El Congreso de la Internacional de la Educación en Argentina: Un legado de fuerza y esperanza
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En el 2024, mi país, Argentina, se convirtió en el epicentro de la educación global. Durante una semana, el congreso de la Internacional de la Educación (IE) nos unió a docentes, activistas y sindicalistas de todos los rincones del mundo. La energía era palpable. Como integrante del sindicato ADIA, que forma parte de la Confederación de Educadores Argentinos (CEA), tuve el privilegio de ser testigo de cómo nuestras luchas locales se encontraban con las de nuestros colegas globales. Fue una experiencia que no solo nos llenó de orgullo, sino que también nos recordó el inmenso poder de la solidaridad.
Antes de ese encuentro, a veces sentimos falta de apoyo en nuestras batallas. La lucha por salarios justos, la defensa de la escuela pública y la protección de nuestro trabajo diario pueden ser agotadoras. En Argentina, enfrentamos desafíos constantes: recortes presupuestarios, falta de inversión, precarización laboral y, en muchos casos, una desvalorización de nuestra profesión que duele. A esto se suma la frustración de ver que no hay ningún tipo de mejora en la oferta educativa, lo que limita nuestra capacidad para innovar y ofrecer a nuestro estudiantado la formación que merecen. Pero ese congreso lo cambió todo. Al escuchar a un docente de Sudáfrica hablar sobre la lucha contra la privatización de la educación, o a un colega de Francia relatar sus esfuerzos por mejorar las condiciones de trabajo, nos dimos cuenta de que compartimos desafíos. La misma batalla se libra en diferentes frentes, pero la causa es una sola.
Ese evento no fue un simple intercambio de experiencias; fue una inyección de moral. Recuerdo particularmente las discusiones sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación. Mientras que en algunos lugares se veía con miedo, en otros se debatía cómo usarla para liberar al profesorado de tareas administrativas y permitirles enfocarse en lo que realmente importa: la interacción humana y el desarrollo del pensamiento crítico del estudiantado. Escuchar esas perspectivas nos dio nuevas herramientas y una visión más amplia para enfrentar los desafíos tecnológicos en nuestro propio contexto. Nos demostró que la lucha sindical ya no se limita a las calles, sino que también se da en la esfera de las ideas y la innovación.
Mas de un año después, el legado de ese encuentro sigue vivo en nuestra labor diaria. La fuerza que ganamos en esos días se refleja en la cohesión de nuestra confederación (CEA) y en la forma en que abordamos las negociaciones. Sabemos que nos respalda una red global. Esta conciencia nos empodera y nos da la confianza para seguir adelante, incluso cuando el panorama político o social es adverso. Se ha generado una mayor visibilidad de nuestro sindicato y de nuestra confederación a nivel local y regional. Nuestras acciones son ahora observadas y apoyadas por una comunidad más grande que se extiende más allá de nuestras fronteras.
Este es, en esencia, el poder de la acción colectiva. No se trata solo de conseguir un aumento de sueldo o mejores condiciones de trabajo, aunque son fundamentales. Se trata de recordarnos, y al mundo, que protegemos un derecho humano fundamental. La solidaridad que se forjó en Buenos Aires sigue siendo la luz que nos guía y la fuerza que nos impulsa a seguir defendiendo la educación pública de calidad para todos y todas. La solidaridad nos hace más fuertes. ¡Por la Publica!
Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.