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Al final de la cumbre de la ONU, los países pobres han tenido que aceptar un compromiso muy poco convincente

publicado 1 julio 2009 actualizado 1 julio 2009

Tras semanas de negociaciones, la conclusión de la Conferencia de alto nivel de la ONU sobre la crisis económica y financiera fue una gran decepción. La cumbre de la ONU era nuestra oportunidad para seguir presionando para mantener nuestras peticiones sobre la crisis económica mundial después de la Conferencia de Doha sobre financiación internacional.

El último día, cuando estaba escuchando durante la reunión estratégica las deliberaciones hechas sobre el documento final, me di cuenta de que durante los tres días en la ONU había quedado dolorosamente claro el juego de poder que desempeñan la mayoría de los países ricos.

Al final, el documento final fue aceptado por unanimidad con un golpe de martillo y un aplauso colectivo. Sin embargo, poco después los delegados de Estados Unidos señalaron que las estructuras de gobierno de los Institutos Bretton Wood no deben ser influenciadas por la ONU [negándose así a aceptar el escrutinio democrático] y que la OMC debe poder seguir funcionando como siempre.

La UE alabó el documento final por ser muy ambicioso, lo que resulta verdaderamente cínico puesto que la mayoría de las naciones en desarrollo sienten que han tenido que aceptar este compromiso poco convincente con sólo un grupo de trabajo ad hoc de la ONU para continuar la labor. La sociedad civil muestra su enfado porque no se hayan acordado medidas de rescate concretas para los más afectados: las mujeres y los marginados por la sociedad.

Se calcula que los líderes mundiales han gastado diez veces más dinero en el rescate del mundo financiero de lo que han invertido en 49 años para la ayuda al desarrollo, según la Campaña del Milenio de las Naciones Unidas.

Los líderes políticos más poderosos del mundo siguen ignorando los derechos humanos sin asumir responsabilidades por los efectos de la crisis económica y del clima que han causado. La crisis alimentaria afecta principalmente a las mujeres y a los jóvenes en todo el mundo sin educación, empleo o esperanza que canalizarán su frustración en violencia doméstica o común. Se incrementará el fenómeno de la emigración forzosa.

Las causas y los efectos combinados de la crisis de alimentos, energía, cambio climático y de género se hacen más patentes día tras día. El crecimiento económico no alcanza a los miles de millones que se encuentran en la base de la pirámide económica, pero la crisis económica sí. Lo que se necesita ahora no es arreglar los viejos sistemas que han fracasado, debemos transformarlos.

La buena noticia de esta conferencia de la ONU es que hay muchas soluciones de transformación puestas sobre la mesa, y todas señalan en la misma dirección:

  • INVERTIR EN LAS PERSONAS
  • Invertir en los niños y niñas a través de una enseñanza de calidad
  • Invertir en trabajo decente con un salario decente para las mujeres en la industria de los cuidados
  • Invertir en el empleo joven
  • Invertir en servicios públicos de calidad, salud, educación, agua y saneamiento
  • Invertir en agricultura sostenible a pequeña escala para resolver la crisis alimentaria
  • Invertir en micro-finanzas como base de las economías y empresas locales
  • Invertir en infraestructuras verdes para adaptarse y combatir el cambio climático

Podría seguir con la enumeración. La OIT acaba de aprobar el Pacto mundial por el empleo, que pone al empleo y a la protección social en el centro de los planes de recuperación económica. El informe de la Comisión Stiglitz hace hincapié en la necesidad de emprender políticas para contrarrestar los ciclos y presenta políticas financieras para lograr este objetivo. La CIS y los varios actores de la sociedad civil presentes apoyan estas medidas, que aprueban también muchos líderes políticos tanto de los países en desarrollo como de los países desarrollados.

Nos encontramos en un momento de consenso sin precedentes. La buena noticia también radica en que el documento final de esta conferencia de la ONU ha reconocido las causas y el impacto y las responsabilidades de la actual y compleja crisis económica – y que ha adoptado algunas de estas soluciones – aunque de una forma muy comedida: paquetes de estímulo fiscal y económico, un llamamiento para una mayor adhesión hacia los compromisos de AOD, y la creación de un grupo de trabajo ad hoc de la Asamblea General de la ONU de duración indefinida - además de tratar la crisis financiera y económica como cuestión prioritaria de la sesión número 64 de la Asamblea General de la ONU.

