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Para partirse de risa

publicado 5 junio 2008 actualizado 5 junio 2008

La audiencia más difícil no tiene comparación con los alumnos de secundaria en una lluviosa tarde de viernes. Por eso hay tantos docentes con éxito en el festival australiano de la comedia de este año.

“DOCE años en la enseñanza ha sido la base perfecta en control de multitudes, que es básicamente de lo que trata la comedia”, dice Damian Callinan, uno de los cómicos más famosos actualmente en Australia.

“Enseñar a los alumnos de octavo en Broadmeadows ha sido como hacer cuatro espectáculos al día”, dice. De hecho, cuando su primer intento en la comedia fracasó, por lo menos podía pensar “Bueno, he tenido clases peores”, y volver a intentarlo.

Callinan es uno de los tantos docentes que este año, como en años anteriores, se han subido al escenario en el Festival Internacional de la Comedia de Melbourne, celebrado el pasado mes de abril.

Pero si la enseñanza fue la que perfeccionó su resistencia, las que probaron realmente su ingenio fueron las reuniones de personal. Esos “ejercicios de indulgencia con uno mismo y esos discursos ostentosos” eran el campo de batalla en el que practicaba Damian, “el de la barba fina que lo destruiría todo”.

Si bien la enseñanza sigue siendo una de sus pasiones, el último espectáculo de Damian se mueve en un ámbito menos saludable. Inspirado en una memorable visita a un antro de Melbourne, Last Drinks (“Últimas copas”) combina los talentos de Damian como cómico, narrador y actor para analizar los mundos del delito y la cultura de los bares de copas.

Si le apetece algo más sano, puede ver el Shout Hallelujah? C’mon, Get Happy de Halley Metcalfe. Esta profesora de la Lilydale High School dice que su primera actuación en solitario no contiene nada que pueda ofender a su abuela. Claro, su abuela es una antigua vigilante carcelaria.

Según Halley, existe una gran cantidad de semejanzas entre la enseñanza y la comedia. Ambas requieren ponerse frente a la multitud, hacer callar a gritos a los habladores, y tomárselo todo con un poco de sentido del humor.

“Los niños son mucho más críticos que el público”, dice. “Por lo menos el público es educado. Los niños son más como (en tono sarcástico) ‘Vale… qué bien, profe’”.

Enseñar teatro es una fuente de material extraordinaria, dice. “Deja a 20 niños solos en una clase sin mesas y se volverán locos”.

Tanto los docentes como los cómicos “tienen que ser un poco fanfarrones”. Y además tienden a ser cínicos. Como lo era Halley hasta que descubrió el amor a la enseñanza y “se convirtió en una optimista repugnante”.

De ahí que su espectáculo pregunte: ¿Cambiar nuestra actitud cambia nuestra vida? “La gente saldrá pensando: no he entendido nada. ¡Qué mujer más confusa!”. Nos advierte Halley.

Por su parte, Yianni Agisilaou se ha hecho famoso en el circuito de la comedia de Reino Unido, pero hace 20 años era un estudiante de cuarto curso en la escuela primaria de Hawthorn, donde le decían que “se volviera a meter en su caja”.

“¡¿QUIERES ENSEÑAR TÚ en esta clase?!”. Era lo que le decía exactamente el profesor, y ése es el título de su espectáculo. Por un momento pensó en la posibilidad de hacerlo, pero al final se echó atrás.

Pero, armado con dos décadas de experiencia en la vida, Yianni ha vuelto y está listo para enseñar en clase.

“Abajo las raíces cuadradas, la tabla periódica y los diagramas de Venn”, dice. “Arriba los trucos de estafadores publicitarios, los usos aceptables de blasfemia y una prueba matemática impresionante que consigue combinar el amor, los tríos y el sentido de la vida”.

Si algún profesor de matemáticas lo ve, encontrará defectos en los primeros diez minutos, admite. Algunos amigos docentes ya le han machacado por su ignorancia tecnológica.

Como se imaginaba a sí mismo de pie delante de una pizarra, Yianni le preguntó a unos amigos si le podían dejar una pizarra de su escuela. Se partieron de risa. “Así que les pregunté si tenían una pizarra blanca y se rieron todavía más”.

Y entonces les preguntó qué era lo que utilizaban en clase hoy en día. Y le dijeron “Ni siquiera tenemos pizarras, Yianni. Nos ponemos unos chips pequeñitos en las cabezas y los niños reciben todos los conocimientos”. “¡Así que ahora lo sé todo sobre las pizarras interactivas!”.

Por Rachel Power, AEU News

Este articulo fue publicado en Mundos de la Educación, No. 26, junio 2008.