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Reflexiones sobre la recaudación de la AME: retórica, hechos, preguntas y futuro

publicado 22 febrero 2018 actualizado 8 junio 2018
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La ciudad de Dakar, la fascinante y animada capital del Senegal, fue escenario de dos momentos clave en la historia de la gobernanza mundial de la Educación. En el año 2000 acogió el Foro Mundial sobre la Educación, que aprobó los Objetivos de la Educación para Todos y, dieciocho años más tarde, el pasado 2 de febrero, la Alianza Mundial por la Educación (AME) celebró el evento para el reabastecimiento de fondos que los organizadores describen como "la mayor conferencia para la financiación de la educación de la Historia", en la que los socios mostraron "un apoyo sin precedentes a la AME" y se comprometieron a "priorizar la educación". Yo asistí a dicha conferencia y me siento algo desconcertado: tengo la impresión de haber participado en un evento diferente.

Separemos la retórica de los hechos. Es cierto que la conferencia atrajo a asistentes de "alto nivel". Copatrocinada por los presidentes de Senegal y Francia, disfrutamos incluso de la actuación de una celebridad musical. Pero lo cierto es que el "apoyo sin precedentes a la AME" no se materializó y los compromisos no permitieron alcanzar la meta de 3.100 millones de dólares en donaciones. La suma total prometida por los donantes asciende aproximadamente a 2.300 millones de dólares. No alcanzar el objetivo de recaudación no es algo sin precedentes. De hecho, es la tercera vez que la recaudación de la AME no cumple la meta de financiación fijada por los propios donantes: en 2011, en Copenhague, la meta era de 2.500 millones de dólares y la cantidad recaudada fue de unos 1.500 millones de dólares; en Bruselas, en 2014, la meta era de 3.500 millones de dólares y el resultado fue de 2.100 millones de dólares.  Lo que no tiene precedentes es que, a diferencia de las anteriores conferencias de reabastecimiento de fondos, la profesión docente, la sociedad civil y las ONG no pudieron anunciar sus compromisos y decir cómo contribuirán a la consecución de los objetivos de la AME durante los próximos tres años. Por alguna razón, a estos socios, que se sientan en la junta directiva, no se les permitió dirigirse a la conferencia para explicar cómo piensan desempeñar su papel como miembros de la asociación, y nadie parecía demasiado preocupado por ello.  Me pregunto por qué.

Así pues, tras años de movilización e inversión en la campaña de reabastecimiento de fondos y actividades de promoción conexas, luego de haber aumentado drásticamente el personal, de haber creado un nuevo modelo de financiación y mecanismos para eliminar los obstáculos que los donantes aducían como impedimentos para invertir más en la asociación, la AME no cumplió sus expectativas, una vez más. La cantidad de fondos que desembolsará para el período 2018-2020 casi equivale a la del período 2015-2018. Algunos argumentarán que los donantes no asumieron sus responsabilidades, pero los países en desarrollo sí se comprometieron a "aumentar el gasto público en educación para el período 2018-2020 hasta un total de 110.000 millones de dólares".  Sin embargo, tengo muy pocas razones para creer que los ministros de Educación que durante su mandato mantuvieron la inversión en Educación por debajo del 2 % del PIB, dupliquen la inversión en los próximos tres años. Algunos de los que se comprometieron ni siquiera son ya ministros, lo cual dificulta la tarea.  Otros argumentarán que "el reabastecimiento es una campaña que no termina aquí" y confían en que se añadan compromisos o aumenten los existentes. Pero si miramos lo sucedido en Copenhague y Bruselas, esto no es más que optimismo infundado.  Lo que se prometió hasta ahora es lo que probablemente habrá disponible en el bote. La ayuda para la educación se ha estancado y hay muchas partidas compitiendo por los menguantes presupuestos que los donantes tiene para la ayuda al desarrollo.

