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Australia: El personal educativo se moviliza contra la pobreza y los problemas de salud mental

El Australian Education Union (AEU) ha invitado a sus miembros a participar en la Semana Nacional de Lucha contra la Pobreza y a promover el bienestar y la salud mental de sus colegas y del alumnado.

La Semana Nacional de Lucha contra la Pobreza es una iniciativa australiana anual que este año se celebra del 11 al 17 de octubre. La campaña de este año se centra en distintas maneras de mejorar la comprensión de la pobreza por parte de la comunidad y en impulsar medidas colectivas para ponerle freno. Se ha escogido esta semana para que coincida con el 17 de octubre, señalado por las Naciones Unidas como el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza.
 
Recursos educativos 
 
Se han facilitado recursos para la enseñanza y el aprendizaje sobre cuestiones relativas a la pobreza, agravadas a raíz de la pandemia de COVID-19. Por otro lado, el AEU también ha informado a sus afiliados del impacto del virus sobre la pobreza.
 
Estos recursos analizan distintos grupos socioeconómicos de Australia y cómo las repercusiones varían según la región. Armado con este conocimiento, el alumnado podrá comprender que las desigualdades pueden evitarse o solventarse.
 
“La pandemia de COVID-19 ha tenido efectos devastadores sobre las personas en situación de pobreza en todo el país”, ha señalado el director ejecutivo de la Semana Nacional de Lucha contra la Pobreza, Toni Wren. 
 
774 000 niños y niñas en situación de pobreza
 
En 2020, más del 13,6  % de la población australiana (3,24 millones de personas) está viviendo por debajo del umbral de la pobreza, de acuerdo con un informe conjunto del Consejo Australiano de Servicios Sociales y la Universidad de Nueva Gales del Sur. Esta cifra incluye a 774 000 niñas y niños.
 
El grupo de investigación de la Universidad nacional australiana calcula que las ayudas adicionales para la COVID-19 del Gobierno federal (destinadas a personas en búsqueda de empleo) lanzadas en julio, redujeron temporalmente esta cifra a 2,6 millones. Sin embargo, se espera que repunte de nuevo y aumente en un 30 %, llegando a los 3,5 millones de personas a finales de 2020.
 
“Estas ayudas están protegiendo a más de uno de cada cinco niños y niñas australianos pertenecientes a familias que ya sufrían el desempleo, personas con una remuneración insuficiente o que han perdido su trabajo a raíz de la pandemia”, añadió Wren. “El desempleo continúa agravándose como consecuencia del confinamiento y del cierre de empresas provocados por la COVID-19, y sus principales víctimas son las personas que ya estaban en paro o tenían un empleo insuficiente antes de que el país fuera asolado por los incendios y la pandemia”.
 
Implicar a las escuelas
 
El alumnado de todas las edades puede participar en la Semana de Lucha contra la Pobreza de diversas maneras, incluso si estudian a distancia. Por ejemplo, el alumnado que vive en la zona sur de Nueva Gales del Sur (donde se encuentra la capital) y Australia occidental tendrá la oportunidad de demostrar sus dotes literarias en el concurso Bolígrafos contra la pobreza.
 
Prestar atención a la pobreza local es una manera muy eficaz de conectar al alumnado con los problemas a los que se enfrenta su propia comunidad. Una opción es familiarizarse con el trabajo de algún grupo comunitario local o una asociación benéfica y analizar soluciones prácticas para reducir la pobreza en su zona.
 
Repercusiones de la COVID-19 y los desastres naturales en la salud mental del alumnado
 
Además de la pobreza, los problemas de salud mental están ganando presencia entre el alumnado australiano. La NSW Teachers’ Federation (afiliada al AEU) conmemoró el pasado 10 de octubre el Día Mundial de la Salud Mental encuestando a 5346 docentes, miembros de la dirección escolar y profesionales de orientación para conocer los desafíos a los que se enfrenta el alumnado. El noventa y ocho por ciento afirmó que el alumnado cada vez sufría más problemas de salud mental, incluyendo suicidios, intentos de suicidio y autolesiones. 
 
Nueve de cada diez participantes en la encuesta consideraban que el alumnado no tiene un acceso adecuado a profesionales cualificados en salud mental. Por último, el 93 % del personal docente expresó su deseo de recibir más formación para poder entender mejor la salud mental de su alumnado.
 
En su opinión, la demanda de profesionales de orientación escolar nunca había sido tan alta como ahora que los recientes incendios, la sequía y la COVID-19 están empeorado gravemente la salud mental del alumnado.
 
“Nuestras orientadoras y orientadores son profesionales muy comprometidos que hacen todo lo que pueden”, ha declarado Angelo Gavrielatos, presidente de la NSW Teachers’ Federation, “pero se enfrentan a un volumen de casos inconmensurable, inmanejable e inaceptable”.