Los sindicatos en primera línea

En su aplaudido discurso durante el 8º Congreso Mundial de la Internacional de la Educación, la ponente invitada Sharan Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional (CSI), y ex vicepresidenta de la IE, argumentó que los sindicatos de los trabajadores y trabajadoras de la educación tienen que participar en la lucha por la democracia, por un nuevo contrato social y contra el cambio climático.

“Los sindicatos están en la primera línea porque compartimos una serie de valores. Defendemos la esperanza, no el odio; los derechos, no la opresión; la democracia, no la dictadura; la libertad, no el fascismo; la solidaridad, no la división; la confianza, no la desesperación; la justicia, no la desigualdad; la valentía, no el miedo. Defendemos al 99%, no al 1%; la dignidad, no la explotación”, recalcó Burrow ante los 1.400 educadores en el público.

Burrow insistió en que “estamos preparados y preparadas para ponernos en pie cada vez que veamos estos valores amenazados”, y que la solidaridad entre las federaciones sindicales internacionales y la CSI es fundamental en este sentido.

Democracia para las personas

Burrow abordó el tema de la democracia y los retos que esta afronta en todo el mundo, señalando que las personas necesitan recuperar su esperanza en la democracia para poder percibirla como algo más que una búsqueda para el crecimiento del PIB. La gente tiene que saber que sus Gobiernos están responsabilizándose del nivel de vida y presentando informes al respecto, y eso implica el fortalecimiento de la negociación colectiva.

“Significa atención y servicios públicos de calidad, educación, sanidad, guarderías y cuidado de las personas mayores. Y significa reforzar las luchas de las personas por los derechos humanos y laborales, e involucrarlas más allá de las urnas”, observó.

Un nuevo contrato social

Burrow definió el nuevo contrato social como “el programa industrial que complementa las democracias saludables”. Solicitó la aplicación de un nivel mínimo de protección laboral que se negoció en la Declaración del Centenario de la OIT para que “todos los trabajadores y trabajadoras, independientemente del régimen laboral, cuenten con la garantía de los derechos fundamentales del trabajo, salud y seguridad en el trabajo, un salario mínimo decente y una jornada laboral máxima definida”.

Añadió que un nuevo contrato social ha de implicar el respeto de unos derechos más amplios y de la relación laboral, “para que el trabajo se formalice y la negociación colectiva se refuerce; la educación pública de calidad y el aprendizaje continuo para todos garantice una educación y formación profesional; los trabajadores tengan cierto control sobre su jornada laboral; la cobertura de la protección social sea universal; la diligencia debida obligatoria y las operaciones empresariales fomenten la rendición de cuentas; la igualdad de las mujeres se haga realidad; la esclavitud moderna con el trabajo infantil y el trabajo forzoso sean erradicados; y el diálogo social garantice unas medidas de transición justa, como por ejemplo competencias en materia de clima, tecnología y personas desplazadas”. 

Burrow también abordó el tema de los gigantes de la tecnología, argumentando que los países tienen que unirse y establecer políticas en materia de competencia para acabar con los monopolios tecnológicos. Además, Burrow solicitó la creación de un nuevo organismo internacional para regular los datos, su apropiación y su valor, con objeto de garantizar la protección de la privacidad. Animó al público a “comprometerse con un siglo centrado en las personas, en el cual la tecnología esté al servicio de las sociedades y sus economías y no sea la alternativa”. 

Una transición justa como vía para las aspiraciones relativas al clima

Si bien “no habrá empleos en un planeta muerto”, el reto consiste en mantener el pleno empleo y el trabajo decente en la transición, subrayó Burrow. La función de los educadores y sus sindicatos a la hora de hacer realidad una transición justa es esencial. “El mundo les necesita a ustedes más que nunca”.

La secretaria general de la CSI condenó enérgicamente el hecho de que, con muy escasas excepciones, los Gobiernos se hayan encontrado, si no siendo cómplices, sí incapaces de cambiar un planeta en el que, a pesar de la riqueza mundial, el desarrollo, los derechos humanos y laborales y la justicia social se les han sido denegados a demasiadas personas. La concentración de la riqueza se ha visto alimentada por una codicia corporativa que tiene graves efectos tanto en las personas como en un futuro económico sostenible. El actual modelo de globalización ha generado un patrón de evasión fiscal que priva a los Gobiernos de los medios para aplicar unos niveles mínimos de protección social universal y servicios públicos vitales.

Según Burrow, el reto para el siglo XXI está en nosotros, como sucedió en 1919, cuando los líderes mundiales decidieron elevarse por encima de sus intereses nacionales y garantizar una nueva arquitectura mundial –la Organización Internacional del Trabajo– con el mandato de establecer un nivel social mínimo de derechos con la dignidad del trabajo como receta para la paz.

Concluyo reconociendo que “los ODS y el Acuerdo de París sobre el cambio climático ofrecen una vía hacia un mundo sostenible y socialmente justo, pero será preciso el esfuerzo de todos. Los sindicatos vuelven a estar en primera línea y la fuerza de todos ustedes proporciona esperanza y optimismo para las luchas futuras. La educación siempre ha sido la que ha proporcionado la iluminación en momentos difíciles”.