El hecho es que la AME podrá inyectar apenas 750 millones de dólares anuales a los programas del sector de la educación en "hasta 89 países" durante los próximos tres años, cuando se calcula que hay un déficit [1] de financiación anual de 39.000 millones de dólares para alcanzar el Cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible: Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos. Por supuesto, la AME no es la única solución para salvar esta brecha, pero ciertamente es la más visible, y al ver que es incapaz de movilizar ni siquiera mil millones de dólares al año, suscita algunas preguntas. ¿Sigue siendo la AME pertinente y vale la pena el esfuerzo de los asociados?  ¿Fueron el nuevo modelo y los nuevos mecanismos de financiación lo necesario para atraer más contribuciones? ¿Despegará alguna vez? ¿Qué se necesita para que la AME sea un verdadero catalizador para los profesores y estudiantes de los países que reciben fondos de ella?

En primer lugar, después de haber seguido de cerca la AME desde su creación, cuando todavía se conocía como la Iniciativa Vía Rápida (Fast-Track Initiative, FTI, por su sigla en inglés), estoy plenamente convencido de que la AME es absolutamente relevante y merecen la pena los esfuerzos que realizan todos los profesionales entregados que trabajan para ella o con ella. Dicho esto, me preocupa que después de todos estos años y reformas, esté cometiendo exactamente los mismos errores que en gran medida llevaron al fracaso al FTI. Abordarlos es una condición sine qua non para que la AME esté a la altura de sus aspiraciones y se convierta en un verdadero catalizador para los profesores y estudiantes. La forma de avanzar es compleja y romper viejos hábitos requerirá mucho coraje.

Por ejemplo, la AME depende del Banco Mundial. Esta dependencia impregna sus acciones y la formulación de su política. El Banco Mundial es la agencia responsable por  aproximadamente el 80 % de los programas financiados por la AME, que —a quién puede sorprender—son todas muy parecidos. Se trata de grandes proyectos del Banco que ponen en práctica su política de educación. Para que realmente despegue, la AME tendrá que poner en práctica su principio básico de implicación nacional y financiar planes y programas del sector de la educación elaborados a nivel nacional, con la participación activa y significativa de los agentes nacionales pertinentes, y no limitarse a ser un corta-pega de los programas de Washington que tienen por objeto cumplir las condiciones que imponen el Banco y encajar en un modelo de financiación basado en los resultados. Basta con leer los proyectos y compararlos. Verán que las actividades que la AME está financiando cuando el Banco Mundial es el agente de donaciones son prácticamente las mismas en todas partes. Es posible actuar de otra manera. Echen un vistazo a los proyectos de países como Burkina Faso y Tanzania y verán que son el resultado de una reflexión nacional, y no la mera copia de alguna receta política importada.

El otro viejo hábito del FTI que la AME necesita romper es la tendencia a ser un club de donantes. La voz de los socios de los países en desarrollo y de la sociedad civil es importante y su frustración no deja de crecer. Muchos le dirán personalmente que no se sienten escuchados y que sienten que sólo validan decisiones previamente adoptadas. Si tiene tiempo, consulte el video de la conferencia, disponible aquí, y verá que a los ministros de países en desarrollo se les dio un minuto para exponer sus compromisos y a veces fueron cortados por el maestro de ceremonias antes de que se les acabara el tiempo. El mismo maestro de ceremonias que permitió a algunos donantes superar hasta tres y cuatro veces su tiempo asignado. Incluso los donantes que no hicieron donaciones pudieron hablar sin interrupciones durante minutos, mientras que los ministros de Educación de los países en desarrollo quedaron aislados y se alejaron discretamente del atril. Como se mencionó antes, a la sociedad civil ni siquiera se le permitió comprometerse, lo cual es un descuido serio o una decisión deliberada que demuestra que en esta alianza, algunos socios son más iguales que otros. Hacer de la AME una alianza real, que cambie las reglas del juego, implicará abordar estas cuestiones. Espero que haya voluntad para ello, porque no cabe duda de que el mundo necesita un fondo mundial para la educación que responda donde más se necesita.

[1] Education for All Global Monitoring Report Policy Paper 18, July 2015 update, “Pricing the right to education: The cost of reaching new targets by 2030”, available at http://unesdoc.unesco.org/images/0023/002321/232197E.pdf

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