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Mundos de la Educación

Credit Image: © Gina M Randazzo/ZUMA Press Wire
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Juntos lo logramos

publicado 5 noviembre 2026 actualizado 5 noviembre 2026
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Durante los últimos dos años, mientras viajaba extensamente a lugares donde las violentas y despreciables políticas y acciones de la administración Trump causaban grandes estragos, me costaba convencer a quienes sufrían sus ataques —y a quienes observaban horrorizados— de que, en el mismo país que lo había elegido para un segundo mandato, existía un movimiento valiente, con principios y objetivos claros, que se estaba organizando para liberarse de su política del miedo, la desinformación y la división.

Ya fuera al llevar solidaridad y apoyo a los docentes de Palestina, Groenlandia, Ucrania, Irán, Colombia, Argentina o Myanmar, me consumía la sensación de que quizá estaba equivocado respecto a mi país. En Canadá, me identifiqué especialmente con la respuesta de «elbows up» —mantenerse firmes— y con la negativa a comprar productos estadounidenses o visitar Estados Unidos. Y, a veces, me preocupaba que los estadounidenses no comprendieran realmente la magnitud de la destrucción y el sufrimiento que el Gobierno de Estados Unidos estaba infligiendo al mundo mientras pisoteaba los derechos humanos universales, abrazaba a déspotas y abandonaba nuestros principios fundamentales a un ritmo cada vez más vertiginoso y exasperante.

Y entonces, justo cuando sentía que me precipitaba hacia la desesperación, asistí a los congresos de las organizaciones estadounidenses afiliadas a la Internacional de la Educación: la National Education Association (NEA) y la American Federation of Teachers (AFT). Fue allí, en ambos congresos, donde recordé de lo que somos capaces cuando actuamos juntos. Porque, un día, mientras hacía fila para entrar en los recintos, me encontré rodeado de mis personas favoritas: docentes sindicalistas.

Delante de mí, un grupo de alegres mujeres afroamericanas invitó a unos hombres hispanos igual de entusiastas, a unos jóvenes docentes de origen asiático y a algunos colegas blancos de más edad a ocupar el espacio que les habían reservado en la fila. «Disculpa, cariño, no te importa, ¿verdad?», me dijeron al volverse hacia mí con un guiño y una sonrisa.

Fue entonces cuando noté algo singular en aquel grupo, algo que sencillamente no se ve en todas partes: aunque era un grupo tan diverso como cualquiera que pudiera encontrarse en las Naciones Unidas, todos llevaban la misma camiseta de su sindicato local. Los unían su identidad sindical docente y el sentido de pertenecer a una familia. Llevaban insignias en las camisetas que decían: «¡Aquí todo el mundo es bienvenido!», «Abolir el ICE» y «¡Sí, se puede!».

No sé exactamente en qué momento empezaron a brotarme las lágrimas, pero una de las maestras me vio y me preguntó si estaba bien. «Nunca he estado mejor», respondí.

Quizá no debería haber necesitado que me recordaran que la fuerza de la solidaridad sindical sostiene la determinación y el propósito de nuestro movimiento y de nuestra profesión. Pero aquello me llevó de vuelta a mi propia experiencia en la escuela pública, donde se forjó mi convicción del poder transformador de la educación pública y lo que significa para cada niño y cada niña, sus familias y las comunidades a las que servimos. La experiencia también reafirmó mi certeza que damos lo mejor de nosotros cuando dejamos de lado nuestras diferencias y nos unimos en la lucha por el mundo que sabemos que es posible.

En las elecciones de mitad de mandato celebradas este 3 de noviembre en los Estados Unidos, gracias al trabajo y a la organización de los docentes sindicalistas de todo el país, lo que antes parecía imposible se ha traducido en una serie de hitos históricos:

La primera gobernadora afroamericana. La primera gobernadora indígena. La primera senadora indígena. El primer senador musulmán. El primer senador abiertamente gay. La primera gobernadora latina de Texas.

La lección para todos nosotros es que, incluso en los momentos más oscuros, hacemos lo que sabemos hacer. Redoblamos nuestros esfuerzos. Apuntamos más alto. Y renovamos nuestro compromiso con la concentración y la disciplina necesarias para construir el poder colectivo inherente al sindicalismo docente y alcanzar nuestros objetivos. Nunca perdemos la esperanza porque

¡JUNTOS Sí PODEMOS!

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.