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Entrevista | Susan Hopgood: “La clave del progreso en la lucha contra el trabajo infantil es la participación de los sindicatos”.

publicado 12 junio 2020 actualizado 12 junio 2020
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En el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, la Presidenta de la Internacional de la Educación, Susan Hopgood, ofrece una visión de la labor de los sindicatos de la educación para erradicar el trabajo infantil, el impacto de la crisis del Covid-19 en los niños y niñas vulnerables, las lecciones que hemos aprendido de crisis anteriores y el camino a seguir.

¿Podría el Covid-19 revertir los constantes progresos realizados en la erradicación del trabajo infantil?

Las pruebas demuestran que las crisis de gran repercusión económica (ya sea un conflicto, una guerra, un desastre natural o una pandemia) empeoran la prevalencia del trabajo infantil.

Los grupos marginados han sido los más afectados por el Covid-19. Por lo tanto, existe una gran preocupación de que la pandemia arrastre al trabajo infantil a niños y niñas de minorías, pueblos indígenas, desplazados internos, refugiados, migrantes, niños y niñas con discapacidades, niños y niñas de familias monoparentales o encabezadas por menores. Las familias de las zonas rurales y los millones de personas que dependen de la economía paralela también se verán gravemente afectadas. Más del 60% de los trabajadores de todo el mundo se encuentran en la economía informal. Muchos ya han perdido su fuente de ingresos diaria debido a los cierres impuestos por los gobiernos en respuesta a la pandemia del Covid-19.

Sabemos que la pobreza es la principal causa del trabajo infantil. El Secretario General de las Naciones Unidas ha indicado que entre 42 y 66 millones de niños y niñas menores de 10 años podrían caer en la pobreza extrema debido al confinamiento. Esto se suma a los 386 millones de niños y niñas que ya viven en la pobreza extrema, incluyendo 152 millones que están oficialmente involucrados en el trabajo infantil.

¿Qué lecciones se aprendieron del trabajo anterior de la IE sobre el VIH-SIDA y el Ébola?

La IE adquirió una considerable experiencia en el asesoramiento a las organizaciones miembros en los países afectados por el VIH-SIDA y el Ébola en el pasado. Durante el brote del Ébola en 2014-2016, más de 5 millones de alumnos se vieron afectados por el cierre de escuelas. En ese momento, hubo pocas iniciativas de aprendizaje a domicilio. Las cosas han sido diferentes con el Covid-19 cuando los países en desarrollo actuaron rápidamente para aplicar planes de aprendizaje a distancia por medio de la televisión y la radio en los países en que Internet no es fiable y en que la mayoría de los hogares no tienen electricidad, y mucho menos computadoras o teléfonos celulares.

El Ébola afectó de manera desproporcionada a las niñas, ya que menos niñas volvieron a la escuela una vez finalizado el brote. Quedaron atrapadas en la esfera doméstica, asumiendo roles de cuidado. El cierre de las escuelas reforzó los roles tradicionales en función del género, ya que las niñas se quedaban en casa y los niños realizaban actividades generadoras de ingresos fuera del hogar.

En las aldeas de Sierra Leona gravemente afectadas por el Ébola, la tasa de matrícula escolar de las niñas disminuyó. En Sierra Leona también se registró un fuerte aumento de los embarazos de adolescentes y, según los niños y niñas entrevistados, esto estuvo directamente relacionado con el cierre de escuelas. Los niños y niñas aislados no ven a sus amigos y están desconectados de las redes de servicios de atención.

Cuando las escuelas vuelvan a abrir sus puertas después del Covid-19, los sindicatos de la educación que participan en el programa de la IE para la erradicación del trabajo infantil prestarán especial atención a garantizar que se apliquen medidas de reinscripción que tengan en cuenta las cuestiones de género.

Los sindicatos también pedirán mecanismos de protección social. La tragedia del VIH-SIDA demostró que las separaciones de familias y la tasa de mortalidad de las personas que cuidan a los niños y niñas hacen que éstos sean vulnerables a la pobreza, el trabajo infantil y el abuso. El acceso a la escuela proporciona a los niños y niñas seguridad y un sentido de pertenencia. La escolarización también les proporciona las competencias necesarias para conseguir trabajos decentes más adelante.

En los 13 países en los que la IE tiene programas de erradicación del trabajo infantil, ¿esperan los sindicatos de la educación que todos los niños y niñas vuelvan a la escuela?

Aún es demasiado pronto para decirlo. Los proyectos de "Zonas Libres de Trabajo Infantil" han tenido un tremendo impacto. En Albania, por ejemplo, el proyecto abordó la discriminación y la exclusión profundamente enraizadas que sufren las minorías romaní y egipcia. En Malí, los directores de las 11 escuelas del proyecto de Ouroun, informaron de 1.555 abandonos escolares en el año escolar 2013/2014. En 2018/2019 no se registraron abandonos.

