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Pearson y el aprendizaje de generaciones futuras: lucrar con los datos sobre el alumnado

publicado 2 mayo 2019 actualizado 2 mayo 2019

Por Anna Hogan, Universidad de Queensland, y Sam Sellar, Universidad Metropolitana de Manchester

El viernes 26 de abril Pearson celebró su Asamblea General Anual y expuso sus planes para incrementar su cuota en el mercado mundial de la educación, actualmente en rápida expansión. Se trata de un momento oportuno para reflexionar sobre las posibles repercusiones de la óptica corporativa de Pearson respecto de la educación pública en el mundo.

Pearson es un nuevo tipo de empresa educativa que opera en múltiples industrias y sectores de la educación de más de 60 países.

Aspira a encabezar la “próxima generación” de enseñanza y aprendizaje mediante el desarrollo de plataformas de aprendizaje digital, como por ejemplo la denominada Inteligencia Artificial en educación ( Artificial Intelligence in education, AIEd).

Pearson está poniendo en práctica nuevas tecnologías de inteligencia artificial mediante las cuales espera capacitar a tutores virtuales para que proporcionen un aprendizaje personalizado a los y las estudiantes, de manera similar a las plataformas Siri o Alexa.

Esta tecnología estará integrada en una plataforma única —Pearson Realize[Symbol]— que ya se ha integrado a Google Classroom.

La perspectiva de Pearson para la educación en 2025 promueve los beneficios de los avances tecnológicos y su posible complementariedad con la docencia. Sin embargo, su estrategia corporativa se basa en generar cambios drásticos en la profesión docente, así como en el suministro de planes de estudios y evaluaciones, y la organización y funcionamiento de las escuelas públicas.

Estas alteraciones no obedecen a unos principios educativos coherentes, sino que Pearson promueve unos modelos educativos diversos y contradictorios que atienden a los intereses de los accionistas de la empresa, anteponiéndolos a los intereses de estudiantes, familias y comunidades.

Si bien Pearson no exige el reemplazo de docentes, sí que promueve la idea de que las nuevas tecnologías educativas van a requerir nuevos planteamientos en lo que respecta al profesionalismo del personal docente.

El profesorado tiene que desarrollar competencias no rutinarias que complementen las plataformas digitales y la AIEd. No obstante, Pearson también respalda la estandarización de la enseñanza en escuelas privadas “de bajo costo” en el África subsahariana, la India y regiones del sudeste asiático.

La estandarización del trabajo docente aumenta su susceptibilidad a la automatización, en lugar de promover la complementariedad que necesitamos para hacer efectivos los beneficios de los cambios tecnológicos.

Las nuevas plataformas y algoritmos que Pearson está desarrollando también requieren y generan grandes volúmenes de datos sobre los alumnos. Pearson recaba toda una serie de datos de los clientes, como por ejemplo tareas, trabajo escolar del alumno, respuestas a ejercicios interactivos, resultados, calificaciones y comentarios del instructor, información de los libros que el cliente ha leído o actividades que el cliente ha llevado a cabo.

Estos datos son posteriormente despersonalizados y agregados con objeto de supervisar el uso de los servicios de Pearson, llevar a cabo estudios de investigación educativa, y apoyar el desarrollo estratégico de nuevos productos y servicios.

El consentimiento para la recopilación y uso de los diversos tipos de datos descritos anteriormente no siempre se solicita de manera expresa. Además, el alcance y la índole de la recopilación de datos por parte de Pearson, también en colaboración con grandes empresas tecnológicas como Google, dificulta la comprensión exacta, por parte de los usuarios de sus servicios, respecto a qué datos se recopilan, por parte de quién y con qué fines.

Gran parte de los datos que Pearson genera a partir de sus servicios no parecen estar fácilmente disponibles, a pesar de que la empresa fue en el pasado una firme defensora de los datos educativos abiertos. Si estos datos permanecen encerrados en los silos de corporaciones privadas, resulta imposible hacer efectivos sus posibles beneficios para todos los estudiantes y para la sociedad en general.

Cuando los gobiernos u otras instituciones adquieren los servicios de Pearson, están apoyando la privatización de lo que podría ser un elemento increíblemente valioso de infraestructura pública. Los beneficios sociales del nuevo volumen y diversidad de datos educativos que Pearson está generando podrían mejorarse enormemente si estos fueran abiertos y pudieran compartirse.

Existen otras cuestiones éticas que hay que plantearse acerca de la función de Pearson a la hora de ofrecer una educación para las generaciones futuras. Vivimos en tiempos de incertidumbre en los que quizás nunca hayamos estado menos seguros en cuanto al tipo de conocimientos y competencias que la próxima generación va a necesitar.

No obstante, el planteamiento de Pearson para ofrecer una enseñanza personalizada como un servicio público hará que la pregunta ¿qué deberíamos enseñar hoy en día? se responda de manera parcial y limitada en aras de sus intereses corporativos y las demandas de sus clientes.

Esto va en detrimento tanto de los propósitos sociales de la educación pública como de la  transparencia, consulta y rendición de cuentas que han de caracterizar el debate sobre qué, cómo y para quién enseñamos.

La visión empresarial de Pearson para la educación de las “futuras generaciones”  se basa en trastocar la profesión docente y la escolarización pública, inclusive en el Sur mediante su apoyo a escuelas privadas ”de bajo costo” como Bridge International Academies.

Además, el desarrollo por parte de Pearson de plataformas digitales que le permiten controlar grandes volúmenes de datos sobre el alumnado suscita nuevas inquietudes éticas acerca de su accesibilidad, privacidad, parcialidad y transparencia.

Con ocasión de su Asamblea General Anual de 2019, la visión expresada por la “empresa mundial de la enseñanza” nos da buenos motivos para detenernos a reflexionar sobre los efectos potencialmente perjudiciales de su estrategia para la educación pública a nivel mundial.

Descargar el informe (en inglés):  Pearson 2025: Transforming teaching and privatising education data, por Sellar S. y Hogan A. (2019)

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.