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Fiyi: solidaridad sindical tras el paso de dos ciclones por la isla del Pacífico

Los sindicatos educativos de la región del Pacífico han dado un paso al frente para apoyar a sus compañeros y compañeras de Fiyi, país devastado por dos ciclones tropicales en diciembre y enero.

El 17 de diciembre de 2020, el ciclón tropical Yasa, de categoría 5, asoló la isla de Vanua Levu en Fiyi, al norte de la capital, Suva. Según datos del gobierno, provocó daños por valor de cientos de millones de dólares en las infraestructuras, edificios, escuelas, viviendas y zonas agrícolas.
 
Según Govind Singh, secretario general del Council of Pacific Education (Consejo de Educación del Pacífico, COPE), el informe de UNICEF sobre el área del Pacífico indicaba que 93.000 personas, incluidos 32.500 niños, se vieron afectados por esta catástrofe.
 
Además, la ministra de educación de Fiyi llevó a cabo una evaluación que reflejaba que 85 escuelas sufrieron daños o fueron destruidas por el ciclón. Según Govind Singh, esto implica que unos 1.000 estudiantes de estos centros escolares de Bua, Macuata y Cakaudrove sufrieron los efectos de los ciclones.
 
Colaboración de alto nivel para asistencia en caso de catástrofes 
 
En su visita a la isla devastada, en Labasa, el secretario general del Fiji Teachers' Union (Sindicato de Docentes de Fiyi, FTU), Agni Deo Singh, se reunió con la ministra de educación, Rosy Akbar, responsables de TISI Sangam (una entidad para el fomento del idioma y la cultura india), otras partes interesadas y organizaciones del sector privado centradas en apoyar a los estudiantes de las zonas afectadas por el ciclón Yasa.
 
Este encuentro les permitió colaborar con el fin de prestar su apoyo en los lugares afectados de una manera eficiente y efectiva.
 
Las clases se reanudaron el 18 de enero, con muchos niños instalados en tiendas que montaron a la carrera las Fuerzas de Defensa Australianas, señaló Govind Singh. Las instalaciones escolares aún deben reconstruirse y el alumnado en régimen interno depende de la generosidad de los familiares y amigos que viven cerca de las escuelas.
 
El FTI y TISI Sangam aceptaron donar packs de material para unos 1.600 niños y niñas de siete centros de educación primaria y una universidad. Cada pack incluía material de papelería y mochilas. Gracias a estos recursos, el alumnado cuenta con lo necesario para asistir a clase, aprender y seguir desarrollándose, indicó Govind Singh.
 
Además, señaló que muchos de los menores afectados viven en comunidades remotas, y que sus familias han perdido toda su cosecha, mucho ganado, así como sus hogares. La mayoría siguen viviendo en refugios o en tiendas de campaña facilitadas por AUSAID. Pasarán semanas (y meses, en algunos casos) hasta que los recursos básicos como el agua y la electricidad se restablezcan.
 
Apoyo práctico del sindicato
 
«La apertura de las escuelas en zonas afectadas por el ciclón tropical supuso un paso importante en el proceso de recuperación para nuestros niños y niñas», afirmó el secretario general del COPE. «La vuelta a las aulas generará seguridad y ayudará al estudiantado a superar el trauma emocional y la devastación que el ciclón Yasa ha sembrado a su paso».
 
Como ya hiciera en su día con los niños y niñas cuyos padres perdieron el trabajo a causa de la pandemia de COVID-19, el FTU tiene previsto ofrecer almuerzos a cuatro centros de educación primaria y uno de secundaria en las zonas más afectadas tres días a la semana durante cuatro semanas. Se prevé que otros centros pidan ayudas similares para mejorar los niveles de asistencia y evitar el absentismo y el abandono escolar, destacó Govind Singh.
 
En nombre de otros colaboradores para el desarrollo, otras organizaciones que forman parte de la Internacional de la Educación en la región: el New Zealand Educational InstituteTe Riu Roa (NZEI), la Post Primary Teachers' Association de Nueva Zelanda (PPTA), el Australian Education Union (AEU) y el Independent Education Union of Australia (IEUA), el COPE ofreció su apoyo económico al FTU y a la Fiji Teachers' Association (Asociación de Docentes de Fiyi, FTA), en un primer momento en forma de material escolar para el alumnado.
 
Una segunda catástrofe natural supone un revés en las labores de auxilio de la primera
 
Por desgracia, Ana, un segundo ciclón tropical, asoló Fiyi el 30 y 31 de enero. A pesar de ser un fenómeno de categoría 2/3, las fuertes lluvias provocaron importantes inundaciones en ambas islas del archipiélago de Fiyi. Esto impidió que el país se recuperase de los efectos de Yasa, explicó Govind Singh.
 
El Departamento Nacional para la Gestión de Catástrofes indicó que había 10.259 personas refugiadas en 318 centros de evacuación de todo el país. En total, 5.776 de ellas se encontraban en la División Norte de Fiyi, que sufrió el intenso azote del ciclón tropical Yasa en diciembre. Las lluvias torrenciales y los fuertes vientos provocaron importantes inundaciones y daños generalizados en edificios, cultivos e infraestructuras públicas. Singh añadió que gran parte del país llevaba sin electricidad desde el 31 de enero, y que también les constaba la existencia de cortes de agua en numerosas zonas.
 
A continuación, explicó que las escuelas de Fiyi se cerraron el 29 de enero y volvieron a abrir el 8 de febrero, dado que muchas se habían utilizado como centros de evacuación. No obstante, las escuelas de la División Norte permanecen cerradas hasta nuevo aviso por parte del Ministerio de Educación. Aún quedan tres meses para que termine la temporada de ciclones, que se prolonga de noviembre a abril en Fiyi.
 
Pobreza agravada por la pandemia
 
Al igual que sucedió tras el paso del ciclón Yasa, el fondo de solidaridad del COPE, al que contribuyeron colaboradores para la cooperación al desarrollo, se empleó para ofrecer asistencia económica de modo que el FTU y la FTA pudieran trabajar en la labores de recuperación.
 
Ambos sindicatos de Fiyi han solicitado fondos adicionales para organizar un programa de comidas en las escuelas durante un mínimo de tres meses antes de que la vida recupere algo de normalidad, indicó el líder del COPE. El fuerte impacto de la crisis de la COVID-19 y los ciclos tropicales con sus posteriores inundaciones en el plazo de dos meses han agravado una situación ya de por sí precaria en el zona y han dejado al alumnado de los centros escolares en una situación de pobreza extrema, concluyó.