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“Los cambios que la pandemia de Covid-19 producirá en la educación dependen de la atención que se ponga en las respuestas educativas”, por Fernando M. Reimers.

Es probable que la pandemia que está haciendo estragos en el mundo cause la perturbación más grave de las oportunidades educativas desde hace al menos un siglo. Los estudios y la vida de aquellos que actualmente asisten a la escuela se verán afectados de múltiples maneras, algunas de las cuales aún no se conocen. La más inmediata, puesto que las medidas necesarias de distanciamiento físico interrumpirán –o ya han interrumpido– su posibilidad de asistir a la escuela, es que aprenderán menos de lo que habrían aprendido en otras circunstancias. Asimismo, olvidarán muchas cosas que aprendieron durante este año académico y experimentarán una variante del bien estudiado fenómeno de la “pérdida del verano”, con la diferencia de que este no se producirá en verano. Los sistemas educativos y los gobiernos tratarán de establecer modalidades alternativas de educación durante el período de necesario distanciamiento social, pero lo más probable es que estas funcionen bien para aquellos niños cuyos padres tienen más estudios, que disfrutan de otras ventajas sociales y que tienen acceso a recursos, como la conexión y los dispositivos en línea, ya que podrán seguir beneficiándose de oportunidades de aprendizaje estructuradas. Para muchos otros niños que carecen de estas condiciones, las oportunidades de aprendizaje durante el periodo de distanciamiento físico probablemente sean muy limitadas.

Además, la pandemia afectará de manera desigual a los niños en función de los diferentes hogares de los que proceden y perjudicará más a los pobres o de otra forma marginados. Estos niños sufrirán con mayor probabilidad el impacto de las perturbaciones económicas causadas por la pandemia; ellos y sus padres serán más propensos a sufrir infecciones, ya que sus condiciones de vida hacen que tengan un mayor riesgo de contraer infecciones, y tendrán un acceso más limitado a la atención médica para ser tratados en caso de infectarse.

En la mayoría de los países, las escuelas públicas se inventaron hace tanto tiempo que pocas personas vivas hoy en día recuerdan cómo era la vida sin ellas. Pocos saben por experiencia directa que una de las funciones de las escuelas públicas era igualar las condiciones para los niños nacidos en circunstancias diferentes. En el pasado reciente, cualquier debate sobre cómo las escuelas marcaban realmente una diferencia para los individuos o las sociedades era un ejercicio de imaginación, porque ninguna sociedad decidió llevar a cabo el absurdo experimento de poner realmente a prueba la idea de cerrar las escuelas para conocer su verdadera importancia. La pandemia dará a conocer el aspecto que tiene un mundo en el que estas instituciones no pueden funcionar de la manera en que fueron concebidas.

No cabe duda de que para algunos niños la perturbación causada por la pandemia será un momento de experimentación, de mayor autonomía para su propio aprendizaje, de más auto-dirección, de experimentar una fructífera colaboración entre sus docentes, que les van a guiar a través del poder de la educación en línea, y sus padres. Pero no será así para la mayoría de los niños del mundo, ni siquiera para la mayoría de los niños de las sociedades más prósperas.

Para la gran mayoría de los niños que pierden oportunidades de aprender a causa de la pandemia, será difícil recuperarse de esas pérdidas, y será aún más difícil cuanto más largo sea el período de aislamiento físico de los demás estudiantes y de los docentes. La desventaja educativa que generen esas pérdidas engendrará más desventajas educativas y, a la larga, económicas y sociales. Dado que esas pérdidas serán experimentadas por grandes segmentos de la población, las sociedades sufrirán cuando su productividad se reduzca.

A medida que las disparidades educativas hagan aumentar otras disparidades sociales y económicas, y a medida que se agraven las desigualdades estructurales, las brechas entre los ricos y los pobres crecerán considerablemente. El hecho de que los hijos de los pobres deban tener unas oportunidades de aprendizaje mucho más limitadas durante la pandemia que sus homólogos que no son pobres y que sus vidas se vean considerablemente más perturbadas por la pandemia es, por supuesto, contrario a los pilares básicos de la democracia, de modo que a medida que se afiance la idea de que esto es lo que está sucediendo, se socavará la confianza en la democracia y en sus instituciones, ya debilitadas y en decadencia en muchos países.

