y el norte de África.

En menos de dos meses cayeron los regímenes dictatoriales de Túnez y Egipto por la voluntad absoluta de sus ciudadanos, hartos de tantos años de represión y corrupción. A pesar de su pluralidad y complejidad, el mundo árabe parece compartir actualmente un factor que no tiene que ver simplemente con su historia, idioma, cultura o religión, sino con los acontecimientos ocurridos muy recientemente.

Las denominadas Revoluciones de los Jazmines están surgiendo de Túnez a Egipto, y el éxito que ha tenido el pueblo de esos dos países al expresar su fuerza ha inspirado acciones masivas similares contra otros regímenes no democráticos de todo el norte de África y de Oriente Medio. Se están produciendo manifestaciones masivas diariamente en Irán, Yemen, Jordania, Bahréin, Iraq, Libia y Argelia y la respuesta de sus gobiernos dista mucho de ser uniforme.

Mientras que en Bahréin se está intentando dialogar con los manifestantes, en Yemen se producen enfrentamientos diarios entre quienes se congregan a favor o en contra del gobierno, y Libia está aislando a su pueblo y atacando a los manifestantes en lo que en este momento ya puede calificarse de genocidio, pues se informa que al menos 300 manifestantes han muerto y hay miles heridos por todo el país.

El Secretario General de la IE, Fred van Leeuwen, ha animado hoy a todos los gobiernos a incrementar su presión sobre el régimen libio para que este detenga inmediatamente todas las atrocidades que se están cometiendo contra manifestantes civiles y que se lleve ante la justicia a los responsables de unas violaciones tan espantosas de los derechos humanos. Van Leeuwen estuvo la semana pasada en Oriente Medio para reunirse con miembros de distintos sindicatos de profesores afiliados a la IE y ha solicitado a los políticos que empleen todos los medios posibles para que terminen las atrocidades perpetradas por el tiránico régimen del Coronel Gadafi, que ya lleva 42 años en el poder.

Las autoridades han respondido a las demandas legítimas del pueblo en pro de sus derechos y libertades fundamentales arrastrando al país a un terrible baño de sangre. La IE condena incondicionalmente la violencia que se está empleando contra los manifestantes, y que incluye actos de intimidación y la detención de periodistas. Además, la IE apoya los esfuerzos de los trabajadores libios para que el gobierno cambie de proceder. Van Leeuwen comentó: “Entiendo que se han estado realizando grandes esfuerzos diplomáticos para encontrar soluciones a la crisis.

Imploro a todas las organizaciones miembro que presionen a sus gobiernos para que incrementen la presión sobre este régimen, incluso a través de la Liga Árabe y del Consejo de Seguridad de la ONU, para que termine inmediatamente esta feroz represión, se lleve a la justicia a los responsables y se pongan en marcha inmediatamente reformas políticas, económicas y sociales que garanticen los derechos humanos y sindicales.” La Presidenta de la IE, Susan Hopgood, expuso: “Están disparando al pueblo de Libia por pedir libertad, asistencia sanitaria, educación y un salario digno, es decir, necesidades básicas que todos compartimos. Como la comunidad global de trabajadores de la educación que formamos, debemos elevar hoy nuestras voces desde cualquier parte del mundo en la que nos encontremos para condenar las espantosas masacres que se están produciendo y tomar medidas para que termine el baño de sangre y apoyar el derecho de los libios a exigir un cambio.”

El papel crucial de los sindicatos Las manifestaciones nos parecen aún más asombrosas por su espontaneidad y falta de un liderazgo visible. El éxito de las revoluciones de Túnez y Egipto le debe mucho al activismo masivo en Internet de los jóvenes, que consiguieron compartir información y organizarse incluso pese a la censura existente de la Red. No obstante, todos sabemos que las revoluciones las llevan a cabo las personas, no los medios sociales.

Sus protagonistas son, particularmente, quienes se deciden a plantar cara y luchar hasta el final para recuperar su derecho a la libertad y la justicia. Sería justo informar sobre el papel fundamental que han desempeñado los sindicatos independientes y democráticos en general y los de profesores en particular, las organizaciones de derechos humanos, los movimientos juveniles y los partidos políticos de la oposición que durante años han ido sentando la base para que se puedan producir estos cambios tan drásticos en Oriente Medio y el norte de África.

En Túnez , sindicalistas de todos los sectores unidos bajo la bandera de la Unión General de Trabajadores de Túnez (UGTT) tuvieron un papel esencial al aprovechar la ira popular mediante, entre otras acciones, organizar huelgas rogatorias en ciudades grandes y pequeñas. Los sindicatos regionales y sucursales locales de la UGTT apoyaron e incitaron al levantamiento popular, y organizaron huelgas y manifestaciones, incluida la del 14 de enero, que precipitó la dimisión del Presidente.

En Egipto, a los jóvenes manifestantes de la Plaza de Tahrir se les unieron trabajadores de la recién fundada Federación Independiente de Trabajadores y Profesores, y se cree que este fue un factor decisivo en la revolución.

En Argelia, el Movimiento Obrero Independiente, que incluye a miembros de la IE como SATEF y SNAPAP, junto con el comité nacional por los derechos humanos y los partidos de la oposición han llevado la voz cantante en el Comité de coordinación nacional para el cambio y la democracia, que está actualmente desafiando a la dictadura militar en las calles de Argel en manifestaciones semanales.

Así pues, los sindicatos están desempeñando un papel fundamental en la construcción de una nueva era verdaderamente democrática y de justicia social en esta región, además de marcar un hito en el camino hacia la libertad y la democracia para que el pueblo pueda recuperar el control sobre su destino. Solo de este modo podrán restaurarse las libertades civil, política y sindical, establecerse instituciones democráticas, hacer frente a la corrupción y poner en marcha los recursos del país que impulsen el desarrollo y la lucha contra la pobreza, el desempleo y toda forma de desigualdad.

En palabras de una maestra sindicalista tunecina: “El pueblo de Túnez, sus desempleados tanto cualificados como no cualificados, sus trabajadores, estudiantes, profesores, abogados, artistas, funcionarios, tenderos.... hombres y mujeres de todas las regiones y de todas las edades han derribado una dictadura policial corrupta que llevó el país a la ruina, deshonró su legado histórico y que no merecía un pueblo que tanto valora la justicia y el progreso.” “Nuestra lucha por preservar nuestros logros en el sistema educativo y en la situación de la mujer, y por desarrollar la democracia, el progreso y la justicia social no se detendrá.”

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