La inteligencia artificial ha llegado para quedarse
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La inteligencia artificial ha llegado para quedarse y, como sindicalistas, deberíamos tener la misma confianza al aprovechar su potencial como al ejercer la fuerza de nuestra voz colectiva.
Cada convenio colectivo refleja los principios, valores y prioridades del sindicato que lo negocia. Al ampliar la agenda de la negociación colectiva, no podemos dejar fuera la IA. Habrá quienes piensen: "La IA no va a cambiar mi trabajo. Nuestras prioridades deben seguir siendo cuestiones fundamentales como el coste de la vida, la seguridad del alumnado y asuntos relacionados con el personal".
Lo entiendo, pero no podemos ignorar que la IA también va a influir precisamente en esas cuestiones. El coste de la vida, la seguridad del alumnado y los asuntos relacionados con el personal se verán afectados por la IA, y nuestra responsabilidad es garantizar que cualquier proceso de cambio en el lugar de trabajo nos consulte e incluya nuestra voz, no se realice a nuestras espaldas.
Las herramientas de IA están cada vez más presentes en el trabajo diario del personal de apoyo educativo. Estas tecnologías se suelen implantar sin el consentimiento, la orientación ni la participación del personal directamente afectado.
- Coste de la vida: Mi membresía lleva seis años consecutivos viendo cómo aumenta el precio de la electricidad en Oregón, uno de los principales centros tecnológicos del país. Un factor determinante de este incremento es la rápida expansión de los centros de datos de gran consumo energético en nuestras comunidades. Este aumento acaba diluyendo buena parte de las mejoras salariales conseguidas en las negociaciones colectivas.
- Seguridad del alumnado y defensa de sus derechos: Se han desarrollado herramientas de IA para ayudar a elaborar los planes educativos del alumnado con discapacidad. Aunque prometen una mayor eficiencia, también plantean riesgos importantes. Un sistema que formula recomendaciones sin conocer realmente al estudiantado puede pasar por alto información esencial y comprometer tanto la privacidad como la calidad del apoyo que este recibe.
- Personal y carga de trabajo: En las escuelas, institutos y universidades es cada vez más habitual que las direcciones utilicen la IA como argumento para no contratar personal administrativo y de apoyo. Lejos de reducir la carga de trabajo, estas herramientas se emplean para justificar el funcionamiento de los centros con menos personal, lo que incrementa aún más la presión sobre unas plantillas ya insuficientes. Además, las ratios de limpieza de los centros educativos empiezan a fijarse mediante algoritmos y no según la carga real de trabajo (brotes de enfermedades, grandes eventos o movilizaciones en los campus, etc.). El personal de limpieza debe cumplir unas ratios rígidas que no tienen en cuenta estas circunstancias extraordinarias. Ni siquiera los conductores de autobús escolar, que durante mucho tiempo se han considerado "a salvo" de la IA, escapan a esta tendencia. Las rutas calculadas por la IA han dejado a estudiantes esperando durante horas en zonas desconocidas antes de poder volver a casa.
El impacto de la IA ya se está dejando sentir, y esa realidad puede generar inquietud.
Sin embargo, como sindicalista, estoy convencida de que la mejor respuesta al miedo es la esperanza. Aunque la IA puede generar incertidumbre e incluso temor, también veo su potencial para hacer más fácil nuestra vida y la del alumnado con el que trabajamos. De hecho, creo que la IA es muy similar a otros avances tecnológicos que he vivido antes. En su momento, la calculadora, la televisión y el teléfono móvil también despertaron recelos antes de aceptarlos con las normas y los límites adecuados. Utilizadas de forma responsable, todas esas "herramientas" acabaron mejorando nuestra vida cotidiana.
Hoy, la inteligencia artificial se encuentra en un punto crítico. Como sindicalistas, ¿lideraremos las decisiones sobre el uso de la IA para mejorar nuestra vida o permitiremos que otros las tomen por nosotros?
Que la IA sea una herramienta útil y no una amenaza dependerá de cómo ejerzamos nuestra capacidad de influencia. En este escenario tan nuevo como incierto, no pretendo tener todas las respuestas. Pero sí creo que hay pasos claros que podemos dar en colectivo para mantener nuestra capacidad de influencia y nuestro desempeño laboral.
- Asumir la realidad. La IA no es un fenómeno del futuro. Ya forma parte del presente y está transformando casi todos los ámbitos de nuestro trabajo y nuestra vida cotidiana.
- Construir conocimiento colectivo. Debemos conocer tanto los riesgos como las oportunidades que plantea la IA. Eso implica no solo aprender a utilizarla, sino también saber cuándo cuestionarla y cuándo rechazar sus resultados.
- Exigir que se escuche nuestra voz. El personal debe tener voz en todas las decisiones relacionadas con la adquisición, implantación, utilización y regulación de la IA en los centros de trabajo, especialmente cuando afectan a los datos personales, la privacidad y la protección del empleo.
Ya hemos comprobado qué ocurre cuando la tecnología avanza más deprisa que nuestra capacidad para gestionarla. La rápida expansión de las redes sociales ha transformado la forma en que el alumnado se relaciona entre sí y con el mundo, a menudo sin la debida previsión ni límites adecuados. Hoy, centros educativos de todo el mundo responden con restricciones y prohibiciones para intentar corregir, a posteriori, las consecuencias.
No deberíamos repetir ese mismo error con el uso de la IA.
La IA tiene un potencial enorme para mejorar nuestro trabajo y nuestra vida, pero solo si se implanta de manera reflexiva, transparente y con la participación del personal en todas las etapas del proceso.
Como integrantes y dirigentes sindicales, tenemos tanto la oportunidad como la responsabilidad de influir en este momento tan decisivo.
Tenemos derecho a recibir una formación adecuada, no solo para aprender a utilizar la IA, sino también para entender sus implicaciones éticas. Tenemos derecho a contar con garantías que protejan nuestros puestos de trabajo, nuestro alumnado y nuestras comunidades. Y, sobre todo, tenemos derecho a participar plenamente en las decisiones sobre cómo incorporar esta tecnología a nuestro trabajo.
La IA ha llegado para quedarse.
La cuestión ya no es si transformará nuestro futuro, sino si tendremos capacidad para decidir de qué manera esos cambios afectarán a nuestro futuro.
Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.