La mala noticia es la notable falta de urgencia y de voluntad política para emprender con valentía las distintas soluciones expuestas. Los ciudadanos del mundo han visto a los líderes del mundo desarrollado actuar con una rapidez y un valor sin precedentes para sacar del apuro a los bancos y a las partes interesadas del sector empresarial. Una cantidad estimada en 20 billones de dólares USA, lo que representa que 20.000 millardos de dólares de nuestros impuestos han sido utilizados y prometidos a aquellos que en realidad son los principales responsables de la situación en la que nos encontramos.

Hasta la fecha, todavía no está disponible ni siquiera un tercio de los 30 mil millones solicitados durante la reunión de alto nivel de la ONU sobre la crisis alimentaria de hace un año. La Comisión Stiglitz recomienda que sólo un uno por ciento de los paquetes de estímulo de los países desarrollados se dedique al mundo en desarrollo, por encima de los compromisos de AOD. Esta decisión (que representaría 200 mil millones de dólares) no se tomó durante esta conferencia. Personalmente opino que la solución radica en invertir dólar a dólar en el tipo de inversiones en personas que la sociedad civil, incluidos los sindicatos, están reclamando - en soluciones sostenibles, desarrollo, derechos humanos y perspectivas en particular de millones de niños, jóvenes y mujeres. Entonces de los 20 billones, al menos la mitad debería haberse invertido en las personas y en los países en desarrollo.

Pero las negociaciones en el marco de la ONU tienen más que ver con guerras territoriales sobre futuras estructuras: la solicitud de un grupo de trabajo mundial sobre los riesgos sistémicos en la economía mundial, una nueva estructura de gobierno del Banco Mundial y del FMI, su cooperación con la ONU... han absorbido muchas energías, y no se han resuelto, todas estas cuestiones y muchas otras. Y por muy importante que sean estas negociaciones, no alimentan a las personas. Cualquier comisión para la toma de decisiones debería estar formado, al menos la mitad, por mujeres.

¿Qué debemos deducir? La voz de las mujeres, de los pobres y de los millones de ciudadanos afiliados a los sindicatos y de todos nosotros organizándonos frente a la pobreza es aparentemente menos importante que los bancos y las empresas.

Una broma que se gasta en esta conferencia es que si las personas fueran coches las ayudas sí llegarían...

Nuestros líderes nos han proporcionado un paquete de ayudas al revés -la mayoría de las ayudas se dirigen a la elite económica, y prácticamente nada a los 2 mil millones de mujeres, niños y niñas, personas mayores y marginados sociales, situados en el fondo de la pirámide económica – y todos ellos son y serán los más afectados. Nuestros líderes conocen los datos sobre el terreno. Pueden escuchar las voces de los hombres y mujeres más afectados. Tienen los medios para hacer elecciones distintas.

Saber que una catástrofe se está extendiendo, ser en parte responsable de la misma, tener las herramientas para solucionarla - y no actuar con urgencia: esta es la definición de negligencia moral.

Esta es la crisis moral del liderazgo a la que nos enfrentamos en el mundo hoy en día – y que no ha mejorado con esta conferencia de la ONU.

Esta conferencia de la ONU lo intentó pero la mayoría de los países ricos bloquearon las soluciones. Los hombres y mujeres que viven en la pobreza, los millones de ciudadanos afiliados a los sindicatos e implicados en movimientos sociales, los 116,9 millones que se levantaron y actuaron contra la pobreza con el GCAP tienen ahora que presionar a los líderes del G8, que empieza su reunión no democrática en aproximadamente una semana.

Escrito por Sylvia Borren, copresidenta del Llamamiento Mundial de Acción contra la Pobreza (GCAP) y Worldconnectors. Durante la Conferencia de alto nivel de la ONU sobre la crisis económica y financiera, Sylvia representó a los 170 millones de trabajadores afiliados en el marco de la Confederación Sindical Internacional (CSI), así como a los 116,9 millones de hombres, mujeres y niños que se alzaron contra la pobreza el pasado mes de octubre.