Ismet Akça: "Me he quedado sin pasaporte, no puedo salir del país"

Ismet era profesor asociado en el departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la universidad de Yıldız, en Estambul, profesión que desempeñaba desde hacía 15 años.

Además, durante años fue miembro del consejo ejecutivo de la secciónuniversitaria del sindicato. El pasado 9 de febrero recibió un correo en el que se le comunicaba su despido. En el país hay más de 7 000 profesores universitarios acusados de "apoyar a una organización terrorista". De los 330 académicos despedidos en febrero, 134 de ellos, entre los que se encontraba Ismet, habían firmado una petición de "Académicos por la paz".  El texto fue redactado en enero de 2016 (seis meses antes del golpe de estado fallido) por intelectuales turcos que denunciaban las violaciones de los derechos humanos que se estaban produciendo en el sudeste del país desde que se reanudaron los enfrentamientos armados. "Somos víctimas de una situación política", explica Ismet, "hoy por hoy en Turquía hay temas (empezando por la cuestión kurda) que es mejor no tratar si no se quiere tener problemas".

Además de haber perdido su trabajo, Ismet se encuentra en cierto modo "bajo arresto domiciliario". "Me han quitado el pasaporte. Se me ha prohibido abandonar el país. Un país en el que, por otro lado, me han prohibido trabajar", comenta. Una situación aún más difícil si cabe, ya que, como investigador, Ismet ya ni siquiera puede optar a una beca de investigación. "Tenía que elaborar un informe sobre la región de los Balcanes. Pero para ello tenía que desplazarme mucho. No pude llevar a cabo ese trabajo".

Con todo, Ismet se considera afortunado: gracias a su red profesional y a su dominio de tres idiomas, de vez en cuando consigue alguna que otra traducción. También acompaña a los periodistas extranjeros que acuden por trabajo para pasar estancias cortas en Turquía. Se trata de pequeños encargos que le permiten sobre todo mantenerse activo en el ámbito profesional. En cuanto al aspecto económico, sobrevive sobre todo gracias al salario mensual que le abona su sindicato, Eğitim-Sen, y a pequeñas ayudas de sus amigos. "Los primeros meses recibía 2 000 TL (500 euros) del sindicato, sin embargo, a medida que los despidos aumentan en el país, los importes van disminuyendo. Agradezco la ayuda que nos ofrece Eğitim-Sen". Se trata de una ayuda económica necesaria que, por desgracia, sabemos que tiene una fecha de caducidad. "Nuestra situación no se resolverá de un día para otro.  Esto se prolongará durante años. A pesar de los esfuerzos, el sindicato no podrá atender las necesidades de todos de forma indefinida. Nos vemos en la obligación de buscar otros empleos".

Al igual que el resto, Ismet denuncia la muerte social y la tortura psicológica que genera esta situación. "Nuestra vida siempre ha girado en torno a nuestro trabajo. Esto es como si nos amputaran un miembro".

Ismet relata su historia como si impartiera una clase en la universidad. Sopesa cada palabra, organiza las ideas por puntos, como si se tratara de capítulos.

A pesar de esta dura historia, no pierde la sonrisa. No cabe duda de que se trata de una máscara que le permite conservar su dignidad. También como padre de un niño de nueve años, a quien se le ha tenido que explicar la situación "con vocabulario sencillo y una buena pedagogía".
En este caso, de nuevo, los miembros del sindicato siguen estando cerca. Este verano se van a poner en marcha reuniones con psicólogos y, después, las familias que lo necesiten contarán con asistencia psicológica. "Nuestra fuerza radica en nuestra solidaridad política y sindical", concluye Ismet.