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La educación es la respuesta acertada al trabajo infantil

publicado 12 junio 2008 actualizado 12 junio 2008

"La educación es la respuesta adecuada, es posible que sea la única respuesta que cambie realmente las cosas", señaló la secretaria general adjunta de la IE, Jan Eastman, a las delegaciones reunidas en Ginebra hoy para celebrar el lanzamiento oficial de la OIT del Día Mundial contra el Trabajo Infantil 2008.

Discurso de la Secretaria General Adjunta de la IE, Jan Eastman, ante la Conferencia Internacional de Trabajo en Ginebra Día Mundial contra el Trabajo Infantil, 12 de junio de 2008

La educación es la respuesta acertada, y es posible que sea la única respuesta que cambie realmente las cosas.

Los niños son personas. Ellos también tienen derechos, incluido el derecho a la igualdad, el derecho a la educación.

El mundo ha tardado mucho tiempo en reconocer a los niños como personas, con sus derechos, que están articulados en la Convención de los Derechos del Niño. Sin embargo, todavía hay 218 millones de niños menores de 18 años que trabajan, y 72 millones que no van a la escuela, en su mayoría niñas.

Los derechos fundamentales de estos niños y niñas son violados. Pierden su infancia, y el ciclo de pobreza y analfabetismo se perpetúa. No hay esperanza para un futuro mejor.

No puedo imaginar, ni quiero, cómo puede afectar la explotación sexual o el trabajo forzado a esas edades en el desarrollo de una persona, o qué efectos pueden tener en la mente de un niño el uso de máquinas grandes y peligrosas sin formación alguna. Ser vendido hacia un lugar desconocido con un fin desagradable. Ser reclutado como niño soldado porque parece una salida, una opción mejor que la pobreza y la violencia de cada día.

Miedo, agotamiento, hambre, aburrimiento, dolor e incitación a cometer delitos. Un trabajo que destruye el cuerpo, anestesia la mente y aniquila el espíritu. En campos, fábricas, talleres clandestinos, calles, casas ajenas o cualquier otro lugar.

La lista es larga. No hay que confundirse, es necesario eliminar las peores formas de trabajo infantil, pero debemos hacerlo erradicando todas las formas de trabajo infantil.

Existe un consenso global cada vez mayor en que el uso de niños como mano de obra barata y prescindible (los peores trabajos y con las pagas más bajas) es algo que no está bien y hay que cambiar.

Pero, ¿existe la voluntad política necesaria?

La pobreza, la educación y el trabajo infantil están inextricablemente ligados. La pobreza es la raíz, y la educación es la salida.

Una educación pública gratuita, obligatoria, adecuada, accesible, de calidad y respetuosa con los niños constituye una estrategia eficaz y sostenible como medida de prevención y rehabilitación. Sirve de incentivo para que los niños vayan a la escuela y permanezcan allí.

Sabemos que cuando existe una educación de calidad, los padres prefieren enviar a sus niños a la escuela y no a trabajar. Lo contrario también sucede, que los padres sean convencidos por reclutadores de mano de obra para que envíen a sus hijos lejos a trabajar, sobre todo a las niñas de zonas rurales donde la falta de servicios de educación y formación las deja sin esperanzas, además de pobres.

Los objetivos de la EPT de garantizar cuidados y educación a la primera infancia, educación primaria a los más marginados y de difícil acceso, educación de calidad para todos y erradicar la desigualdad de género son los pasos más importantes para acabar con el trabajo infantil.

Un niño que estudia a jornada completa tiene menos probabilidades de dedicarse a trabajar. Por tanto, es necesario ampliar el acceso y la prestación de la educación de calidad.

No basta con una educación de segunda clase, no con unas horas para descansar tras una dura jornada de trabajo. Los docentes saben bien que los niños cansados, con hambre o estresados no aprenden.

Es imprescindible que haya más docentes y mejor formados, con un mayor porcentaje de mujeres, para promover el verdadero aprendizaje y proporcionar igualdad a las niñas en las escuelas.

Atraer y retener a buenos docentes también significa proporcionar recursos, formación en el lugar de trabajo, un sueldo digno y seguridad laboral, libertad de asociación, derecho a la negociación colectiva y fondos suficientes para la educación pública. Todos son requisitos básicos. Clases saturadas, escasos recursos, salarios bajos y falta de ayuda son las condiciones que desmotivan y hacen que los docentes dejen su trabajo.