La aguda pobreza resultante del confinamiento por el Covid-19 hará más difícil para las familias pobres cubrir los gastos escolares, la matrícula, los uniformes, el transporte... los costos directos e indirectos de la educación. Sabemos que incluso el trabajo infantil ocasional tiene un efecto adverso en la frecuentación y el rendimiento escolar.

Los niños y niñas y sus familias también pierden el hábito de ir a la escuela. Las personas encargadas del cuidado de los niños y niñas desesperadas recurren a estrategias de supervivencia perjudiciales, como el trabajo y el matrimonio infantiles. Los niños y niñas corren el riesgo de ser forzados y de ser traficados para trabajar, por ejemplo, en talleres clandestinos. Las familias rurales se trasladan a las ciudades.

Es menos probable que los gobiernos hagan cumplir los reglamentos sobre el trabajo infantil durante las dificultades económicas. También existe la preocupación de que los gobiernos se vean presionados por los empleadores para debilitar las leyes laborales. Cuando se reducen las protecciones y los servicios sociales, y las inspecciones son menos frecuentes, el trabajo infantil es aún más fácil para los empleadores sin escrúpulos.

¿Son la pobreza y la recesión económica mundial que estamos presenciando la única causa del trabajo infantil?

La pobreza en sí misma es una consecuencia de un sistema en el que el beneficio económico tiene prioridad sobre el bienestar humano. La pobreza es el resultado de factores interconectados como la desigualdad, la discriminación, la segregación, el colonialismo, la falta de una educación de calidad, la prevalencia de la informalidad y el acceso limitado al trabajo decente, la escasa participación de los sindicatos y las organizaciones ciudadanas en la toma de decisiones.

Las personas y familias vulnerables que han perdido sus empleos, incluso en la economía informal, que necesitan urgentemente fondos para la supervivencia del hogar pero que no tienen ahorros ni acceso limitado a la protección y el apoyo del Estado, es probable que se vean víctimas de los prestamistas que conceden créditos en condiciones que constituyen una servidumbre por deudas. Las redes criminales también están utilizando activamente esta crisis mundial para explotar las vulnerabilidades a fin de aumentar el beneficio financiero que generan el trabajo forzado y el tráfico de seres humanos.

¿Qué están haciendo la IE y sus organizaciones miembros para luchar contra el trabajo infantil?

Continuaremos y reforzaremos un doble enfoque de organización y cabildeo. A nivel local, los docentes y directores de escuela reciben formación junto con todos los actores de la educación de la comunidad. El propósito es comprender las leyes que conectan la educación obligatoria y la edad mínima para trabajar, pero también hacer la escuela atractiva y convencer a las familias de que la escuela es también un lugar de aprendizaje social. Estamos viendo algunos buenos resultados en cuanto a cambiar la percepción social del trabajo infantil. Al inicio del programa, en las aldeas, el trabajo infantil se considera normal, después de algunos años de sensibilización el trabajo infantil ya no se acepta y la presencia en la escuela es la nueva normalidad.

El cabildeo está dirigido por la IE a nivel internacional y nacional para convencer a los gobiernos y a las comunidades de donantes de que inviertan en una educación pública de calidad. En las comunidades locales, las inversiones se traducen en un mayor número de docentes, incluidas las profesoras que actúan como modelos a seguir. Se necesitan más docentes y aulas adicionales para reducir la proporción entre docentes y alumnos. La mejora de las instalaciones sanitarias, con baños y vestuarios separados para las niñas -para que no pierdan la escuela a causa de sus menstruaciones- también mejora las escuelas.

La IE apoya a sus organizaciones miembros para que aboguen por una aplicación estricta de las leyes sobre el trabajo infantil y la educación obligatoria. Los sindicatos de la educación supervisarán de cerca tanto la matriculación como la retención. El asesoramiento sobre traumas psicológicos debe ser un foco de atención con una formación específica para los docentes y directores. El programa de la IE incluye un componente sobre el clima escolar positivo, el comportamiento no violento y la enseñanza centrada en el alumnado. Todos los niños y niñas, especialmente los procedentes de comunidades marginadas, los que han sido liberados del trabajo infantil y los que tienen una brecha de aprendizaje deben sentirse bienvenidos por todos los docentes.

Los empleadores y las autoridades locales también tienen un papel que desempeñar, para garantizar que se respeten las leyes y que haya una tolerancia cero con respecto al trabajo infantil en las comunidades. La clave del progreso en la lucha contra el trabajo infantil es también la participación de los sindicatos en las estrategias.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.