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Mundos de la Educación

Security control point of the Israel Defense Forces at the entrance of Ramallah, West Bank, Palestine
Security control point of the Israel Defense Forces at the entrance of Ramallah, West Bank, Palestine

El paso por los controles militares como único camino para llegar a la escuela: la lucha diaria de una docente palestina

publicado 7 agosto 2026 actualizado 7 agosto 2026
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Me llamo Areej Awadallah, soy profesora de geografía y no solamente señalo fronteras en los mapas, sino que me esfuerzo por inculcar un sentido de identidad en las mentes de mis estudiantes. Hoy me dirijo a ustedes para compartir algunos capítulos de una historia que refleja la realidad de todo el profesorado de Palestina, una historia en la que se entrelazan la ansiedad y la esperanza, las dificultades cotidianas y la determinación.

Cuento con diez años de experiencia profesional en el sector de la educación, durante los cuales he trabajado tanto en escuelas privadas como públicas. Esta enriquecedora trayectoria profesional me ha permitido comprender plenamente las diversas necesidades de nuestro alumnado y ha reforzado mi convicción de que la educación en Palestina no es simplemente una profesión para ganarse la vida, sino más bien una misión, un acto de esperanza inquebrantable y la herramienta más poderosa para desarrollar el potencial humano y generar cambios.

Esta pasión que siento por mi profesión me ha llevado a seguir ampliando mis conocimientos y habilidades académicos. Actualmente estoy cursando un máster en administración y supervisión educativa. Gracias a esta especialización, espero desarrollar una visión estratégica que contribuya a impulsar el sistema educativo palestino, fortalecer los mecanismos de liderazgo educativo digital y aplicar enfoques de gestión modernos para brindar apoyo a los centros educativos en tiempos de crisis.

Además de mi labor diaria en el aula y de mis estudios académicos, me siento muy orgullosa de participar activamente en el General Union of Palestinian Teachers (Sindicato General de Docentes Palestinos - GUPT), nuestro organismo profesional y sindical, que representa nuestra voz colectiva, da a conocer nuestras preocupaciones y defiende nuestras aspiraciones ante el mundo.

La lucha diaria por llegar a la escuela

La descripción de un día cualquiera de mi vida como docente en Palestina puede parecer inimaginable para quienes viven en otros lugares en circunstancias normales. Un nuevo capítulo de mi lucha profesional y personal comenzó cuando me destinaron a una escuela lejos de la gobernación de donde provengo, Ramala, concretamente a la localidad de Al-Eizariya. Desde entonces, el trayecto que recorro cada día para llegar a mi trabajo se ha convertido en una tarea agotadora y arriesgada; una auténtica batalla, ya que tengo que sortear los numerosos obstáculos que suponen los controles militares israelíes que rodean la zona.

Mi día empieza muy temprano por la mañana, pero no con la preparación de las clases, sino con pensamientos ansiosos sobre el estado en que se encontrarán las carreteras y con la búsqueda en las redes sociales de la ruta más segura y accesible para llegar a la escuela. Todos los días paso por los puestos de control de Kalandia, Jaba, Hizma y Za’im. Estas barreras militares han dejado de ser unos meros puestos de control para convertirse en instrumentos que nos roban tiempo, energía y la sensación de seguridad.

En muchas ocasiones, estos puestos de control se cierran de forma repentina o se congestionan durante horas, lo que me impide llegar a mi centro educativo y reunirme con mis estudiantes. Esta dura realidad me provoca un agotamiento físico, económico y psicológico extremo. La carga física proviene de las largas y agotadoras horas de espera. La carga económica se debe a que tengo que utilizar rutas alternativas y pagar unos gastos de transporte más elevados, lo cual consume una parte considerable de mis ingresos. Sin embargo, el impacto más profundo es psicológico: el estrés y la inseguridad constantes que conllevan los trayectos al tener que desplazarme bajo la amenaza permanente de llegar tarde, quedarme retenida o correr peligro.

Todo esto genera una presión adicional en el entorno educativo. ¿Cómo puede una docente que soporta tales cargas físicas y emocionales entrar en el aula con toda su energía y concentración? Este es el reto diario al que nos enfrentamos mientras nos esforzamos por superar nuestras dificultades por el bien de nuestro alumnado.

No nos rendimos: desarrollamos nuestras habilidades y fortalecemos nuestro sindicato

Ante esta acumulación de retos y presiones día tras día, mi participación en los programas de formación organizados por el General Union of Palestinian Teachers (GUPT) supuso un rayo de esperanza y un salvavidas justo en el momento oportuno. Recientemente, participé en un programa de formación desarrollado por el sindicato titulado «Empoderar a las mujeres docentes en el aprendizaje socioemocional, el aprendizaje digital y la inteligencia artificial», que forma parte del proyecto «Iniciativa de empoderamiento docente: la reconstrucción de la esperanza en Palestina».

Este programa destacó por la integración de varios componentes esenciales: el aprendizaje socioemocional (ASE), el aprendizaje digital, la teoría de las inteligencias múltiples y las aplicaciones de la inteligencia artificial.

Esta combinación supuso una transformación estratégica en mi práctica profesional y me dotó de unos conocimientos pedagógicos únicos para afrontar la realidad de una forma más eficaz.