Este es un panorama desolador de cómo la pandemia de Covid-19 configurará el escenario educativo y el futuro en las próximas décadas. Al igual que el impacto de la pandemia en la salud, el impacto en la educación estará mediado por la forma en que los seres humanos respondan, por las acciones u omisiones de los estudiantes, los padres, los docentes y los líderes a nivel escolar y del sistema antes y durante la pandemia. Algunas respuestas tienen más probabilidades de mitigar el impacto educativo, mientras que otras aumentarán el impacto negativo de la pandemia. La peor respuesta de los educadores sería que hicieran caso omiso de la importancia que tiene la pandemia para la educación, que pretendieran que no existe un problema educativo, que se trata de una situación efímera o que las consecuencias para la educación serán mínimas. Esta respuesta es la que tiene más probabilidades de causar graves perturbaciones en la educación de la mayoría de los niños y las mayores disparidades en las oportunidades educativas.

En las jurisdicciones en las que los directores de las escuelas, los líderes de los distritos o los responsables del sistema adoptan la técnica del avestruz, como siguen haciendo hoy en día muchos administradores de educación y dirigentes de distrito en Estados Unidos y en otros países, estos se encontrarán con dificultades a la hora de intentar adaptarse a la educación a distancia cuando las autoridades de la salud pública y los responsables gubernamentales se vean obligados a suspender la asistencia a las escuelas a causa del número de fallecimientos o de los riesgos de colapso de las infraestructuras sanitarias debido a la carga de trabajo por el elevado número de personas gravemente infectadas. Una respuesta más adaptada sería utilizar el tiempo disponible hasta que se declare la necesidad de adoptar medidas de aislamiento físico para planificar la continuidad de la educación, durante lo que será probablemente un período prolongado de distanciamiento físico, utilizando modalidades alternativas.

Para animar y guiar el proceso de respuestas educativas meditadas, Andreas Schleicher y yo hemos escrito un informe titulado A framework to guide an education response to the COVID-19 Pandemic of 2020 [Un marco para guiar una respuesta educativa a la pandemia de COVID-19 de 2020]. Basado en una rápida evaluación de las necesidades educativas y de las respuestas proporcionadas por noventa y nueve países encuestados la semana pasada, el informe identifica las necesidades más destacadas que deben abordarse en estas respuestas, así como las áreas que probablemente se enfrenten a más desafíos de implementación. También examina las respuestas que dan diversos países a la crisis en materia de educación. Sobre la base de un análisis de los datos de la edición más reciente del informe PISA, el informe también describe los desafíos con los que se enfrentan diversos sistemas educativos para depender de la educación en línea como una modalidad alternativa.

Nuestra esperanza es ser provocadores y hacer que los docentes y los líderes de la educación, de los diversos niveles de los gobiernos, de los sectores público y privado, reconozcan la gravedad de los riesgos educativos que plantea la pandemia y asuman su responsabilidad de dirigir un proceso que haga frente a este desafío de adaptación de la manera más eficaz y equitativa posible.

Un aspecto incuestionable con respecto a los desafíos de adaptación es que no pueden ser resueltos de la misma manera en que se resuelven los problemas en un mundo que es predecible y estable, cuando existen soluciones técnicas para los problemas en cuestión. Los problemas de adaptación requieren rapidez deaprendizaje, innovación y asunción de riesgos. Exigen que haya buena voluntad para de salir de la zona de confort, el compromiso de echar una mano, la capacidad de colaborar y, sobre todo, una idea clara de lo que es realmente importante.

Lo que es verdaderamente importante en este momento de crisis, verdaderamente urgente, es salvar a toda una generación de estudiantes del riesgo más importante que ha experimentado la oportunidad educativa en sus vidas y en las de sus padres y abuelos. Este es realmente un momento en el que debemos defender y apoyar a los niños.


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Fernando M. Reimers

Fernando M. Reimers es Profesor de Práctica en Educación Internacional en la Fundación Ford y Director de la Iniciativa de Innovación en Educación Global y del Programa de Política Educativa Internacionalde la Universidad de Harvard. Está interesado en promover la comprensión de las formas en que las escuelas pueden empoderar a los estudiantes para que participen cívica y económicamente en la sociedad y ayuden a hacer realidad los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su investigación actual se centra en la innovación educativa y en el impacto de la política educativa, el liderazgo y el desarrollo profesional docente en la educación que apoya el desarrollo holístico de los niños y los jóvenes.

 

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