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“Millones de docentes piden a los gobiernos del mundo dar prioridad a la educación climática de calidad”, por David Edwards y Kathleen Rogers.

por: David Edwards Kathleen Rogers publicado 2021-04-23 actualizado 2021-04-27

Los gobiernos de todo el mundo están subestimando dos de las herramientas más poderosas en la lucha contra el cambio climático y la creación de sociedades justas y sostenibles: el profesorado y el alumnado.

Si la humanidad pretende desde hoy evitar las peores consecuencias del calentamiento global y hacer progresar rápidamente las economías verdes, limpias y sostenibles del mañana, tiene que empezar por la escuela.

Ya en 1992, cuando las naciones se unieron para firmar el primer acuerdo climático de la ONU, los líderes mundiales pusieron de relieve que la educación debe ser parte de la respuesta.

Actualmente demasiadas escuelas en todo el mundo siguen estando casi al margen de ese plan audaz y visionario a pesar de los esfuerzos de muchos docentes y organizaciones para cubrir las lagunas  provocadas por los gobiernos.

Un informe reciente elaborado por el grupo de jóvenes Teach the Future reveló que el 70 por ciento de los docentes en el Reino Unido, el anfitrión de la próxima conferencia climática de la ONU, sentía que no había recibido la formación adecuada para enseñar sobre el cambio climático.

Se trata de hallazgos que podrían haberse producido en casi cualquier país del mundo: los jóvenes explican que, si acaso el cambio climático se aborda, suele ser de manera superficial o aislada en una clase de ciencia o de geografía.

Dado que la amenaza climática se ha transformado ahora en una emergencia climática que afecta a todos los aspectos de la vida, y que el margen de revertir los daños se acorta rápidamente,  la importancia de la educación climática es un tema de urgencia y   responsabilidad nacional e internacional.

De hecho, los científicos han concluido recientemente que sin una educación climática de calidad las posibilidades de cumplir los límites de seguridad del Acuerdo Climático de París de 2015 seguirán siendo una esperanza lejana en lugar de una realidad certera.

Mientras tanto, la esperanza de crear economías verdes y sostenibles y nuevos empleos con salarios dignos se verá frustrada, puesto que estos dependen de las competencias, del conocimiento y del entusiasmo que fomenta la educación de calidad.

En vísperas de la Cumbre de Líderes sobre el Clima, organizada por Joe Biden, presidente de los Estados Unidos de América, el 22 de abril, Día de la Tierra, más de 32,5 millones de docentes provenientes de 178 países convocados por la Internacional de la Educación celebraron su propia Cumbre mundial de educación—Educar por el planeta con el fin de decir ¡ya basta! y dirigir el cambio hacia el futuro sostenible que todos y todas necesitamos para sobrevivir.

La lucha contra el cambio climático debe tener rostro educativo y voz docente en todas las zonas del mundo. 

Los docentes de todo el mundo no solo cuentan con el apoyo de los demás educadores, sino también con el de millones de jóvenes que se están movilizando para el cambio.  La sociedad también respalda una mayor ambición en la educación climática. En la Asamblea del Clima de Reino Unido celebrada el año pasado se citaron medidas importantes como gravar los vuelos de corta distancia y el reciclaje, pero la reivindicación general fue intensificar la acción a través de la educación climática y la conciencia pública.

Una encuesta de unos 80 países llevada a cabo en 2015 por el WorldWideViews reveló que la mayoría de los ciudadanos-as, de una diversidad de países, sitúan la educación climática como su urgencia número uno a la hora de abordar el cambio climático, seguida de la protección de los bosques tropicales.

Docentes y jóvenes también forman parte de una iniciativa internacional sobre educación climática, encabezada por EARTHDAY.ORG y que ahora engloba a más de 450 organizaciones de seis continentes.

Es hora que los gobiernos, desde ya, y en anticipación a la conferencia climática de la ONU que se celebrará en Glasgow en noviembre, cumplan la promesa de 1992.

Es hora que la educación climática de calidad sea una asignatura básica y obligatoria para todos y todas, y forme parte  integral de los planes climáticos nacionales y  los planes de estudios de todo el mundo.

La educación de calidad sobre el cambio climático debe incluir conocimientos sobre el clima, educación técnica y profesional e ir acompañada de un sólido compromiso cívico.

En su manifiesto, la Internacional de la Educación insta a los gobiernos a que den prioridad a la educación de calidad sobre el cambio climático para todos y todas, entablen un diálogo político con los y las docentes y sus representantes sobre la política de educación climática, y se aseguren que el personal educativo reciba el apoyo que necesita para impartir esta asignatura esencial.

El cambio climático representa el mayor desafío al que se enfrenta la juventud de hoy. Es hora de respaldar los sistemas educativos y a los y las docentes para que desarrollen su trabajo en un mundo en constante cambio.

Al hacerlo, podemos dotar a los y las jóvenes de todo el mundo de los conocimientos necesarios para prosperar, participar plenamente y convertirse en empresarios de soluciones climáticas. Y a su vez, lograr que los dirigentes asuman responsabilidades y construir un futuro mejor.