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Los sindicatos británicos destacan las necesidades de los niños y niñas refugiados

publicado 23 septiembre 2016 actualizado 4 octubre 2016

La National Association of Schoolmasters Union of Women Teachers destaca las consecuencias terribles que la crisis internacional de los refugiados tiene para los niños y niñas, y para los jóvenes, sobre todo en términos educativos.

En el Congreso de la confederación británica Trades Union Congress, que se celebró en Brighton el 14 de septiembre, la Presidenta de la National Association of Schoolmasters Union of Women Teachers(NASUWT), Kathy Wallis, instó al gobierno a asumir la responsabilidad que le corresponde para garantizar que todos los niños y niñas refugiados y desplazados tienen acceso a la educación y estén protegidos de los abusos y la violencia. Lanzó un llamamiento y presentó una moción a propósito de las repercusiones de la crisis de los refugiados para los niños y niñas.

“En medio de la destrucción, la violencia y la inestabilidad, las escuelas son un santuario, un refugio de normalidad y esperanza, un lugar de aprendizaje y oportunidad”, afirma. “Desatender el derecho de los niños y niñas a la educación socava su futuro y el de toda nuestra sociedad”.

Sin educación, los niños y niñas son más vulnerables frente a la explotación y abusos, en concreto a su reclutamiento por grupos armados, a que les obliguen a trabajos forzosos y a casamientos precoces, subrayó Wallis.

Falta de fondos para la educación

Wallis destacó que más de la mitad de los 21 millones de refugiados inscritos en el Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU tienen menos de 18 años y, muchos, no viajan acompañados. De estos, 3.6 millones son niños en edad escolar, sin acceso a la educación.

Lamentó que, “a pesar de esta desesperada situación”, sólo 1 % del presupuesto mundial para ayuda humanitaria se dedica a la educación y mencionó que “en NASUWT nos enorgullecemos de nuestro historial de colaboración con nuestros colegas docentes de zonas como estas, a quienes ofrecemos asistencia práctica, como apoyo económico y formación”.

Wallis reconoce que queda mucho por hacer para apoyar a los niños y niñas refugiados y desplazados dentro de sus países de origen, en los Estados vecinos y en el Reino Unido.