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Utilizar la investigación en el diseño de políticas.

publicado 12 julio 2013 actualizado 30 julio 2013
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Les preguntamos al Catedrático Emérito John MacBeath y al Catedrático Maurice Galton de la Universidad de Cambridge que nos digan lo que piensan sobre la historia reciente de la suerte que ha corrido la investigación para la educación comisionada por el Gobierno inglés, concretamente con relación a las reformas de la pedagogía y los planes de estudio. John y Maurice son líderes mundiales en investigación sobre autoevaluación y liderazgo escolar y educación primaria.

Consideramos que este campo de estudio es fundamental para la profesión docente en general, puesto que los Gobiernos están afirmando con mayor frecuencia que sus reformas educativas se basan en la evidencia aportada por la investigación procedente de otros países y de estudios internacionales. Nos gustaría que esto fuera el principio de una serie. Queremos saber lo que usted opina sobre el uso de la evidencia en el diseño de las políticas educativas y si considera que se está utilizando de manera parcial, como una mera arma para imponer reformas políticamente motivadas, o si se está utilizando como base para que gobiernos y docentes por igual mejoren realmente la enseñanza.

En la educación la historia se repite

La práctica basada en la evidencia es un término que a los políticos les encanta utilizar a la hora de justificar sus políticas educativas. En el Reino Unido, durante la década de 1980, bajo el gobierno de la Primera Ministra Margaret Thatcher, uno de los principales partidarios del movimiento de las escuelas eficaces, David Reynolds, fue enviado a Taiwán para averiguar cómo es que el país había obtenido tan buenos resultados en las clasificaciones de evaluación internacional. Concluyó que había sido gracias a la enseñanza frontal, a pesar de que muchos otros países asiáticos donde predominaba la enseñanza frontal ocuparan no obstante los últimos puestos de las clasificaciones internacionales. En cualquier caso, se encomendó a los docentes de enseñanza primaria de toda Inglaterra y Gales que dedicaran el 60% de cada clase al uso de dicha forma de enseñanza. Una buena parte de esta política siguió siendo implementada, aunque de maneras distintas, por el siguiente Gobierno laborista y su Director de la Unidad de Normas, Michael Barber. Después, con el regreso de los conservadores en coalición con los demócratas liberales, se comisionó otro informe para determinar las lecciones que se han de aprender de los países asiáticos destacados. El informe, escrito por Tim Oates  de Cambridge Assessment, el grupo de evaluación educativa internacional de la Universidad, afirma que esta vez, al parecer, la clave del éxito reside en la manera en que el plan de estudios se presenta a través de los libros de texto y a cómo se ajusta a los procedimientos de evaluación.

Los Ministros ingleses rechazan con frecuencia el asesoramiento de los expertos. Un ejemplo es la creación del primer Plan Nacional de Estudios para Inglaterra. El comité de expertos del por aquel entonces Gobierno conservador, del cual Maurice Galton, uno de los autores de este artículo, era miembro, recomendó integrar las asignaturas dentro de un núcleo de matemáticas, inglés y ciencias para adaptar así un plan de estudios equilibrado que permitiera dedicar tiempo a asignaturas creativas como el arte, el teatro y la música. La propuesta fue rechazada, el comité fue sumariamente destituido y el borrador de su informe volvió a ser redactado íntegramente por una agencia del Gobierno. Sin embargo, tres años después de la introducción del nuevo Plan Nacional de Estudios, el Gobierno tuvo que nombrar a un técnico, Ron Dearing, para reducir la sobrecarga resultante de los planes de estudios. Otro ejemplo sucedió cuando un Ministro conservador invitó al académico mundialmente reconocido Robin Alexander para que se uniera a lo que más tarde pasaría a denominarse los “tres hombres sabios”, con el fin de hacer recomendaciones sobre la enseñanza primaria una vez examinadas las investigaciones existentes. Posteriormente, Alexander describió cómo la mayor parte de lo que había escrito en borrador fue enmendado por el entonces Inspector Jefe, Chris Woodhead, a fin de reflejar la vendetta del Gobierno contra lo que ellos consideraban unas prácticas centradas en los niños, las cuales incluían, por ejemplo, el uso del trabajo cooperativo en grupo.

El Gobierno laborista entrante de 1997 resultó ser igualmente selectivo en su uso de la evidencia, como lo confirma el otro autor de este artículo, John MacBeath. Su condición de miembro del Grupo de trabajo sobre Normas del Gobierno fue beneficiosa. Creado poco después de la llegada al poder en 1997 del Nuevo Partido Laborista como un foro para el discurso político abierto, no tardó en quedar claro que los límites de los puntos de vista considerados admisibles ya estaban establecidos. Las herejías recibían, en el mejor de los casos, una audiencia superficial y cortés. Incluso como caja de resonancia para políticas en estado embrionario, el Grupo demostró no ofrecer más que falsas promesas, puesto que incluso su Presidente, el Ministro del Educación David Blunkett, se encontró excluido por prioridades definidas y pactadas en torno a la mesa de la cocina de la oficina del Primer Ministro. Blunkett tuvo que aceptar a regañadientes la permanencia de Chris Woodhead en el Gobierno.

¿Expertos, pero al final no tanto?