A través del componente de aprendizaje socioemocional (inteligencia emocional), descubrí herramientas prácticas y estrategias psicológicas para gestionar mi estrés personal como docente, protegerme del agotamiento profesional causado por las dificultades que supone tener que desplazarme a través de los puestos de control, y separar estas presiones de mi desempeño en el aula. La formación también mejoró mi capacidad de comprender y apoyar emocionalmente a mi alumnado, de transformar sus miedos en motivación y de conseguir que el aula pasara de ser un mero espacio de enseñanza académica a convertirse en un entorno acogedor y seguro que ofrece apoyo psicosocial y ayuda a superar los efectos del miedo y la ansiedad.

Gracias al componente de aprendizaje digital e inteligencias múltiples, logré mejorar mis conocimientos sobre las diferencias visuales, lingüísticas, cenestésicas, lógicas e intuitivas que existen entre el alumnado. Esto me permitió alejarme de los métodos de evaluación tradicionales, que pueden pasar por alto las fortalezas únicas de cada estudiante, y diseñar, en su lugar, recursos digitales de aprendizaje que reconocen las capacidades propias de cada alumna y alumno, fortalecen la autoconfianza y se adaptan al ritmo de la transformación digital actual.

En cuanto a la integración innovadora de la inteligencia artificial (IA), he adquirido habilidades tecnológicas avanzadas como diseñadora de programas educativos. Ahora utilizo herramientas de IA para generar contenidos interactivos, actividades de aprendizaje personalizadas y juegos digitales que abordan diversas necesidades de aprendizaje de manera rápida y eficaz. Este aspecto del programa demuestra al mundo que el colectivo docente palestino, a pesar del asedio y las restricciones, no se rinde ante la dureza de la realidad ni se queda de brazos cruzados. Al contrario, utiliza las últimas tecnologías globales para ponerlas al servicio de la educación y reconstruir la esperanza.

Más allá de los límites de este programa de formación, la camaradería se ha convertido en una viva realidad. Mis compañeros y compañeras docentes y yo compartimos cada día el peso de este difícil periodo. Nos apoyamos mutuamente cuando el cierre de los puestos de control obliga a algún miembro del equipo docente a faltar al trabajo; quienes logran llegar a la escuela se hacen cargo de las clases del profesorado ausente, evitando así que el alumnado pierda valiosas oportunidades de aprendizaje. Intercambiamos experiencias y nos brindamos apoyo emocional continuo para ayudarnos a aliviar el estrés.

En este sentido, el papel que desempeña el sindicato resulta especialmente evidente. No se trata simplemente de una organización que defiende los derechos laborales, sino de un escudo protector y de una fuerza impulsora que invierte en nuestra resiliencia profesional e intelectual, haciéndonos sentir que formamos parte de un colectivo unido que no abandona a sus integrantes sobre el terreno.

Contamos con apoyo: la solidaridad más allá de las fronteras

La solidaridad internacional de los sindicatos de la educación y de nuestros compañeros y compañeras docentes de todo el mundo alimenta nuestra resiliencia y nuestra unidad. Todo este apoyo y defensa del colectivo docente y la educación palestinos en estos tiempos difíciles revisten una enorme importancia moral tanto para nuestra comunidad como para nuestro alumnado. Transmiten el poderoso mensaje de que no somos personas que están aisladas tras los puestos de control, de que nuestras voces y nuestro sufrimiento se escuchan en los foros internacionales, y de que nuestra causa educativa y humanitaria sigue viva.

Cuando nuestro alumnado oye hablar de la solidaridad que muestran las y los docentes de otros países, se llena de esperanza y recupera la confianza en que le espera un futuro mejor más allá de las limitaciones impuestas por el asedio y la presión militar.

En conclusión, el mensaje que quiero transmitir desde mi aula y desde cada uno de los puestos de control al conjunto de docentes de todo el mundo es el siguiente:

La educación es la forma más noble de resistencia y compromiso. Es la herramienta más poderosa para cambiar el mundo. En Palestina, defendemos el derecho de nuestra infancia a aprender, crear e innovar, porque ese es el camino hacia la vida y la esperanza para nuestra nación.

Quisiera hacerles un llamamiento, en calidad de compañeros y compañeras de profesión con quienes comparto esta misión tan profundamente humana, para que sigan dando voz al colectivo docente palestino. Les pido que compartan las historias de resiliencia de nuestro alumnado y profesorado. Y que den a conocer la realidad de las dificultades y presiones que soportamos cada día en los puestos de control de toda Palestina.

No buscamos compasión. Aspiramos, más bien, a una solidaridad profesional y humana genuina, a intercambios significativos de conocimientos y tecnología, y a un apoyo sindical internacional que respalde nuestra libertad de movimiento y el derecho de nuestra infancia a disponer de un entorno educativo seguro y estable.

No dejen de apoyarnos y mantengan viva la llama del conocimiento para todos y todas. Si no existe una creencia compartida sobre el valor y la dignidad de cada ser humano, la esperanza nunca triunfará sobre la oscuridad.

Muchas gracias por su solidaridad y apoyo.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.