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El Fiji Teachers Union combate el trabajo infantil a través de la educación

publicado 1 julio 2014 actualizado 7 julio 2014

El Día Mundial contra el Trabajo Infantil ha centrado la atención en Fiyi, donde el esfuerzo colectivo de los sindicatos y la Organización Internacional del Trabajo persigue utilizar la educación de calidad para eliminar este problema, que va en aumento en el país.

Como parte de ese esfuerzo continuo por erradicar el trabajo infantil, el Fiji Teachers Union se ha unido a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y al Fiji Trade Union Congress para que la educación de calidad sea el incentivo que aleje a los niños del trabajo.

Juntos, han celebrado el Día Mundial contra el Trabajo Infantil organizando el 13 de junio un día de talleres para 40 líderes sindicales, dirigido a asegurarse de que la educación sea, no solamente la opción principal de los niños, sino que además ofrezca las bases para permitir erradicar la pobreza.

Los talleres abarcaron desde la legislación y la concienciación de la sociedad hasta el papel de los docentes para hacer del entorno escolar un lugar acogedor para los niños. También se abordó el problema del trabajo decente para que los padres puedan atender las necesidades de sus hijos.

En 2012, el Ministerio de Trabajo de Fiyi unió fuerzas con la OIT para lanzar un programa llamado «Luchar contra el trabajo infantil mediante la educación» (TACKLE), destinado a eliminar el trabajo infantil y lograr que los niños se reincorporen a la educación formal. El People’s Community Network (PCN) coordina este programa desde el nivel de base.

Los problemas de trabajo infantil en Fiyi están bien documentados y, aunque se han tomado medidas a nivel local e internacional para frenarlo, la práctica persiste.

Todos los años la pobreza obliga a un gran número de niños a trabajar, en muchos casos para apoyar a sus familias. La agricultura y el trabajo en la calle son los sectores más frecuentes y los más peligrosos del trabajo infantil.

En los últimos años el crecimiento de la población pobre en las ciudades ha explotado a montones de trabajadores menores de edad, que se ven obligados a trabajar hasta doce horas al día como limpiabotas, vendiendo fruta, cortando cañas de azúcar, o caen en el comercio sexual o en el tráfico de drogas.