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Mundos de la Educación

La educación en la lengua materna, el pluralismo democrático y la paz social

publicado 26 febrero 2026 actualizado 26 febrero 2026
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A lo largo de toda la historia de la humanidad, la educación no ha sido solo una forma de transmitir conocimientos, sino también una herramienta para modelar la sociedad. Todos los poderes dominantes han intentado llevar su filosofía social a la práctica creando nuevos modelos educativos. En el extremo opuesto, los movimientos en defensa de la libertad también han desarrollado pedagogías alternativas propias. Desde el método socrático del pensamiento crítico de la antigua Grecia al ideal ilustrado de la "educación pública para todas las personas"; desde la educación democrática basada en la experiencia impulsada por John Dewey a la pedagogía emancipadora de Paulo Freire, la educación siempre ha sido una cuestión política. Además de conformar el conocimiento de una persona, influye en su identidad, su sentido de pertenencia y su relación con el mundo.

Por este motivo, existe un vínculo directo entre los planes educativos y las decisiones políticas que determinan qué se enseña, qué identidades se visibilizan y cuáles quedan apartadas. La educación tiene el potencial de formar a una ciudadanía crítica y democrática, pero también de engendrar personas conformistas, obedientes y dóciles. Del mismo modo, puede construir una cultura que reconozca las diferencias o crear condiciones para la exclusión y el conflicto.

La paz en Turquía: de la modernización monolítica al pluralismo

La paz social empieza por la aceptación mutua. Sin embargo, esta no debe limitarse a reconocer la existencia de individuos o pueblos y ha de hacerse extensiva, en las mismas condiciones, a su idioma, cultura, memoria histórica y derechos colectivos. Cuando el reconocimiento es incompleto, no hay igualdad y, sin igualdad, no es posible lograr una paz duradera. En este contexto, el acceso a la educación en la lengua materna trasciende las cuestiones pedagógicas y constituye un derecho político, cultural y ético.

El disfrute de la educación en lengua materna tiene una conexión directa con las políticas de homogeneización que suelen adoptarse en el marco de la construcción de las naciones-estado modernas. Al igual que en otros muchos países, en Turquía este proceso no ha abordado la diversidad cultural y lingüística como pluralidad y riqueza, sino como algo que era necesario estandarizar en torno a una identidad central. A pesar de que este enfoque difiere de las formas clásicas de colonialismo, apunta a un tipo de poder que puede describirse como colonialismo interno: la dominación epistémica y cultural de una identidad central sobre otras culturas periféricas.

En Turquía, la población kurda, armenia, asiria, circasiana, laz, árabe y de otras comunidades se enfrenta a serias restricciones para usar su lengua materna en el ámbito académico. Estas limitaciones son mucho más que decisiones técnicas o administrativas: reflejan una relación de poder forjada a partir del idioma. La estructura monolingüe del sistema educativo reproduce una esfera pública definida por una lengua y una identidad únicas, ignorando y marginando otras realidades lingüísticas. Esta invisibilización es una de las manifestaciones más evidentes de los mecanismos de la hegemonía cultural.

La ausencia de garantías constitucionales para la educación en lengua materna demuestra que el sistema educativo todavía mantiene un carácter monolítico y homogeneizador. El modelo de enseñanza unificado no define a la ciudadanía a través de la diversidad cultural, sino mediante una norma identitaria y lingüística concreta. Por lo tanto, la vigencia formal del principio de igualdad de la población se restringe en la práctica a un marco asimilacionista. No obstante, en una sociedad democrática la educación debería reestructurarse como un derecho público plural, igualitario, científico y multilingüe que respete la libertad de creencias. Esa reestructuración no es una simple reforma pedagógica, encarna una cuestión de justicia histórica y democratización.

Numerosos estudios de los campos de la filología, la psicología, la antropología y las ciencias de la educación ponen de manifiesto que la educación monolingüe exacerba las desigualdades lingüísticas, cognitivas y psicológicas entre la población infantil. Además de colocar al alumnado en una situación de desventaja académica, menoscaba su relación con su identidad cultural. Eso conduce a la pérdida de la confianza a nivel individual y a la exclusión y la alienación a escala social. De este modo, el sistema educativo se convierte en un mecanismo que reproduce las desigualdades en lugar de eliminarlas.

Las jerarquías epistémicas, tan habituales en los modos de pensamiento colonial, elevan ciertos idiomas a una posición "central" y "universal", mientras relegan otros a la categoría de "locales" y "secundarios". El modelo educativo monolingüe que excluye la lengua materna funciona con una lógica similar: el idioma oficial se considera el vehículo del progreso y la vida pública; el resto de las lenguas quedan confinadas al ámbito privado. Este enfoque deja la pluralidad cultural fuera de la esfera pública y refuerza la imagen de sociedad homogénea.

Sin embargo, la investigación demuestra que los niños y las niñas aprenden más rápido en su lengua materna, que logran un desarrollo conceptual más sano y que se refuerza su identidad cultural. La educación en la lengua materna no solo mejora los resultados académicos, también permite que las niñas y los niños se sientan iguales y valorados en la esfera pública.

La paz social duradera es posible no allí donde se eliminan las diferencias, sino donde se reconocen y garantizan institucionalmente. Cuando el sistema educativo deje de actuar como un instrumento de homogeneización y estandarización y se transforme en un medio para impulsar la pluralidad, el principio de igualdad de la ciudadanía adquirirá pleno significado. Reconocer el derecho a la educación en la lengua materna no es un mero cumplimiento de una demanda cultural, es dar un paso fundamental para avanzar hacia un futuro plural en el que una sociedad democrática se libera de remanentes coloniales.

En Eğitim Sen, seguimos luchando por hacer realidad el derecho a la educación en la lengua materna, uno de nuestros principios fundamentales. Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Lengua Materna el 21 de febrero, rendimos homenaje a todos los pueblos y reclamamos la retirada de todas las barreras jurídicas y de facto que impiden la libre existencia y el desarrollo de distintas lenguas maternas y culturas, además de exigir garantías constitucionales que amparen la educación en la lengua materna, una mayor participación local en la educación y un sistema educativo público e igualitario para todos y todas.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.