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Transformar la ciudadanía mundial de un término de moda a una realidad

publicado 2 julio 2014 actualizado 25 julio 2014

Ponerle a algo la etiqueta de ‘tendencia’ es una práctica habitual en el mundo de la música, de la moda y de los peinados extravagantes, pero en lo que respecta a la educación las tendencias pueden tener mayores repercusiones que una simple foto embarazosa de graduación de la secundaria.

No todas las tendencias tienen algo sustancioso que las respalde, que les transfiera longevidad, y por eso se desvanecen tan pronto como aparece la siguiente novedad. Ahora mismo, en la educación, una de las tendencias es el concepto de ciudadanía mundial y su aclamada importancia. Pero llegar al fondo de lo que realmente significa este concepto, y cómo va a influir en la educación, constituye una de las máximas prioridades para quienes desean que forme parte del objetivo de desarrollo post-2015 de la ONU en materia de educación.

“Cuando hablamos de ciudadanía mundial, se trata de ciudadanía como aspecto fundamental”, expresó Haldis Holst, Secretaria General Adjunta de la Internacional de la Educación (IE). “La educación no consiste sólo en prepararse para el mundo del trabajo. Tiene que considerarse como una preparación para la vida.”

Holst, que trabaja en programas de la IE relacionados con temas de derechos humanos y sindicales, igualdad y solidaridad, presidió una conferencia celebrada hace poco en Bruselas, “Citizens for Global Education, Education for Global Citizenship” (Ciudadanos para una educación mundial, educación para una ciudadanía mundial), en la que se dispuso eliminar la etiqueta de ‘tendencia’.

La conferencia reunió a toda una serie de ONG y organizaciones mundiales, como la UNESCO, Oxfam International y la IE, cuyo deseo es que en el programa para el desarrollo después de 2015 de la ONU se incluyan objetivos relacionados con la educación mundial. Los días 24 y 25 de junio, aproximadamente 90 participantes se dedicaron a elaborar un mensaje claro sobre cómo debería ser el futuro de la educación, concretamente un objetivo sobre Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM). “ The Brussels Proposal: Towards a new direction for Education” fue el objetivo que propusieron.

La “Propuesta de Bruselas” describe cómo “mediante la Educación para la Ciudadanía Mundial, podemos encontrar nuevas maneras de llegar, inspirar e involucrar a los estudiantes para que los esfuerzos se centren en unas soluciones sociales, económicas y ecológicas que sean equitativas, pacíficas y sostenibles, a la hora de abordar retos locales y mundiales interconectados.”

¿Y eso que quiere decir?

“La ciudadanía mundial contrasta con la enseñanza tradicional”, indicó Holst, añadiendo que ha llegado el momento de transformar la educación mundial, de un término de moda a algo que se traduzca de manera concreta en las aulas. “Representa el nuevo aspecto cuantificable de la educación, que puede encontrarse en resultados a largo plazo.”

Los resultados a largo plazo a los que se refiere Holst son factores que pueden cuantificarse, como es la participación democrática mediante las cifras de participación electoral, o un medio ambiente sostenible. No obstante, existen otros aspectos, como por ejemplo la manera de relacionarse culturalmente las personas a escala mundial, que son mucho más difíciles de identificar.

Holst afirma que uno de los principales retos a la hora de impartir la idea de ciudadanía mundial es tratar de encontrar la manera de vincular el aspecto mundial a las tradiciones nacionales y locales que se están enseñando actualmente en países y comunidades.

Al incluir la ciudadanía mundial en la agenda post-2015, los participantes de la conferencia esperan que podamos estar mejor equipados para ayudar a los niños y niñas a convertirse en ciudadanos y ciudadanas del mundo, independientemente de su procedencia. Transformar la tendencia de hoy en una realidad permanente del mañana.