Mensaje de agradecimiento de Cécilé Kohler y Jacques Paris a la Internacional de la Educación y a sus bases
El 8 de abril, sindicalistas de la educación de todo el mundo recibieron con emoción y alegría la noticia de la liberación y el regreso a Francia de Cécile Kohler y Jacques Paris. Cécile y Jacques son dos docentes y sindicalistas de Francia, quienes estuvieron arbitrariamente en detención en condiciones inhumanas en prisiones iraníes durante casi cuatro años. Dirigieron una carta a la Internacional de la Educación y a sus organizaciones afiliadas para agradecer la inquebrantable solidaridad del movimiento sindical mundial de la educación y transmitir un mensaje de esperanza.
Compartimos sus inspiradoras palabras llenas de humanidad, coraje y determinación:
“Ante todo, queremos transmitir nuestro más sincero agradecimiento a la Internacional de la Educación y a su secretario general, David Edwards, por su inquebrantable compromiso para lograr nuestra liberación. Valoramos el inmenso trabajo realizado, en especial en colaboración con el Comité de Libertad Sindical de la Organización Internacional del Trabajo, que ha contribuido a hacerla realidad.
Hemos sido víctimas de desaparición forzada en dos ocasiones. Nos detuvieron el 7 de mayo de 2022 durante una visita turística y nos condujeron al pabellón 209 de la cárcel de Evin, un lugar siniestro bien conocido en Irán como centro de reclusión de un gran número de presos políticos y sindicalistas. No comunicaron a nuestras familias dónde estábamos detenidos hasta octubre de 2022. Tuvimos que esperar seis meses hasta la primera visita consultar y siete para poder hablar por teléfono con nuestros familiares, que durante todo ese tiempo no sabían siquiera si seguíamos con vida. Tras escapar por poco a la muerte en el bombardeo de Evin, el 23 de junio de 2025, nos trasladaron a una prisión secreta cuya ubicación exacta seguimos sin conocer al día de hoy.
Hemos sido víctimas de detención arbitraria. Nos encerraron en el pabellón 209 de la cárcel de Evin, donde interrogan a los prisioneros antes del juicio. Nuestra "detención provisional" en este bloque de alta seguridad se prolongó durante tres años y medio, 1277 días de sufrimiento e incertidumbre. Nunca pudimos ver a los abogados contratados por nuestras familias. Nos juzgó un tribunal de excepción, el tribunal revolucionario, que formuló acusaciones vagas e infundadas en nuestra contra, pero punibles con pena de muerte, como las de "corrupción terrenal" o "espionaje". Tres años y medio después de la detención, nos condenaron a 17 y 20 años de cárcel, respectivamente.
Hemos sufrido interrogatorios y condiciones de detención inhumanas, equiparables, según el derecho internacional, a la tortura. Hemos pasado tres meses de aislamiento total, en aislamiento y en soledad, en una celda de 9 m2. Después de esos tres meses, compartimos celda con otros presos, la mayoría de los cuales no hablaba inglés. Fueron tres años y medio durante los que apenas pudimos dormir, ya que teníamos que hacerlo en el suelo, en una celda equipada con focos encendidos las 24 horas del día.
Durante toda nuestra detención, hemos padecido la arbitrariedad permanente y el terror cotidiano. No teníamos ningún derecho, solo nos concedían raros favores; nuestros torturadores nos permitían vernos o llamar a la familia según les conviniera. Estábamos sometidos a diversas amenazas: la degradación de nuestras condiciones de detención, la cadena perpetua, las amenazas de muerte.
Además, hemos vivido dos guerras iniciadas por Israel y los Estados Unidos, en una clara violación del derecho internacional. Faltó poco para que perdiéramos la vida durante el bombardeo a la cárcel de Evin, en el que murieron 79 personas. Como la población iraní, sufrimos una doble amenaza letal, atrapados entre los fuegos de la ciega represión del régimen y las bombas. Sin el fin de la guerra, sin paz, jamás podrán garantizarse los derechos humanos y los de la clase trabajadora.
Queremos dar testimonio y denunciar. Lo que hemos vivido constituye una violación brutal de los derechos humanos fundamentales. Las convenciones internacionales que protegen esos derechos, y también los laborales, son más esenciales que nunca; hoy nuestra adhesión a esos principios es todavía más sólida.
Reiteramos nuestra total y absoluta solidaridad con todo el personal docente sindicado y todos los sectores de actividad que, en el mundo entero, se ven privados de su derecho a la libertad de pensamiento, expresión y asociación. Nos reafirmamos, en especial, en nuestra solidaridad con el profesorado y el sindicalismo docente iraní, así como con la clase trabajadora y el movimiento sindical de todos los sectores de actividad de Irán. Condenamos con la mayor firmeza la represión perpetrada por la República Islámica, que se ha saldado, sobre todo durante el invierno de 2026, con decenas de miles de muertes. En el momento en el que escribimos estas líneas, continúan los arrestos, las condenas y los ahorcamientos. Queremos expresar nuestro apoyo a todas las personas que son encarceladas y torturadas por ejercer su mandato sindical y por los valores que representan.
Por último, deseamos transmitir un mensaje de esperanza. A pesar del trato deshumanizante que nos han infligido, no han conseguido doblegarnos. Nunca hemos estado en soledad porque teníamos apoyo, porque estaban a nuestro lado. Miramos al futuro, entregándonos sin reservas a la lucha por los derechos fundamentales.
Enviamos un fraternal saludo a todas las personas que componen la Internacional de la Educación.
¡Viva la libertad sindical!”
Cécile Kohler y Jacques Paris