Ei-iE

¿Qué dará de sí el G8?

publicado 1 julio 2005 actualizado 1 julio 2005

Las cumbres anteriores dejaron promesas sin cumplir. ¿Nos aguarda un desenlace distinto?

La localidad escocesa de Gleneagles será, del 6 al 8 de julio, el escenario desde el que Tony, George, Jacques, Gerhard, Vladimir, Silvio, Junichiro y Paul, sin olvidar el europeo José Manuel, demuestren al mundo su dedicación a las cuestiones de candente actualidad. Son amigos de toda la vida, si bien en lo estratégico puede surgir algún que otro punto de divergencia. Cabe preguntarse qué trato recibirá Tony en su casa por parte de Jacques, Gerhard y José Manuel después del amargo recuerdo dejado por el fracaso del último Consejo Europeo. ¿Cómo será el ambiente? ¿De derroche de sonrisas forzadas y prodigalidad de apretones de manos ante las cámaras? Nada nuevo bajo el sol...

Todo empezó en Francia hace 30 años, cuando, tras la primera crisis petrolera, los líderes de las economías más desarrolladas formaron el G6 para buscar un consenso sobre las grandes cuestiones mundiales. Hoy en día, el G8 ha pasado a ser un acontecimiento de primera plana. El comunicado de cada cumbre es objeto de negociación previa entre los denominados sherpas, los consejeros que acompañan a los dirigentes. Entre las cumbres, se celebran reuniones de ministros de Hacienda (G7, sin Rusia), de Trabajo y de otras carteras.

Ahora bien, rara vez se han cumplido las promesas de las cumbres. Valga como ejemplo los compromisos adquiridos en Colonia (Alemania) en 1999 sobre el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Al año siguiente, los ministros de Educación retomarían la iniciativa en Tokio, con motivo de la edición del G8 en Japón, y poco más. Los compromisos de Colonia se diluyeron en el tiempo.

Tony Blair quiere que esta cumbre sea diferente. Para ello, como presidente del acto recurre a la técnica de insistir en los dos temas de la reunión: África y cambio climático. Últimamente ha viajado a varios países del G8 para preparar el terreno. Gordon Brown, ministro británico de Hacienda y príncipe heredero, ha trabajo intensamente en la cuestión de la reducción de la deuda y la financiación de los objetivos de Desarrollo del Milenio. La británica Comisión para África, presidida por Tony Blair, defiende la aplicación de condiciones justas en materia de deuda, ayuda y comercio. Varios dirigentes africanos han sido invitados a Gleneagles, siguiendo la iniciativa marcada hace tres años por Jacques Chirac en la cumbre de Evian (Francia). Anteayer se reunió con responsables sindicales de los países del G8 (en la reunión estuvo presente la IE; ver las noticias del 30 de junio de 2005).

La movilización general en torno a la campaña Make Poverty History (hagamos que la pobreza pase a la historia) no tiene parangón. A los que desfilaron hoy en Edimburgo se sumaron simbólicamente las millones de personas agrupadas bajo el movimiento Cinta blanca.

Ahora bien, ¿cómo se está concretando el contenido del G8? El aviso de condonación de la deuda externa de 18 de los países más pobres anunciado por los ministros de Hacienda del G7 es un paso importante, que contribuirá a promover la educación en los países interesados. Oxfam y el movimiento Jubileo hacen hincapié, sin embargo, en las imperfecciones y carencias del plan y en la necesidad de ampliar la iniciativa (ver la circular del secretario general de la IE de 29 de julio). George Bush ha anunciado la duplicación de la ayuda de Estados Unidos para África. La oposición demócrata advierte que no ha hecho sino reiterar el compromiso de fondos ya asignados a vacunación, educación y la lucha contra el VIH/sida.

Es lógico pensar que todos coincidirán en la necesidad de tomar medidas sin que nadie se ponga de acuerdo para elegir qué tipo de medidas. La propuesta británica de instrumento financiero internacional (International Financing Facility) tiene en su contra a Estados Unidos. Francia, con el respaldo de España, Chile y otros países no miembros del G8, está a favor de establecer un impuesto internacional sobre los viajes aéreos. Estados Unidos rechaza ésta y la propuesta de vender parte de las reservas de oro del FMI. Washington intenta enfriar el debate sobre la asignación del 0,7% del PIB a la ayuda al desarrollo. Varios países han reafirmado recientemente su compromiso con esta decisión adoptada hace tiempo por la ONU. El importe correspondiente a Estados Unidos, esto es, unos 80.000 millones de dólares americanos anuales, viene a ser el presupuesto que se está gastando en Irak.

El mundo estará pendiente de lo que ocurra en Gleneagles ante los focos de los medios de comunicación. Cabe esperar que los ocho líderes ahí reunidos actúen con sensatez y encuentren una visión compartida y una voluntad común de recorrer una senda común. Cabe esperar que sean capaces de superar intereses nacionales y políticos. Resumiendo, confiemos en que demuestren liderazgo.

Aunque los dirigentes del G8 alcancen un acuerdo sobre una estrategia práctica aceptable para el resto del planeta, nada se sacará en limpio si los países no cumplen las promesas realizadas. Vistos los resultados de cumbres anteriores, es mucho pedir. La movilización en torno a la campaña Make Poverty History no ha hecho más que empezar. Y debe continuar en tanto no se concreten los compromisos y no se hagan realidad las palabras.

Bob Harris Asesor especial del secretario general