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iStock Photo / Professor25
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La invasión rusa de Ucrania deja patente la importancia de proteger los valores democráticos a través de la educación

publicado 4 abril 2022 actualizado 4 abril 2022
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La inmediatez e intensidad de la actualidad informativa ante la invasión rusa de Ucrania es algo de lo que tampoco se han librado nuestros hijos y nuestras hijas. En nuestra adolescencia, las personas adultas nos protegían de temas inquietantes como la guerra, las amenazas nucleares y la crueldad humana, pero hoy en día nuestros hijos y nuestras hijas carecen de esa protección y se encuentran abrumados/as por imágenes espantosas, vídeos gráficos y propaganda política en tiempo real. Las actualizaciones y las notificaciones zumban en sus teléfonos a cualquier hora del día y de la noche. Los contenidos provocativos, dirigidos a sus datos en línea a través de algoritmos, se infiltran en cada grieta y hendidura de sus vidas. Y todo esto les sacude en medio de diez años de crisis de la adolescencia y de una falta de apoyo por parte de la sociedad, amplificada por dos años de estrés y aislamiento debidos a la COVID.

La sobrecarga de información y el aluvión de experiencias traumáticas han dejado a nuestros hijos y nuestras hijas agobiados/as, desconcertados/as y desmejorados/as. En las aulas y en la cena nos preguntan sobre la posibilidad de una guerra nuclear, sobre cómo interpretar las noticias contradictorias, y por qué los líderes mundiales se empeñan en difundir miedo, división y odio. Se preguntan por qué el poder para perjudicar a tantos está consolidado en manos de tan pocos. Sienten la injusticia de forma inherente y buscan respuestas en sus padres/madres y profesores/as.

Son, efectivamente, preguntas legítimas.

Cada uno/a de nosotros/as se ha centrado en proporcionar respuestas acordes a su edad. En las clases de historia de enseñanza secundaria, la transición de la Guerra Fría a la actual ofensiva rusa ha sido algo natural. Dar apoyo a los y las estudiantes para que mantengan conversaciones respetuosas y consideren múltiples puntos de vista ha favorecido la participación de todos los y las estudiantes, incluidos/as los/as de familias ucranianas y rusas. A los alumnos y las alumnas de primaria, menos familiarizados/as con los detalles de lo que está ocurriendo, se les recordó que podían contar con el afecto de personas adultas que estaban dispuestas a apoyarles. Repasaron las lecciones básicas sobre ciberseguridad aprendidas en el pasado: pasar cada día un tiempo alejados de los dispositivos; asegurarse de que las fuentes de información sean fiables; ser reflexivos/as y amables a la hora de interactuar en línea. Para nuestros/as docentes universitarios/as en formación, hemos configurado herramientas digitales para que en el futuro puedan aportar a sus estudiantes perspectivas globales diversas.

Como docentes, nuestra determinación de luchar por los valores democráticos debe reflejar la inquebrantable determinación que el pueblo ucraniano ha mostrado en su lucha por su soberanía. Las vidas de todos los y las habitantes de este planeta están conectadas, y los acontecimientos que se producen en un país tienen ramificaciones globales. La libertad y la democracia son efímeras, se ven reemplazadas por la opresión cuando se dan por sentadas. “Libertad” y “democracia” se han estado utilizando cada vez más como peones en un discurso político polarizado. A raíz de los sacrificios imposibles que el valeroso pueblo ucraniano está haciendo para proteger a su país, sus amistades, sus familias y sus hijos e hijas, nosotros percibimos ahora esos términos desde una nueva perspectiva.

Debemos ser para nuestros hijos y nuestras hijas el modelo del cambio que queremos ver. Añadir una bandera ucraniana a los perfiles de las redes sociales puede hacernos sentir mejor, pero la próxima generación se merece algo más. A medida que han ido creciendo, les hemos dicho que han de dar a los demás el trato que ellos desean recibir. Les hemos enseñado a decir la verdad. Los hemos animado a defender a quienes no pueden defenderse por sí mismos/as. Les hemos explicado que vivir en una comunidad implica tener tanto derechos como responsabilidades para con los demás. Los niños y las niñas rusos/as de primaria, detenidos/as recientemente por depositar flores y carteles de “no a la guerra” en la embajada de Ucrania en Moscú, encarnan estos principios con valentía. Las conversaciones sobre estos valores pueden resultar incómodas porque el mundo rara vez ofrece opciones binarias, y la edad adulta implica ambigüedad moral. La incomodidad no puede impedirnos mantener las conversaciones que nuestros hijos y nuestras hijas necesitan y merecen.

