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PISA: ¿Evaluaciones peligrosas?

publicado 20 marzo 2009 actualizado 20 marzo 2009

El Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA) de la OCDE es una prueba internacional normalizada en la que se evalúan estudiantes de 15 años elegidos de forma aleatoria en 57 países de todo el mundo. Se trata del estudio comparativo más conocido a escala internacional actualmente, llevado a cabo de forma regular en la educación, y sus resultados están teniendo un impacto muy significativo sobre las políticas educativas de los países participantes, e incluso los no participantes. Como tal, PISA está adquiriendo cada vez una mayor importancia en materia de desarrollo de políticas educativas, pero esto es sólo la punta del iceberg de un proceso mucho mayor: la tendencia a utilizar políticas basadas en los resultados como una fuerza de presión en la política internacional.

En el proceso de evaluación PISA, los estudiantes se seleccionan de forma aleatoria para realizar una prueba de lápiz y papel de 45 minutos. Se trata de una prueba similar a las tantas que hoy en día se consideran clave en los métodos educativos aplicados. Sin embargo, a pesar de que el informe sólo ofrece una simple instantánea del modo en que los estudiantes han adquirido una serie de conocimientos o aptitudes, la influencia de PISA va mucho más allá. Estas pruebas se están convirtiendo en poderosas herramientas políticas, tanto a escala nacional como internacional.

En 2008, la IE realizó un estudio para analizar el impacto de PISA 2006 en el debate sobre políticas educativas, centrándose específicamente en cómo los medios de comunicación informaban sobre el estudio PISA, qué deducían los gobiernos de sus conclusiones y cómo los sindicatos reaccionaban ante ellas. En otros términos, cómo la educación se ve afectada por el sondeo comparativo internacional más importante hasta la fecha.

Los resultados muestran que PISA tiene un impacto tremendo en el modo en que los docentes, los padres y madres y los gobiernos entienden la educación. El análisis de los materiales de prensa demuestra que la gran mayoría de los artículos sobre PISA simplemente hace referencia a él como un instrumento de “medida" de la calidad de la educación. Los gobiernos utilizan las pruebas para justificar sus reformas, realizando comparaciones con países lejanos a ellos, como pueden ser Polonia o Singapur. Una frase muy conocida hoy es: “De acuerdo con los resultados de PISA, nuestro sistema educativo está muy por detrás del de nuestros vecinos, así que debemos actuar".

Estas acciones llevan muchas veces a la introducción de más medidas, de sistemas de evaluación nacionales basados en el modelo y la metodología del estudio PISA, de procedimientos de enseñanza más escudriñados, así como a relacionar el rendimiento y el salario de los docentes a los resultados de los estudiantes en las pruebas. Esta tendencia es muy peligrosa y los sindicatos están cada vez más preocupados, ya que modifica de forma fundamental la enseñanza y el aprendizaje y, por supuesto, el significado general de la educación.

Las comparaciones internacionales pueden ofrecer datos muy interesantes, pero no se debería olvidar que la base de estos datos es más bien simple, y no expresa la complejidad ni el alcance de la educación. Cualquier otra prueba normalizada a gran escala sufre de estas mismas limitaciones.

PISA 2006 revela datos interesantes sobre la correlación entre el rendimiento de los estudiantes de 15 años en materias como ciencias, comprensión lectora y matemáticas, su medio socioeconómico y la organización de las escuelas. Sin embargo, no expresa nada realmente cercano a la situación general de la calidad de la educación. Puede ayudar a estimular el debate sobre la educación, pero cualquier intento de utilizar los resultados de PISA para apoyar agendas políticas ya desarrolladas conllevaría un uso equivocado del informe y los datos que se recogen en él.

En este sentido, PISA es similar a muchas otras evaluaciones nacionales. Mientras nos ayuden a entender el progreso de los estudiantes y los puntos fuertes y débiles del aprendizaje, pueden ser herramientas muy útiles, pero una vez que pretenden evaluar la calidad general de los sistemas educativos, tienden a convertirse inevitablemente en instrumentos de la injusticia.

De hecho, lo que diferencia al estudio PISA, y lo hace a la vez más peligroso que los otros sondeos comparativos internacionales sobre la educación, es su clara orientación política, basada en el principio de la mejora del rendimiento escolar. Ello hace que se convierta en una poderosa herramienta para la influencia política, ya que la OCDE puede ejercer una especie de presión de grupo y “gobernanza flexible” sobre los gobiernos nacionales, haciendo uso de su estatus como fuente de pruebas autoritaria e imparcial.

Dada la capacidad de la OCDE para realizar comparaciones internacionales basadas en mecanismos sólidos de recopilación de datos reconocidos mundialmente, mantenerse al margen de las investigaciones comparativas internacionales y los indicadores sobre la educación no es una opción por la que puedan optar los sindicatos de docentes.

Dicho esto, tampoco debemos ignorar la posibilidad de utilizar los informes PISA de forma íntegra e incluso creativa, siempre desde un punto de vista positivo. La abundancia de datos y la variedad de conclusiones de PISA también permiten un espacio para una interpretación sensata desde el punto de vista sindical. La IE ha trabajado a lo largo de los últimos años para que se tenga un mejor entendimiento del papel y la escala reales del impacto potencial de PISA, algo que ha demostrado que su uso para informar a los responsables políticos no sólo es inevitable, sino que puede ser beneficioso para la causa defendida por los sindicatos de docentes.

Por Laura Figazzolo.

Este articulo fue publicado en Mundos de la Educación, No. 29, marzo 2009.