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“La profesión docente: la luz que ilumina la oscuridad”, por David Edwards.

publicado 27 octubre 2020 actualizado 2 noviembre 2020
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El brutal asesinato de Samuel Paty, profesor francés de Geografía e Historia, el pasado 16 de octubre frente a su centro escolar ha causado conmoción mucho más allá de Francia y del ámbito de la profesión docente.

Entre los blancos favoritos de fanáticos e intolerantes de todo tipo se encuentran aquellas personas que ejercen la docencia y el periodismo porque “propagan” la tolerancia, el entendimiento, la libertad y la verdad. El profesorado alienta igualmente a las “peligrosas” prácticas del pensamiento crítico, el cuestionamiento y el debate libre.

La caza de brujas, en este caso, rastrear y atacar a los mejores entre nosotros para debilitar la democracia y apaciguar el pensamiento libre, no es nada nuevo. La novedad reside en el sistema con el que se difunde el odio y el castigo.

Los peligros de las redes sociales

En muchos casos, las redes sociales han servido para defender los derechos humanos y los gobiernos democráticos. Siguen, por ejemplo, siendo un vínculo crucial entre activistas a favor de la democracia en Bielorrusia y en Hong Kong. No obstante, también pueden suponer un grave riesgo para la democracia y nuestra capacidad de convivir.

Al igual que la guerra ha evolucionado de los machetes y los arcos y flechas a las armas automáticas y las bombas, la guerra cibernética popular, con su desinformación y propaganda, ahora se lleva a cabo al instante y en todo el mundo.

Internet se desarrolló y se puso en marcha con fines comerciales. Su objeto era vender productos y prestar servicios. También recopilar datos —un aspecto que genera dinero de verdad— que permiten la selección precisa de consumidores. Su razón de ser no era pues tanto la libre expresión como la manipulación.

Sus algoritmos orientados a la comercialización comenzaron a emplearse en las redes sociales y esto trajo consigo nuestra clasificación en grupos dentro de burbujas virtuales que amplifican nuestras opiniones y nos aíslan de otros puntos de vista. Ayudan a homogeneizar las opiniones y polarizar nuestras sociedades. Nos adaptamos, a veces sin siquiera darnos cuenta, y pasamos a formar parte de subculturas virtuales que nos cambian y alteran la percepción del mundo que nos rodea.

Las redes sociales necesitan algo más que pequeñas reformas. Atrás han quedado los tiempos de la reflexión y el replanteamiento serios de la autopista de la información sobre la base del bien público, el libre intercambio de opiniones y las instituciones democráticas. No tiene sentido que Mark Zuckerberg, de FACEBOOK, o sus colegas definan los límites entre la libertad de expresión y el engaño, la desinformación y el discurso del odio.

Esa tarea no será fácil en el mejor de los casos. La libertad de expresión es esencial para que la democracia prospere, pero esa misma libertad puede verse socavada si la expresión se manipula o se convierte en un arma.

La libertad de enseñar

Samuel Paty fue víctima de un acto organizado de odio y desinformación. Sin embargo, el blanco último son nuestras libertades y nuestra democracia.

No existe ninguna profesión tan íntimamente relacionada con los valores y la práctica de la ciudadanía como la profesión docente. Por consiguiente, debe haber un interés público y una responsabilidad rotundos por proteger a aquellas personas que ejercen nuestra profesión.

Un número incontable de docentes ha recibido amenazas y sufrido intentos de intimidación por parte de estudiantes, padres y madres sin uso de la violencia física. Aun así, la creación de un clima de miedo mengua el ejercicio de la libertad y puede incluso menoscabar la libertad de enseñar. Puede provocar la autocensura. La decapitación de Samuel Paty nos recordó que alguien puede morir por enseñar.

Docentes como Samuel Paty están en primera línea de la lucha en defensa de la decencia y la democracia. Deberían tener el pleno apoyo y el respaldo de las autoridades y los equipos de dirección de los centros escolares. Nunca deberían tener que responder frente a la brutalidad y el odio con el aislamiento.

Los Gobiernos, los padres y las madres deberían respetar al profesorado. Sus organizaciones deberían estar presentes en las negociaciones y en todas las discusiones sobre políticas relativas a la profesión docente y la educación.

La enseñanza es una medicina natural. Genera entendimiento y tolerancia. Propicia una mentalidad abierta, el pensamiento crítico y una ciudadanía activa. Ilumina la oscuridad.

Honremos a Samuel Paty. La obra de su vida fue una labor basada en el entendimiento de que el conocimiento y la curiosidad son el camino hacia la libertad y la convivencia, profesional y en sociedad, tal como la luz ilumina la oscuridad.

Nuestra lucha colectiva siempre debe librarse contra el odio y quienes lo promueven. Paty y otras personas como él levantan los cimientos de un futuro posible, persona a persona. Él honró su profesión. Nosotros le honramos a él.

El poeta chileno, Pablo Neruda, dijo: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”.

Je suis prof.

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Nota: este blog está basado en la locución de David Edwards al segmento de alto nivel de la Reunión Global de la Educación de la UNESCO (el vídeo está disponible aquí).

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.