Para abordar las preocupaciones y la ansiedad de nuestros hijos y nuestras hijas hay que empezar asegurándoles que están a salvo. Deben poder expresar sus emociones y compartir sus preocupaciones con personas adultas que los escuchen sin juzgarles. Cuando nuestros hijos y nuestras hijas se encuentran social y emocionalmente mal, no pueden aprender, ni interactuar de forma cívica y genuina con los demás, ni comprenderse a sí mismos/as –puntos que constituyen características fundamentales de una ciudadanía saludable–. No tenemos que dar soluciones a cada uno de los problemas que nuestros hijos y nuestras hijas vean en el mundo, pero tenemos que ayudarles a procesar la cacofonía de información y emociones en su vida. Igual de importante es trabajar con ellos y ellas el desarrollo de la inteligencia emocional. Ayudarles a encontrar una humanidad compartida con otras personas de su entorno y de distintas partes del planeta crea la capacidad de mantener las conversaciones matizadas necesarias para el desarrollo de comunidades locales y globales inclusivas.

La alfabetización digital también debe ser una prioridad. Una población incapaz de evaluar las fuentes, identificar la parcialidad y exigir transparencia de los medios de comunicación se vuelve susceptible al control y a la manipulación. Aunque el régimen de Putin se ha apoyado en gran medida en la desinformación, las imágenes falsas, los vídeos manipulados y las mentiras flagrantes para justificar su agresión, estas tácticas no son exclusivas de Rusia. Las hemos visto utilizarse como instrumentos de división en nuestros propios países. Comprender el flujo de información es fundamental para quienes deseen seguir siendo libres. Mediante la minería de datos y los algoritmos de las redes sociales, personas corruptas y poderosas pretenden radicalizarnos y encadenarnos a la ignorancia. La ciudadanía que no puede pensar por sí misma no puede defenderse.

Estas cuestiones reflejan la complejidad de nuestro mundo interconectado y no se están simplificando. Enseñar a nuestro alumnado a pensar de forma crítica y a considerar múltiples perspectivas es fundamental para su futuro. Las disciplinas humanísticas y la exposición a un relato histórico fehaciente son la forma de enseñar estas competencias. Cuando condenamos el belicismo de Rusia, no podemos olvidar que nuestros propios países también fueron liberadores y opresores en diversos momentos de la historia. Cuando aplaudimos a los países vecinos de Ucrania por acoger refugiados y refugiadas, debemos reconocer que aquellos/as de ascendencia no europea no siempre reciben el mismo trato en las fronteras internacionales. Al centrarnos en estos acontecimientos europeos, debemos preguntarnos qué agresiones y ocupaciones en otras partes del mundo no hemos advertido y por qué. Asumir esta complejidad y modelar un discurso civilizado sobre estos temas no es señal de debilidad. Por el contrario, muestra que podemos aprender de nuestras experiencias colectivas para crear un sentimiento de pertenencia para todos y todas.

¿Cómo percibirán nuestros hijos y nuestras hijas esta época de la historia de aquí a veinte años? La respuesta a esa pregunta está en nuestro interior. Los y las docentes de todo el mundo han mostrado su determinación a la hora de apoyar los valores democráticos y de participar colectivamente en organizaciones profesionales de docentes para traducir esa determinación en acción. Los y las docentes ucranianos/as han montado aulas en refugios antibombas improvisados en estaciones de metro, decididos/as a seguir apoyando a sus estudiantes. Los y las docentes de los países bálticos, que anteriormente formaban parte de la URSS, se movilizaron en febrero para luchar contra la desinformación rusa sobre la guerra. Los y las docentes polacos/as están preparando sus aulas para volver a acoger a estudiantes refugiados/as. Nuestros compañeros y compañeras de África, Australia y Asia están utilizando círculos de debate y otros métodos de enseñanza orientados al diálogo, para que los y las estudiantes puedan debatir con respeto sobre la actualidad y los prejuicios de los medios de comunicación. En todo el mundo, docentes y padres/madres se están comprometiendo de nuevo con la defensa de los principios democráticos.

El pueblo ucraniano se erige en la última línea de defensa entre Putin y Occidente. Los/as líderes mundiales, los/as diplomáticos/as, las empresas y la ciudadanía de a pie deben seguir movilizándose, protegiendo la libertad de quienes buscan la libertad. La solidaridad del profesorado, comprometiéndose a luchar contra la desinformación, a impartir un relato histórico fidedigno y a proteger la salud socio-emocional de los y las estudiantes, también es esencial. La educación es la manera de ayudar a nuestros hijos y nuestras hijas, a los y las estudiantes a encontrar soluciones por sí mismos/as. Es la manera de transmitir a la próxima generación los valores inherentemente democráticos de la inclusión, la equidad y los derechos humanos.

Nos encontramos en un punto de inflexión. El mundo pacífico y democrático que queremos para nuestros hijos y nuestras hijas depende ahora mismo de nuestras acciones.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.