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La promesa de la educación como un derecho humano universal (1/2)

publicado 24 abril 2017 actualizado 24 abril 2017

En 2018, el Banco Mundial hará público el primero de sus informes sobre el desarrollo mundial centrado exclusivamente en la educación, cuyo título provisional es Hacer realidad la promesa de la educación al servicio del desarrollo . El documento está disponible en la web del Banco Mundial y los responsables del informe han organizado unas consultas, a modo de grupos de discusión, para recabar las opiniones de la comunidad internacional de la educación para el desarrollo. El IDM 2018 configurará la narrativa y la política del Banco Mundial en materia educativa, de ahí la importancia de examinar con ojo crítico el discurso y las intenciones de este documento y hacer un seguimiento de su evolución a lo largo de las diversas consultas. Les presentamos el primero de los dos breves análisis sobre la Nota Conceptual del IDM 2018, que dedicaremos a los derechos humanos y la igualdad de género.

El IDM 2018 afirma que “la agenda educativa es fundamentalmente una agenda de igualdad; promover el aprendizaje es esencial para cumplir el derecho humano universal a la educación de una forma efectiva” (p. 11). Sin embargo, la Nota Conceptual ofrece una definición muy exigua de los derechos humanos, como el derecho a la educación (acceso), y presta menos atención a los derechos dentro de la educación y los derechos a través de la educación.

Los derechos educativos y la promesa de la educación para reducir la pobreza y avanzar hacia la igualdad de género se conciben y miden principalmente en términos de desarrollo de capacidades y rendimiento de la inversión. Por ejemplo, el IDM 2018 habla de la “promesa de la educación” para cerrar “las brechas sociales vinculadas al género, la discapacidad y otras formas de exclusión”, en términos de “capital humano acumulado a través de la escolarización y el aumento resultante de la productividad” y sugiere que “las personas con más competencias son más capaces de aprovechar las nuevas tecnologías y las nuevas oportunidades de trabajo” (p. 5-6). La Nota Conceptual considera la enseñanza de competencias profesionales y para el empleo como una respuesta a las demandas del mercado, algo que resulta problemático en sí mismo, especialmente en países con una elevada tasa de desempleo y una elevada tasa de empleos informales.

Si se pone el foco en responder a las demandas del mercado, en lugar de a las necesidades humanas, el compromiso del Banco Mundial con lo que denomina la agenda educativa no estará al servicio de la realización de los derechos humanos universales. A pesar de ello, uno de los cuatro temas de la Nota Conceptual aborda la métrica del aprendizaje para este propósito: “Un compromiso serio con la enseñanza implica medir el aprendizaje sistemáticamente y utilizar dicha métrica para guiar las inversiones y políticas” (p. 2). El documento destaca la crisis mundial de la educación —o la falta de aprendizaje en las escuelas, a pesar de haberse alcanzado una educación prácticamente universal en muchos países​— y señala para ilustrarla los resultados de las pruebas PASEC y PISA. [1] La Nota Conceptual propone nuevas métricas del aprendizaje para responder a “la crisis de la educación” y sus causas. Sin menoscabar la importancia que tiene medir la consecución de los objetivos marcados, si la alfabetización se mide basándose en la capacidad del estudiante de “leer una palabra en un texto breve”, se estará obviando el tipo de alfabetización crítica necesaria para una lucha emancipatoria y para la transformación social, o al menos ésta no se está midiendo.

Es más, se considera que una de las principales causas de la crisis de la educación son los malos docentes, las deficiencias en la gobernanza e infraestructura escolar y la falta de preparación de estudiantes y sus familias. La incompetencia docente y la falta de responsabilidad de las escuelas se han convertido en el chivo expiatorio fácil y predecible de los defensores de la reforma neoliberal de la educación en todo el mundo. Dado el apoyo de los bancos a la privatización, no nos sorprende que se señale a los docentes y al gasto gubernamental como artífices de la crisis. Sin embargo, el Banco Mundial no reconoce los problemas contextuales de mayor calado, como la pobreza, la falta de alimentos y de transporte, la mala infraestructura educativa, la sobrecarga de trabajo de los docentes, las aulas atestadas de estudiantes y otros factores sociopolíticos y socioeconómicos que pueden influir en la decisión parental sobre la escolarización, así como en el aprendizaje de los estudiantes en las escuelas. De hecho, muchas de las políticas del Banco Mundial apoyan la escolarización de pago y los intentos de privatización, lo cual va en detrimento del derecho humano a una educación libre y pública.

Aplicar un enfoque restrictivo a las métricas y la medición resalta las demandas del mercado sobre las necesidades humanas y olvida que las escuelas, como instituciones sociales, existen e interactúan con otros entes sociales y económicos, para reducir o reproducir las desigualdades. Sencillamente, si se continúa utilizando la misma receta limitada hacia el desarrollo ​—como un fin puramente económico en apoyo de la economía capitalista patriarcal​—, la educación continuará incumpliendo la promesa de ser un derecho humano universal, capaz de materializar la prosperidad compartida y de acabar con la pobreza mundial, sobre todo de las personas más marginadas por los sistemas políticos, económicos y sociales vigentes.

En nuestro segundo análisis exploraremos la conceptualización de la igualdad de género en la nota conceptual del IDM 2018.

[1] World Bank. 2016. World Development Report 2018: realizing the promise of education for development - concept note. Washington, D.C.: World Bank Group.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.