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Photo: Jose Fontano/Unsplash
Photo: Jose Fontano/Unsplash

“Coronavirus: Nuestros principios, valores y humanidad compartida”, por Susan Hopgood.

por: Susan Hopgood publicado 2020-04-03 actualizado 2020-04-03

El combate contra el Coronavirus se ha traducido en muchos países en el cierre de establecimientos escolares y actos públicos, así como la mayoría de los comercios. La IE se ha venido centrando en su impacto sobre la educación y los docentes y personal educativo, aportando informes regulares de los países y las regiones sobre lo que está ocurriendo a escala internacional.

No obstante, hay otras reflexiones que van más allá de nuestro sector, y que suscitan la pandemia y nuestra preocupación tanto por el presente como por el futuro:

1- Las pandemias deben afrontarse globalmente. Debido a los riesgos específicos, puede ser necesario aislar a las personas, pero no el aislamiento de países o poblaciones.

2- Ningún país es capaz de afrontar esta crisis solo. Si partes de nuestras sociedades quedan ignoradas o excluidas, no conseguiremos superar este desafío global.

3- Aunque el pánico puede conducir al egoísmo, la naturaleza del virus hace que no sea posible protegerse a sí mismo si no se protege a los demás. Eso implica que la defensa de cualquiera depende de la protección de todos. Ha de prestarse especial atención a grupos excluidos, como migrantes, mujeres, personas pertenecientes a castas inferiores, entre otros, debido a que las condiciones de hacinamiento en que suelen vivir y su falta de acceso a cuidados médicos hace que ellos –y por tanto el resto de la población– sean especialmente vulnerables.

4- Los Gobiernos deben asumir la responsabilidad de la salud pública y de aportar ayuda a los trabajadores y a otros que lo necesiten. Actuar así será constructivo y fortalecerá la cohesión y la confianza. Pero culpar a otros constituye una distracción, resulta autodestructivo y podría incitar la discriminación y ataques.

5- La planificación a corto plazo, un mal generalizado en el mundo moderno, hace que resulte difícil tomar en consideración el interés general. El éxito a la hora de hacer frente a la pandemia dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad para establecer planes y sistemas de sanidad sólidos y fiables, así como otros servicios públicos. En otras palabras, nuestro futuro requiere que dejemos de pensar a corto plazo, tanto en el ámbito económico, social o medioambiental.

6- Lo que plantea auténticos peligros a la sociedad es permitir que el apoyo y la formación de profesionales críticos se deterioren, en este caso en la profesión médica, la investigación y la capacidad de los profesionales de la sanidad pública. No obstante, en un sentido más amplio, contar con profesionales de calidad y altamente formados en todas las áreas forma parte de la infraestructura vital que brinda seguridad a la sociedad y que constituye las bases para el desarrollo.

7- La gente ha descubierto que la salud no tiene precio. Es algo que no debe olvidarse una vez superada la pandemia. Los servicios públicos no son un accesorio. Resultan fundamentales en nuestra vida cotidiana y para nuestro futuro a nivel social, económico, medioambiental y cultural.

Las consecuencias económicas del Coronavirus tendrán un impacto duradero en muchos países, probablemente en la misma medida que la gran recesión de 2009 (tras la crisis financiera), aunque los remedios no deberían ser los mismos. Pese a que los bancos y las grandes empresas se verán afectados, corren menos peligro de hundirse. Los bancos centrales están tomando las medidas necesarias para mantener los intereses a un bajo nivel y proteger al sistema.

Los pobres y los trabajadores, así como los pequeños negocios como cafés y restaurantes entre otros, y cuya existencia se ve amenazada por esta crisis, son quienes necesitan más ayuda. De manera que los recursos disponibles no deberán desviarse hacia quienes no los necesitan y sufran menos las consecuencias.

En ningún caso deberán los Gobiernos seguir la peligrosa vía de la austeridad, como hicieron en la mayoría de los países para responder a la crisis financiera. Algunos de los países que más sufrieron por culpa de la austeridad encuentran ahora más dificultades para hacer frente a la pandemia. Debería más bien darse prioridad a incrementar la financiación y la calidad de los servicios públicos esenciales.

Aunque es comprensible que la gente esté preocupada, todo apunta a que la pandemia terminará algún día. Lo que resulta esencial es que extraigamos las lecciones de nuestra experiencia con el COVID-19 de manera que no se repitan los mismos errores ni volvamos a la situación anterior, como si nada hubiera pasado.

Tal como indican Filippo Grandi, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados y Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humano:

“Más allá de estos desafíos muy inmediatos, el camino del coronavirus también pondrá a prueba nuestros principios, valores y humanidad compartida”.

Cualquier crisis trae al mismo tiempo problemas y oportunidades. Realismo, sentido común, un sentido de urgencia, movilización y solidaridad, son elementos que pueden y deberían conducir hacia progresos, a corregir viejos errores, a una mayor justicia social, a escuchar, a comprender y a la paz social.

Por otro lado, el pánico y el temor generalmente tienen el efecto opuesto. La población queda excluida en lugar de ser incluida, se estigmatiza a algunos en base a noticias falsas y, con formas sofisticadas y encauzadas de odio y desinformación, la sociedad podría fácilmente desmoronarse.    

Hemos visto en esta crisis que la solidez, la compasión y la solidaridad parecen, hasta ahora, ser más fuertes que otras voces. Nuestra misión en tanto que educadores, no sólo en las aulas sino en la comunidad en general, es apoyarnos en esta buena voluntad, este espíritu comunitario, para contribuir a conformar el mundo y las sociedades que aspiramos conseguir.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.