Apoyar al personal docente, eje central de la educación en situaciones de emergencia
En vísperas de la reposición del fondo “La educación no puede esperar” (Education Cannot Wait - ECW), prevista para finales de este año, la directora Maysa Jalbout hace hincapié en la necesidad de que gobiernos y donantes dejen de tratar a los y las docentes en situaciones de crisis como “invisibles”, y colaboren con los sindicatos de la educación para evaluar y mejorar el bienestar, la seguridad y la dignidad profesional del personal docente.
En su intervención ante el Consejo Ejecutivo de la Internacional de la Educación (IE) el 22 de abril de 2026, Jalbout afirmó que sin docentes no puede haber una respuesta significativa en materia de educación en situaciones de crisis; y que sin derechos, protección y una financiación pública predecible, no puede haber resiliencia por parte de los y las docentes.

Explicó a los y las dirigentes de sindicatos de la educación de todo el mundo que “los retos son estructurales, y son elecciones políticas”, argumentando que la comunidad internacional debe decidir si los y las docentes en contextos de crisis van a “seguir siendo invisibles” o se les va a situar “en el eje central de nuestra respuesta”.
Los y las docentes no son “implementadores/as”, sino la base de la justicia y la paz
Jalbout recalcó a continuación que los educadores y las educadoras “no son simplemente implementadores/as de políticas, sino que constituyen la propia base de la justicia, la dignidad y la paz”.
“Si realmente queremos transformar el planeta, debemos empezar por garantizar el acceso a una educación segura, inclusiva y de calidad. Y para eso hay que empezar por restablecer la dignidad, la autonomía y el bienestar del personal docente”, señaló.
Un fracaso político… y un fracaso moral
Jalbout también describió lo que denominó un “momento de profunda contradicción”: la comunidad internacional habla de reconstruir sociedades y estabilizar comunidades, pero “precisamente en los lugares donde estas son más frágiles, se permite que la profesión docente se erosione”.
Señaló diversos contextos en los que los educadores y las educadoras tienen que trabajar bajo presiones extremas, como es el caso de Gaza, Sudán, Líbano, Ucrania, Yemen y el Cuerno de África: “Allí, los y las docentes no son solo educadores y educadoras: son supervivientes. Son los/las primeros/as en responder. Son muchas veces la última línea de defensa entre los niños y las niñas y la desesperación”.
Añadió que “más de 234 millones de niños y niñas en contextos afectados por crisis necesitan apoyo educativo urgente”, puesto que sus escuelas están destruidas, los salarios del personal docente han desaparecido y su seguridad no está garantizada. “Esto no es solo un fracaso político. Es un fracaso moral”, afirmó.

Del acceso a la dignidad: evaluar el bienestar del profesorado en situaciones de emergencia
Un elemento fundamental del rumbo actual de “La educación no puede esperar” (ECW, por sus siglas en inglés) –explicó Jalbout al Consejo Ejecutivo– es un marco de rendición de cuentas más sólido para los resultados relacionados con el personal docente: “Por primera vez en su Plan Estratégico 2027-2030, ECW se responsabilizará no solo del aprendizaje de los niños y las niñas, sino también de conseguir mejoras cuantificables en lo que respecta al bienestar, la motivación y/o la capacidad social y emocional del profesorado”.
Jalbout mencionó como objetivo que “el 80% de los programas plurianuales de ECW que reciban apoyo alcancen estos resultados”.
En otras palabras: “El aprendizaje no puede recuperarse sin la recuperación del personal docente. El sistema no puede ser resiliente sin la resiliencia del personal docente”.
Acciones pasadas y futuras de ECW
Jalbout señaló que, desde su creación, ECW ha prestado apoyo “a más de 180.000 docentes en términos económicos y a 220.000 docentes en términos de formación”.
Sin embargo, la siguiente etapa debe ser más holística y más política –señaló–. Un apoyo que vaya más allá de breves cursos de formación y que incluya “su salud mental, su seguridad, su dignidad profesional y su capacidad para permanecer en la profesión”.
Tres propuestas para consolidar la colaboración entre la IE y ECW
A continuación, Jalbout propuso una colaboración más estructurada entre ECW y la IE, que incluiría tres vías de colaboración:
En primer lugar, solicitó el establecimiento de un diálogo estructurado entre ECW y la IE “para informar sobre cómo se mide el bienestar del personal docente en contextos de crisis”, “recurriendo directamente a las organizaciones afiliadas a la IE en lugares como Gaza, Sudán y el Líbano”.
En segundo lugar, mencionó que ECW incorpore sistemáticamente las opiniones de los y las docentes en el diseño de los programas, “no como consultas al margen, sino como parte del proceso de establecimiento de prioridades”, incluyendo la participación de los y las docentes a escala nacional en los programas respaldados por ECW.
En tercer lugar, propuso “armonizar nuestra labor de incidencia de cara a los gobiernos antes de la reposición del fondo ECW”, de modo que las peticiones de financiación exijan también “un apoyo más predecible y coordinado para que los y las docentes puedan permanecer en sus puestos, cobrar y trabajar con dignidad”.
El Consejo Ejecutivo de la IE acogió con satisfacción sus comentarios y su disposición a colaborar para reforzar la voz del personal docente con el fin de mejorar su situación y su bienestar en situaciones de emergencia.
“En todas las crisis, los y las docentes hacen mucho más que enseñar”
Al concluir su intervención, Jalbout volvió a referirse al papel que desempeñan los y las docentes cuando las instituciones colapsan y las comunidades se ven amenazadas. “En todas las crisis, los y las docentes hacen mucho más que enseñar. Son portadores/as de esperanza. Protegen la posibilidad de un futuro”, afirmó. “Si nos unimos a ellos y ellas –juntos/as–, hacemos mucho más que apoyar la educación: ayudamos a restablecer la dignidad, la estabilidad y los cimientos de la paz”.
“La educación no puede esperar” (ECW) es el fondo mundial de mil millones de dólares de las Naciones Unidas para la educación en situaciones de emergencia y crisis prolongadas. Apoya y protege el aprendizaje integral de niñas y niños refugiados/as, desplazados/as internos/as y afectados/as por otras crisis, para que nadie se quede atrás. Su objetivo es hacer posible un mundo en el que todos/as los niños y las niñas y jóvenes afectados/as por situaciones de crisis puedan estudiar de forma gratuita –en condiciones de seguridad y sin miedo– para crecer y desarrollar todo su potencial.