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Fred van Leeuwen se pronuncia contra el trabajo infantil en la Conferencia Internacional para Organizadores y Defensores de los Derechos Infantiles en Nueva Delhi

publicado 20 febrero 2008 actualizado 20 febrero 2008

Discurso de Fred van Leeuwen, secretario general de la IE y presidente del Consejo de la Agrupación Global Unions en la Conferencia Internacional para Organizadores y Defensores de los Derechos Infantiles, celebrada el 20 y 21 de febrero de 2008 en Nueva Delhi (India)

Hace un tiempo estuve hablando durante una cena con el Presidente de una fábrica de cerveza holandesa que tiene fábricas en todo el sur de Asia. Hablaba de su próspero negocio en Vietnam y Cambodia, y casualmente mencionó el empleo de niños en su empresa. Él creía que era inevitable, al igual que lo fue en el siglo XIX en Europa. Yo me sobresalté. Y protesté.

Pero no conseguí convencerle, a un padre de tres hijos en edad escolar, miembro activo de la iglesia de su localidad del cinturón de la biblia de Holanda. Estaba totalmente equivocado, -moralmente y legalmente. Estamos salvando a estos niños, dijo, les damos trabajo y al mismo tiempo les ofrecemos una educación básica.

Les damos la educación que vosotros (y me señaló con el dedo) no sois capaces de darles. Sin nosotros estarían trabajando en el campo sin futuro alguno. Yo (claro) era el docente fundamentalista y activista sindical, él era un benévolo fabricante de cerveza.

Ambos estábamos equivocados. Yo estaba equivocado porque es cierto que estos niños estaban teniendo la oportunidad de escapar de la pobreza; y él estaba equivocado porque la educación de los niños no debería depender de que su empresa les dé trabajo.

Pocas personas estarían en desacuerdo hoy con el hecho de que los niños tienen que estudiar y no trabajar. No podemos seguir aceptando que el café que bebemos, las alfombras sobre las que andamos y los zapatos que llevamos pasen por las manos de ningún niño en ningún momento de la cadena de trabajo.

Estoy seguro de que en esta conferencia no sólo afirmaremos este principio, sino que también intentaremos encontrar maneras nuevas y mejores de hacerlo realidad.

Permítanme dar las gracias a BWI por haber tomado la iniciativa de convocar esta reunión, por reunirnos a todos aquí en Nueva Delhi, y por colocar el trabajo infantil en un contexto basado en los derechos humanos.

Ello nos ayuda a recordar que los derechos infantiles no sólo abarcan el trabajo infantil, también abarcan el abuso infantil, el tráfico de niños, la salud de nuestros hijos, su seguridad y su educación. Todos sabemos que esta conferencia se ha organizado en un país que está haciendo grandes esfuerzos por acabar con el trabajo infantil y por reconocer los derechos de todos sus niños.

Y desde aquí elogiamos a India por las nuevas leyes que ha aprobado y las medidas que ha tomado para acabar con la explotación. Pero el logro de los derechos infantiles no sólo es un desafío para los países con ingresos bajos. Algunas economías industriales también siguen sin cumplir las normas internacionales de protección de los menores.

Nos preocupa la falta de acceso a los cuidados sanitarios y la educación, nos preocupan las crecientes desigualdades que convierten en víctimas a los niños de los grupos minoritarios, estamos consternados por el trato que reciben los niños refugiados en algunos países ricos, donde incluso llegan a detenerlos.

Permítanme decir que la capacidad de respetar los derechos infantiles y tratarlos con dignidad no está determinada por el índice de desarrollo social ni económico. Es una cuestión de decencia. Es una cuestión de tener una conducta civilizada y prestigio moral.

El movimiento sindicalista, tanto en el ámbito nacional como internacional, es especialmente responsable de contribuir al logro de los derechos infantiles en todos los países y acabar con el trabajo infantil de una vez por todas. Cuando establecimos la Confederación Sindical Internacional en Viena hace un año y medio, y el Consejo de Sindicatos Mundiales hace un año, reivindicamos un nuevo internacionalismo sindical que movilice a todos los sindicatos, a todos sus miembros, para comprometerlos en una lucha internacional contra la pobreza, la represión, la injusticia y la desigualdad, en una misión para lograr la democracia, los derechos humanos y unos estándares laborales básicos. La erradicación del trabajo infantil es, si quieren, uno de nuestros objetivos principales; está en lo alto de la lista de objetivos por alcanzar este nuevo internacionalismo sindical.

