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Día Internacional de la Democracia: Respeto y protección de los derechos en tiempos de COVID-19

Con ocasión del Día Internacional de la Democracia, este 15 de septiembre la Internacional de la Educación se une a las Naciones Unidas, a las organizaciones de la sociedad civil y demás organismos para abordar el impacto de la crisis provocada por la COVID-19 en la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho.

“En estos momentos en que el mundo se enfrenta a la enfermedad por coronavirus, la democracia es crucial para asegurar el libre flujo de la información, la participación en la toma de decisiones y la rendición de cuentas por la respuesta ante la pandemia”, ha subrayado el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres. Muchas de las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible 16 están orientadas a proteger las instituciones democráticas. Pero la democracia no solo es fundamental para el ODS 16, también lo es para otros objetivos de desarrollo sostenible. Por ejemplo, el ODS 4 está centrado en la educación, un componente esencial de la vida democrática, la ciudadanía activa y la construcción de un futuro centrado en la libertad. 
 
Por otro lado, Guterres ha instado a los Gobiernos a demostrar transparencia, receptividad y responsabilidad en su respuesta a la COVID-19 y les ha pedido que garanticen que todas las medidas de emergencia que adopten sean legales, proporcionadas, necesarias y no discriminatorias. 
 
Preocupaciones a escala mundial
 
Guterres también ha insistido en que los Estados deben respetar y proteger la libertad de expresión y de prensa, la libertad de información, la libertad sindical y la libertad de reunión, entre otros derechos. La pandemia de COVID-19 ha llevado a muchos países a plantear preocupaciones tales como:  
  • Las medidas adoptadas para controlar el flujo de información y reprimir la libertad de expresión y la libertad de prensa en el actual contexto de reducción del espacio cívico.
  • El arresto, la detención, la acusación y la opresión de la oposición política, periodistas, personal médico y personal sanitario, activistas y otras personas por la supuesta difusión de “noticias falsas”.
  • La agresividad de la ciberpolicía y el aumento de la vigilancia en línea.
  • El aplazamiento de las elecciones, que ha provocado serios problemas constitucionales en algunos casos y puede dar lugar al aumento de las tensiones.
 
Defensa de la democracia
 
David Edwards, secretario general de la federación sindical mundial de sindicatos de docentes, ha destacado que la promoción y la expansión de la democracia han sido fundamentales para la Internacional de la Educación desde su establecimiento.
 
Sin embargo, “en los últimos años, la defensa de la democracia se ha convertido en una de nuestras preocupaciones, y no solo por los repetidos ataques a la libertad por parte de las dictaduras y los potenciales Gobiernos autoritarios en democracias frágiles. También hemos sido testigos de la erosión del apoyo a los valores y las prácticas democráticas en numerosas democracias de larga data”.
 
Las desigualdades en el punto de mira durante la conferencia de servicios públicos
 
David Edwards añadió asimismo que “la pandemia de COVID-19 ha dejado claramente al descubierto las debilidades de nuestras democracias” y recordó que el pasado 29 de junio, la Internacional de la Educación y la Internacional de Servicios Públicos organizaron la conferencia en línea “Sindicatos en defensa de la democracia, la justicia social y la igualdad”.
 
Durante la conferencia se habló del daño que provocan en la democracia las grandes desigualdades y la discriminación, como las destacadas por el movimiento “Black Lives Matter”, pero David Edwards recordó que hay muchas otras desigualdades, como la desigualdad de riqueza en las naciones y entre ellas. Además, también hizo hincapié en el hecho de que la democracia se enfrenta a otros peligros, como la rápida difusión de la desinformación, la desconsideración del bien común y la erosión y comercialización de los servicios públicos. La pandemia jamás debería poner en peligro la libertad y el estado de derecho, pero la libertad no incluye el derecho a enfermar a otras personas ni a ignorar deliberadamente el asesoramiento científico por motivos políticos. Negarse a respetar las restricciones sanitarias, como el uso de mascarillas, nos pone en peligro a todos y todas. 
 
Edwards ha insistido firmemente en que la pandemia de COVID-19 nos ha enseñado una lección básica: las medidas de austeridad impuestas durante las crisis financiera y económica de 2008-2009 han provocado que los servicios públicos estén hoy demasiado débiles para enfrentarse a otra crisis. La pandemia ha demostrado precisamente la importancia de los servicios públicos. “Son literalmente una cuestión de vida o muerte. Las prisas por volver a una normalidad que nunca ha funcionado no debe hacer que olvidemos lo ocurrido”.
 
El trabajo del personal educativo y sus sindicatos es hoy más urgente que nunca
 
Edwards destacó que “el personal docente y sus sindicatos nunca se han mantenido al margen de la lucha por la democracia. Pero sus batallas se han revestido ahora de una nueva urgencia debido a las crisis mundiales que hemos presenciado en los dos años transcurridos desde que la Internacional de la Educación publicase “Sobre la educación y la democracia: 25 lecciones de la profesión docente”. Asimismo, destacó que “los valores y las competencias esenciales para la democracia se aprenden a través de la educación, al igual que el pensamiento crítico y el cómo escuchar, abordar, debatir y participar en tanto que ciudadanía activa”. 
 
Los autores del libro —Fred van Leeuwen, secretario general emérito de la Internacional de la Educación y Susan Hopgood, presidenta— apuntaron: “Queremos que nuestro alumnado crezca en una sociedad democrática. Queremos que se conviertan en ciudadanos y ciudadanas activos y capaces de tomar decisiones acertadas. Queremos capacitarlos para que puedan promover, proteger y alcanzar los valores que constituyen la base de la democracia y de sus instituciones”. 
 
“Tenemos total certeza de que la verdadera protección de la democracia es la educación y que la capacidad de nuestros establecimientos educativos y nuestras universidades para ejercer esa función dependerá en gran medida de la profesión docente. Sabemos que el personal docente de todo el mundo, tanto si trabaja en entornos democráticos como no democráticos o autoritarios, está dispuesto a poner todo de su parte para conseguirlo”.