El empeoramiento actual de las condiciones de trabajo de los docentes, la necesidad identificada por la UNESCO de contar con 18 millones más de docentes cualificados antes de 2015, y la tendencia peligrosa a contratar docentes no cualificados dificultan realmente la prestación de una educación de calidad.

En Zambia, por ejemplo, se contratan docentes no cualificados (a pesar de haber docentes cualificados) como consecuencia del tope del 8% del PIB en salarios impuesto por el Banco Mundial. En otros lugares simplemente no hay docentes cualificados.

También son importantes los planes de estudio elaborados por docentes cualificados, atentos y comprometidos, así como unas aulas donde se pueda aprender, agua potable y alimentos para los niños que sufren hambre, servicios higiénicos y privados, seguridad en el camino de casa a la escuela y viceversa.

Las tasas de usuario suponen un obstáculo para las familias pobres. Además, cuando la familia tiene que elegir entre enviar un niño o una niña a la escuela, muchas veces es la niña la que sale perdiendo.

Las niñas sufren un riesgo doble, incluso triple, sobre todo en los entornos rurales. Normalmente trabajan en el hogar familiar después de una larga jornada de trabajo. Las actitudes sociales y las prácticas tradicionales todavía sirven para excluir a las niñas. Es necesario tomar medidas especiales.

Pongamos el caso de Sara, por ejemplo, una niña marroquí de 14 años y protagonista del nuevo documental de la IE sobre el trabajo infantil.

El director de la escuela sabía que la familia de Sara apenas podía alimentar a la niña, mucho menos comprar libros de texto. A los 12 años, Sara dejó de ir a la escuela y se convirtió en criada doméstica. Según Human Rights Watch, la mayoría de empleados domésticos en Marruecos trabajan de 14 a 18 horas al día, siete días a la semana, por unos salarios que oscilan entre los 5 y los 12 centavos por hora (0,4 - 1 dirham). El sindicato de docentes proporciona ahora a Sara libros, material escolar y ropa. Sara estaba encantada de volver a la escuela. Los niños que reciben una educación de calidad están más capacitados para escapar de la pobreza y, de adultos, será más probable que envíen a sus hijos a la escuela en lugar de a trabajar.

Si la educación es para todos, debe ser integradora. Debe llegar a los grupos pobres y desfavorecidos, a los más vulnerables: analfabetos, de zonas rurales, indígenas, comunidades de emigrantes, personas con discapacidad y niños enfermos de VIH/SIDA. La incidencia del trabajo infantil entre estos grupos es elevada.

Soluciones

Los docentes y sus sindicatos contribuyen de un modo vital y de gran alcance. A través de la interacción diaria en la vida de los niños, los docentes pueden asumir y asumen una función de supervisión, trabajando con el niño, los padres y la comunidad. Están en una posición inigualable para educar y movilizar porque comprenden el vínculo existente entre la erradicación del trabajo infantil y la Educación Para Todos.

Trabajadores, gobiernos y empleadores tienen una responsabilidad compartida y deben trabajar conjuntamente.

La globalización justa de la OIT y la agenda de Decent Work también son importantes.

El Programa Internacional de la OIT para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), en colaboración con sindicatos, gobiernos, empleadores y otros organismos internacionales, ha liderado el camino hacia la consecución de la erradicación progresiva del trabajo infantil, fortaleciendo las capacidades nacionales y creando un movimiento mundial para luchar contra el trabajo infantil.

Es un socio importante y muy valioso para el movimiento sindical y sobre todo para la IE y sus miembros. Las federaciones sindicales mundiales, junto con la CSI y el programa IPEC de la OIT, son actores necesarios y de buena voluntad para conseguir eliminar el trabajo infantil.

Conclusiones

La pobreza, la educación y el trabajo infantil están inextricablemente ligados;

La clave es una educación de calidad gratuita, obligatoria hasta la edad mínima para trabajar, adecuada, reglada e integradora.

Hay que centrar la atención en todas las formas de trabajo infantil;

La educación primaria Y la educación secundaria son fundamentales; como mínimo, la educación básica

La promoción internacional, la acción y la ayuda previsible son obligatorias. Es imprescindible una financiación estable y adecuada;

Un trabajo digno para los padres significa mejores oportunidades para que los niños vayan a la escuela, independencia, respeto y dignidad, y esperanza para un futuro mejor.