Y para actualizar la saga, Andrew Pollard y Mary James, investigadores de la Universidad de Cambridge con amplia experiencia de trabajo en el ámbito de los planes de estudios y el asesoramiento, fueron nombrados por el actual Secretario de Educación, Michael Gove para dirigir un panel de expertos que proporcionara asesoramiento sobre las reformas de los planes de estudios de las escuelas siguiendo el informe de Oates. Se encontraron con que sus recomendaciones sobre un plan de estudios amplio y equilibrado estaban siendo ignoradas, hasta tal punto que las artes corrían el peligro de quedar completamente excluidas, y que se estaba haciendo caso omiso de los borradores de los programas de estudio de otras asignaturas, lo cuales eran reemplazados por otros elaborados por el Gobierno. En su carta conjunta de dimisión, Pollard y James justifican su decisión debido a su preocupación

“con la dirección que el Ministerio [de Educación] parece estar tomando. Algunas de estas direcciones se oponen abiertamente a la evidencia del Reino Unido y a escala internacional, y a nuestro parecer no pueden ser justificadas desde el punto de vista educativo.”

Las verdaderas lecciones de las comparaciones internacionales

En realidad, la experiencia nos indica que las lecciones que se han de aprender de los países de y en torno a la Cuenca del Pacífico y de otras partes del mundo son muy distintas a las absorbidas por el Gobierno del Reino Unido, que parece seleccionar únicamente la evidencia que apoya sus tendencias ideológicas.

En Singapur, por ejemplo, las reformas como “Enseñar menos: aprender más” han estado basadas en una creciente comprensión, apoyada por la investigación, de que la cooperación, la asunción de riesgos y el pensamiento estratégico son elementos fundamentales en la educación de los jóvenes; y que en una sociedad “basada en la información”, el“saber cómo” acceder a la información es más importante que el“saber qué”. Singapur ha invertido millones de dólares para tratar de implementar estos cambios en la pedagogía, cambios que implican una interacción mucho mayor por parte de los estudiantes.

En Hong Kong, la dirección de la reforma Aprender a aprender adopta una perspectiva parecida para la educación del siglo XXI. A nivel de primaria, Hong Kong ha reducido el tamaño de sus aulas, pasando de unos 38 a 20-25 alumnos, tratando resueltamente de alcanzar un cambio pedagógico parecido al de Singapur. Siguiendo las recomendaciones de los investigadores, en la mayoría de las iniciativas de planes de estudio se han integrado a presente seis principios pedagógicos basados en un enfoque social constructivista. En la enseñanza secundaria superior y en la universidad, el antiguo sistema 3-4-3 heredado de los británicos ha sido reemplazado por el sistema 3-3-4, de manera que las pruebas de nivel “ordinario” y “avanzado” que se hacen a los 16 y 18 años respectivamente han sido suprimidas y reemplazadas por un diploma único de terminación de estudios que se obtiene a los 17 años de edad. Los cursos universitarios de cuatro años disponen ahora de un año preparatorio flexible. Los que en un primer momento no consiguen acceder a la universidad pueden seguir un curso mientras los estudiantes del primer año hacen el año preparatorio, y si obtienen el título pueden acceder al programa universitario en el segundo año de carrera.

En Hong Kong, una característica destacada de la investigación, incluida la investigación financiada por el Gobierno, es la atención que se presta a las conclusiones de los expertos y la voluntad para adoptar las recomendaciones de los investigadores. Los comentarios burlones acerca de los “académicos” y la investigación universitaria, como los que prevalecieron durante y después de los años de Thatcher en el Reino Unido, es una noción alienígena en ambos sentidos de la palabra.

En algunos países en desarrollo también, el asesoramiento de los expertos parece contar más que lo que cuenta en el Reino Unido. Por ejemplo, el Ministro de Ghana ha adoptado los Principios de liderazgo para el aprendizaje, que fueron objeto de investigaciones por parte de un equipo de Cambridge a lo largo de tres años y medio en dicho país.

Mientras que la “cuidadosa selección” de los resultados de las investigaciones relativas a la eficacia de las escuelas se ha puesto al servicio de las iniciativas gubernamentales preconcebidas, otros países menos abiertos a un diálogo investigador-política, incluidos los denominados países “en desarrollo”, han adoptado con frecuencia una actitud menos doctrinaria ante la comunidad de investigación. Y en algunos de los países de alto rendimiento, como Finlandia, Singapur y Nueva Zelandia, existe un enfoque más matizado a los “efectos” de las escuelas y a los resultados de la investigación en general. Resulta interesante observar que en Nueva Zelandia, el propio equipo del Ministerio de Educación, dirigido por el Catedrático Alton Lee, no sólo lee a conciencia todos los documentos estudiados – a diferencia de los análisis que se basan únicamente en los resúmenes – sino que después envía las conclusiones para someterlas a nuevas pruebas en las escuelas, de manera que la teoría y los resultados empíricos sean triangulados con la práctica en las aulas – un enfoque muy distinto al que se ha puesto al servicio de la política en países como el Reino Unido.

En cambio en Inglaterra, después de un año y medio de trabajo sobre la reforma de los planes de estudio, la mayor parte de las recomendaciones de su grupo de expertos han sido ignoradas por el Gobierno. Así que después de haber nombrado a los principales expertos del país en materia de planes de estudios y evaluación, el Ministro obviamente decide que él sabe más, puesto que él mismo ha ido la escuela. Los resultados de su investigación se basan efectivamente en una muestra estratificada de un solo elemento. ¿Utilizar la investigación en el diseño de políticas? Pues tal vez no.