Además de CSI hay otros cuatro Sindicatos Mundiales muy activos en la lucha contra el trabajo infantil en sus sectores:

- La International Textile, Garment and Leather Workers’ Federation (ITGLWF), - El International Union of Food, Agricultural, Hotel, Restaurant, Catering, Tobacco and Allied Workers Associations (IUF), - El Union Network International (UNI) y - La Building and Wood Workers International (BWI).

No hace falta decir que mi propia organización, la Internacional de la Educación, y todas nuestras afiliadas, están igualmente decididas a ayudar a sacar a los niños de los lugares de trabajo y llevarlos a la escuela.

Si bien es cierto que los sindicatos mundiales forman una gran fuerza en la comunidad internacional en lo relativo al abogamiento, la presión política y la acción, podemos tener un impacto mayor si intensificamos nuestra colaboración, coordinamos mejor nuestras actividades y ampliamos nuestras asociaciones con las organizaciones de la sociedad civil. Para algunos de nosotros esto no es nada nuevo, pero para otros sí lo es.

Me permito decir incluso que los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil son casi siempre la combinación perfecta a la hora de organizar campañas. Un excelente ejemplo de ello es la Campaña Mundial por la Educación, una iniciativa tomada hace diez años por la Internacional de la Educación, la Global March Against Child Labour, Oxfam International y Action Aid. La campaña mundial ha logrado movilizar a millones de personas en todo el mundo y, aunque no quiero ocultar que hemos tenido nuestras dificultades a la hora de colaborar con las ONG, y ellas con nosotros, esta asociación ha marcado una diferencia, y la inversión ha merecido la pena.

Y esto me lleva a mi último comentario, el de que el trabajo infantil y la educación son como vasos comunicantes. Si la educación está más alta, el trabajo infantil está más bajo. Si la educación está más baja, el trabajo infantil está más alto. La relación es evidente.

El logro de la educación básica universal es fundamental para eliminar el trabajo infantil. Acabamos de sobrepasar el medio camino hacia el programa de 15 años para lograr el ODM de la educación básica para todos los niños en el 2015. Pero la mayoría de los países siguen lejos de estar a la mitad del trabajo, y existen varios motivos de ello.

El primero es el fracaso de los gobiernos para comprometer a los socios sociales a escala nacional. Los sindicatos pueden contribuir a ello en gran medida y están dispuestos a hacerlo, pero muchas veces son los políticos, o permítanme decir los malos políticos, los que los mantienen a distancia, en lugar de comprometerse con ellos en la causa.

El segundo motivo es que hay demasiados gobiernos tentados por las soluciones rápidas para afrontar la cada vez mayor falta de docentes cualificados. Contratar a personas insuficientemente cualificadas y pedirles que se pongan delante de un grupo de niños no es la forma en que queremos enseñar. La Educación para Todos debe ser de calidad y debe cumplir unos estándares básicos que no se pueden sacrificar intentando contratar y formar a los 18 millones de docentes que el mundo todavía necesita para alcanzar los objetivos de la Educación para Todos.

Sí, la tarea a la que nos enfrentamos es enorme. Cada una de nuestras organizaciones tiene que tomar su responsabilidad y poner de su parte para llevar a los niños del trabajo a la escuela, ya sea a través del abogamiento, la movilización o la creación de programas educativos. Pero permítanme advertirles de algo. Llevar a los niños del trabajo a la escuela significa llevarles a nuestros sistemas educativos nacionales, lo que implica que tenemos que fortalecer y mejorar los sistemas de la educación pública en lugar de establecer nuestras propias escuelas (privadas) y desarrollar nuestros propios sistemas escolares de forma paralela.

¿Qué le pasó a mi amigo fabricante de cerveza? Pues creo que le va muy bien. Leí en el periódico que es el segundo vendedor de cerveza más grande del mundo. Así que, supongo que sus actividades escolares también irán bien. Habrá que beber más cerveza para alcanzar la Educación para Todos. No lo olvidaremos. A algunos de entre nosotros les puede parecer una propuesta bastante atractiva.

Pero si lo pensamos seriamente, como se suele decir aquí en India: Los niños tienen que estudiar primero no ganar dinero. Y la escuela es un buen lugar de trabajo.

No nos podemos permitir el fracaso.

Contamos con todos vosotros.