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Mundos de la Educación

De Afganistán al mundo: La solidaridad mantiene viva la esperanza

publicado 14 agosto 2026 actualizado 14 agosto 2026
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Tengo 44 años y soy licenciado en química. Doy clases en un instituto de Kabul y llevo 20 años trabajando como docente.

El profesorado de mi país está entre los colectivos más pobres de la sociedad, y solo eso ya basta para afrontar cada día con desánimo. Pero no es lo único. Cuando no puedes alzar la voz por tus derechos humanos ni reclamar tus derechos civiles o afrontar tus dificultades económicas, la vida se convierte en una carga pesada.

Nuestros salarios no cubren el coste de una vida digna para nosotros y nuestras familias. Me preocupa no poder hacer frente a gastos básicos como la alimentación y el transporte, por no hablar de los gastos imprevistos. Y lo peor es que, bajo un régimen autoritario, no tenemos recursos ni a quién acudir para mejorar nuestra situación. No tenemos acceso a derechos sociales y civiles básicos, y reclamarlos pone en riesgo nuestra seguridad y la de nuestras familias. La presión y el estrés no dan tregua y no parece haber un final cercano.

Como docente, me rompe el corazón ver cómo la situación actual afecta a mis estudiantes. En el instituto deberían estar llenarse de optimismo y de proyectos de futuro. Sin embargo, lo que veo cada día es una generación desmotivada, a la que le cuesta imaginar un futuro que le ilusione. Solo conocen la privación y la falta de libertad, y me gustaría transmitirles una visión diferente del futuro. La educación es un acto de esperanza, pero ante un aula llena de personas jóvenes desanimadas, resulta casi imposible mantener el optimismo. Tampoco ayuda que nuestras escuelas no estén en condiciones y que falten materiales educativos básicos.

Mis estudiantes pueden estar sufrir desmotivación, pero al menos tienen la oportunidad de seguir estudiando. En cambio, a las niñas se les está negando su derecho a la educación y la mayoría de sus derechos humanos.

Todos nos sentimos en una pesadilla sin escape.

Desde que el régimen actual asumió el poder, las organizaciones civiles y sociales han visto muy limitado su margen de actuación, sobre todo en el caso del personal empleado por el Gobierno, y cada vez es más difícil apoyar al profesorado y al estudiantado. Pero no nos rendimos. Nuestro sindicato sigue trabajando, a pesar de los riesgos y contra todas las dificultades. El sindicato ha hecho todo lo posible por abordar los problemas personales y profesionales del profesorado y mantener el contacto con las autoridades locales. Uno de los mejores ejemplos de ello fue la coordinación de ayuda de colegas de otros países para las víctimas del último terremoto en la provincia de Kunar. Esta iniciativa no solo demostró que la solidaridad entre el profesorado afgano sigue siendo fuerte y eficaz, sino también que nuestros colegas de otros países no nos han olvidado.

Esta solidaridad mundial tiene un valor y una importancia enormes para nosotros. Es como un soplo de aire fresco. Mantiene viva la esperanza. La esperanza de que nuestras niñas puedan volver a la escuela. La esperanza de que las compañeras docentes puedan volver junto a sus estudiantes y a sus aulas. La esperanza de que nuestro país cambie para mejor.

Mi mensaje a nuestros colegas de todo el mundo es sencillo: que hagan oír nuestra voz, apoyen al alumnado y al profesorado de Afganistán y contribuyan a defender el derecho de las niñas a la educación, el derecho del profesorado a una vida digna y la libertad de nuestro pueblo. Que nos ayuden a creer en un futuro mejor para todos y todas.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.