“Tecnología y educación en la era post-Covid”, por Alison Egan.

La pandemia del coronavirus (COVID -19) ha marcado el comienzo de una nueva era en la educación, en la que el personal docente utiliza la tecnología para enseñar, conectar y colaborar con el alumnado, los padres y las madres, y los compañeros y las compañeras, trabajando desde la mesa de la cocina. La mayoría de los educadores y las educadoras han adoptado este nuevo espacio en línea con energía y entusiasmo, pero, nueve meses después, empiezan a aparecer grietas.

El informe (en inglés), presentado hoy por la Internacional de la Educación, destaca el papel de la tecnología en la educación, y que, ahora más que nunca, se requiere un enfoque que sitúe la pedagogía en primer lugar (Selwyn, 2011).

Cuando se produjo el cambio al entorno en línea en marzo de 2020, los primeros pensamientos de muchos y muchas docentes estaban orientados a la tecnología. Su principal preocupación era que todo el mundo pudiera disponer de un ordenador portátil y tener acceso a una buena conexión a Internet, porque solo así podían garantizar la continuidad y finalización del curso escolar de sus alumnos y alumnas. Sin embargo, una vez resuelto el primer obstáculo de acceso a la tecnología, comenzaron a surgir problemas secundarios. Los docentes y las docentes empezaron a pensar en la pedagogía asociada a la enseñanza en línea. Se preguntaban acerca de sus propias capacidades y cómo podrían utilizar sus dispositivos de manera más efectiva en sus entornos educativos. ¿Cómo voy a captar la atención de mis estudiantes? ¿Cómo tendré la seguridad de cubrir todo el contenido del curso? ¿Cómo sabré si están escuchando? ¿Cómo me aseguraré de que estén bien? 

Desde el confinamiento, la novedad de poder acceder a las clases y a los materiales didácticos de forma remota también está empezando a desvanecerse para los estudiantes y las estudiantes. Aunque siguen disfrutando de la posibilidad de acceder a los contenidos desde cualquiera de sus dispositivos móviles, incluso mientras dan un paseo, también es importante cómo se les presenta el material didáctico. Están apareciendo rumores de descontento en Twitter y en grupos de WhatsApp, donde frases como “fatiga de Zoom” y “estar siempre conectado” y quejas sobre el “agotamiento” y la “carga de trabajo” del personal y el alumnado por igual se están convirtiendo en la norma. En las universidades, el alumnado quiere estar en el campus y experimentar la vida estudiantil en general, y no solo asistir a las clases desde sus dormitorios. Como se señala en el informe sobre tecnología publicado por la Internacional de la Educación (octubre de 2020), el bienestar del personal y del alumnado en este entorno de aprendizaje remoto constituye un riesgo persistente que merece la pena que los sindicatos consideren a medida que nos acercamos al 2021.   

Otros problemas surgen cuando se intenta recrear habilidades prácticas en un entorno online. Sin embargo, el profesorado ha sido ingenioso en sus respuestas a estos problemas pedagógicos. Cabe señalar que gran parte de la bibliografía sobre el uso de la tecnología en la educación defiende que la pedagogía debe impulsar, mientras que la tecnología actúa como un acelerador (Fullan, 2013). Neil Selwyn (2011) es un defensor entusiasta del principio de la pedagogía en primer lugar a la hora de reflexionar sobre el uso de cualquier tecnología en un contexto educativo, y en el informe de investigación presentado por la IE este mes se plantea un punto de vista similar. 

La autoeficacia tecnológica del profesorado y del alumnado también se ha puesto de manifiesto desde marzo. Al profesorado le preocupa no disponer de las habilidades necesarias para utilizar la tecnología de una manera pedagógicamente adecuada. Sin embargo, el Marco Europeo para la competencia digital del profesorado (DigCompEdu https://ec.europa.eu/jrc/en/digcompedu) es una posible vía para que los docentes y las docentes inicien su viaje de competencia digital. El DigCompEdu proporciona 22 competencias en 6 áreas de habilidades clave, y detalla cómo se pueden utilizar las tecnologías digitales para mejorar e innovar en educación y enseñanza. Este DigCompEdu resultó inestimable para muchos líderes de la tecnología educativa a la hora de garantizar que colegas y estudiantes desarrollaran su propia autoeficacia tecnológica y se alejaran de la mentalidad “tecno-céntrica” (necesito una tableta o cualquier otro dispositivo).   

Donde yo trabajo, utilizamos el Marco DigCompEdu para identificar las habilidades y competencias para la tecnología que teníamos a disposición in situ, y creamos un programa de formación denominado TELMiE about IT ™. La primera pregunta que planteamos al personal fue qué querían lograr en la clase, y se convirtió en una intervención sobre pedagogía primero, donde la tecnología y los dispositivos eran secundarios. Este enfoque TELMiE ™ ha acelerado la autoeficacia tecnológica y las competencias digitales de nuestros y nuestras colegas y ha garantizado que también hayan adquirido nuevas habilidades pedagógicas. De esta forma, la tecnología se ha podido integrar de manera significativa en sus clases, a tiempo para el nuevo año académico, y a lo largo de este trimestre. Son agnósticos de los dispositivos y pueden utilizar cualquier herramienta que tengan para alcanzar las metas y objetivos del curso. Estoy segura de que los gigantes mundiales de la tecnología preferirían que compráramos conjuntos completos de equipos, pero no los necesitamos: la confianza y la competencia en el uso de la tecnología que tenemos, y a la que el alumnado puede acceder, ha sido el verdadero relato de éxito para nuestros y nuestras colegas y profesionales de la educación. 

El problema de la equidad en el acceso a la tecnología también ha surgido en este entorno post-Covid-19. Solo unos pocos privilegiados tienen acceso a su propio ordenador portátil, en un espacio tranquilo y con una buena conexión a Internet. La equidad de acceso también se aplica a los estudiantes y las estudiantes con discapacidad intelectual a quienes ahora se les pide acceder a contenidos que quizás no sean accesibles debido a los modos sincronizados de enseñanza. El hecho de que cada clase transmitida se imparta con subtítulos en tiempo real, por ejemplo, o que se adhiera a los principios del diseño universal, se vuelve relevante. En el informe presentado por la IE se señala que la equidad en el acceso a la tecnología es un ámbito en el que habría que introducir mejoras, y todos los sindicatos de docentes deberían ser conscientes de ello, especialmente dado que seguimos en modo en línea.

Durante los próximos meses surgirán continuos retos para el personal docente, pero, como señalaba ayer el ministro de Educación Superior de Irlanda, “el dinamismo demostrado por la educación [durante el coronavirus] es una lección que no debemos olvidar”. Los miembros de la Internacional de la Educación son muy conscientes de ello, y les deseo a todos y todas suerte y salud en estos momentos difíciles.


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Alison Egan

La doctora Alison Egan es directora de informática y aprendizaje digital en el Marino Institute of Education, Dublín (Irlanda). Los temas de interés para Alison en el ámbito de la investigación incluyen la alfabetización digital; el conocimiento tecnológico pedagógico del contenido (TPACK); la autoeficacia tecnológica; las políticas nacionales e internacionales de educación digital; la codificación para docentes y el aprendizaje enriquecido por la tecnología. Alison finalizó su doctorado en 2018 en el Trinity College Dublin, realizando una investigación longitudinal sobre cómo los docentes y las docentes utilizaron la tecnología en su etapa de formación inicial durante su programa universitario. Es vicepresidenta de la Irish Learning Technology Association (ILTA) y presidenta de International Perspectives SIG, Society for IT in Teacher Education (SITE), Estados Unidos.  

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