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Photo: Jasmin Sessler / Unsplash
Photo: Jasmin Sessler / Unsplash

"Llamamiento a los Educadores para que actúen contra la Crisis Climática", por Gustavo E. Fischman, Daniel Fischer, Iveta Silova y Jordan King.

publicado 20 febrero 2020 actualizado 25 febrero 2020
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En todo el mundo los jóvenes están actuando con urgencia y pasión para desafiar la respuesta inadecuada de los líderes mundiales a la crisis climática, con el objetivo de impulsar la acción hacia la sostenibilidad y la justicia. Miles de jóvenes estudiantes de todos los continentes participan en huelgas escolares y se movilizan en otras acciones relacionadas para llamar la atención sobre las enormes consecuencias de la crisis climática, al tiempo que exigen medidas inmediatas. El ímpetu de las protestas proviene del fracaso de los sistemas políticos, sociales y económicos para abordar la injusticia ecológica y humana causada por el cambio climático. A medida que los jóvenes de todo el planeta continúan activos, exigiendo la acción de los líderes mundiales, el efecto sobre los educadores debería inspirarlos y despertarlo. Como individuos, profesionales y como colectivo, los educadores también debemos reconocer nuestro papel en los problemas provocados por el cambio climático y enfrentar el desafío urgente de actuar contra la crisis climática y la injusticia.

Los sistemas educativos actuales están profundamente implicados en la crisis climática que enfrentamos.  De hecho, las escuelas y universidades están impulsando sistemáticamente al mundo hacia la crisis climática a través de un enfoque limitado en la oferta de mano de obra que apunta a acelerar el crecimiento económico y servir ciegamente a las economías de mercado competidoras.  Con demasiada frecuencia, las preguntas sobre sostenibilidad siguen siendo, si acaso se abordan, un tema complementario no vinculante en los planes de estudio que, de otro modo, no se modificarían.  Dicha educación no es adecuada para detener el calentamiento global, ni adecuada para preparar a los estudiantes para el tipo de amenazas existenciales que enfrentamos.  La educación ya no debería estar implicada en contribuir a la crisis climática, sino que debería actuar como parte de la solución.

Para unirse al movimiento global y contribuir a esta tarea urgente, se ha emitido un Llamado a la Acción sobre la Crisis Climática a todos los educadores de todo el mundo, buscando apoyar a los estudiantes en huelga, al tiempo que exhortamos a los educadores, en todos los niveles y disciplinas, a tomar medidas inmediatas en sus propias aulas, instituciones educativas y comunidades.

Muchos educadores ya han imaginado -y promulgado- nuevos formatos educativos, interacciones y objetivos, particularmente al incorporar los problemas de crisis climática en las actividades cotidianas.  La transformación de las pedagogías y los currículos es vital para fomentar las necesarias simpatías y competencias en los estudiantes, para abordar la injusticia climática.  En primer lugar, esta transformación también implica eliminar de la práctica educativa los modos de enseñanza y aprendizaje que han contribuido a la crisis climática, especialmente los ideales del excepcionalismo humano y el individualismo (neoliberal) que limitan las pedagogías modernas a un enfoque estrecho en la oferta de mano de obra y crecimiento económico.  Trazar un nuevo curso pedagógico hacia un futuro sostenible requiere un replanteamiento radical de la pedagogía: acceder y utilizar diferentes conocimientos y tratar con lo desconocido; reconocer los valores que sustentan lo que consideramos justo y seguro, o futuros deseables e indeseables; desempaquetar las relaciones de poder y la desigualdad que dan forma a los patrones actuales de producción y consumo; comprometerse constructivamente con los conflictos de valores y las dimensiones socioemocionales de quiénes somos, qué valoramos y en qué creemos.

La transformación de la educación para que responda a la crisis climática va más allá de los cambios en el aula, al plantear implicaciones para la investigación educativa que informa la práctica.  Los investigadores educativos deben reconocer la importancia crucial de la crisis climática y otros problemas ambientales.  Al realinear las agendas y prácticas de investigación, los académicos pueden desarrollar el campo en uno que sea más crítico, innovador e impactante.  En lugar de perpetuar el statu quo y su objetivo interminable de crecimiento económico, los investigadores tienen un papel clave que desempeñar en la realineación de las prioridades de investigación, para abordar de manera más explícita y extensa el tema de la crisis climática.  Al enfatizar este asunto, los investigadores educativos pueden abrir nuevos caminos para intensificar su impacto en la sociedad y el futuro del planeta.

Cualquier cambio en las prácticas en el aula y las prioridades de investigación deben ser respaldados por marcos de políticas educativas más sólidos y holísticos.  Estos marcos deben considerar la importancia de la crisis climática en la configuración del mundo en el que los educadores enseñan y la realidad actual y futura que habitan los estudiantes.  Los formuladores de políticas deben reflexionar sobre las deficiencias de los marcos actuales que priorizan el crecimiento económico a expensas del bienestar ecológico y social.  Al aprender a valorar la justicia intergeneracional y ambiental en lugar de impulsar la embestida del desarrollo, los responsables políticos pueden mejorar la capacidad de los educadores para responder a la crisis climática en lugar de exacerbar sus consecuencias.

Las acciones de los educadores también deben extenderse a sus comunidades mediante la movilización de colegas, padres, políticos, sindicatos y organizaciones profesionales.  Si bien este esfuerzo requerirá valentía y humildad, los rasgos necesarios para hablar en contra de la injusticia climática son paralelos a las capacidades de los educadores para inspirar a sus colegas, ya sea que trabajen en política educativa, investigación o práctica, para que asuman la responsabilidad profesional a fin de para abordar la crisis climática.  Si los educadores pueden alzar sus voces en un coro no solo de oposición, sino de compromiso, sus colegas, comunidades y formuladores de políticas no tendrán más remedio que responder y actuar.

Si bien el Llamado a la Acción describe las amplias medidas que deben tomarse para cambiar el impacto de la educación sobre la injusticia climática, el proceso será complicado, laborioso y exigente, pero también gratificante, empoderador e impactante.  El Llamado a la Acción no es una conclusión de la contribución potencial de los educadores a la acción, sino un paso hacia un nuevo futuro para la educación, la humanidad y la tierra.  Para los educadores, el Llamado a la Acción es un voto no solo para cambiarnos a nosotros mismos y nuestras prácticas en la lucha contra la crisis climática, sino también para apoyar a nuestros estudiantes con la urgencia y pasión que se merecen.

Alentamos a todos los educadores interesados en tomar medidas sobre la crisis climática a leer y firmar hoy el Llamado a la Acción, en educators-for-climate-action.org.  Los educadores y sus alumnos, juntos,  pueden y deben, pensar y actuar de manera diferente.  Juntos, podemos cultivar el cambio que la tierra y la humanidad necesitan en este momento desalentador, pero a la vez oportuno.  Como ha dicho la activista juvenil Greta Thunberg, "el cambio está llegando, te guste o no".

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.