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Una mirada sobre el #WDR2018 Número 2: Las condiciones de trabajo de los docentes revierten en las condiciones de aprendizaje de los estudiantes: Oportunidades perdidas en el informe sobre educación del Banco Mundial

por: Leo Baunach publicado 2017-11-07 actualizado 2018-05-29

El lector avezado del Informe sobre el Desarrollo Mundial (WDR), dedicado a la educación y al aprendizaje, encontrará momentos de matizada discusión. Lamentablemente, estas perlas son breves excepciones frente a encabezados y conclusiones erróneos. El informe del Banco Mundial valoriza la enseñanza profesional al tiempo que degrada las voces y necesidades de los docentes.

Hacia poco más de la mitad del informe figura una sección de tres párrafos sobre “un factor que menoscaba la enseñanza: las malas condiciones de trabajo” (p. 138). Reconoce que la profesión está plagada de problemas en todo el mundo, incluyendo un declive desde hace varias décadas del “salario, el respeto y las condiciones de trabajo”, falta de desarrollo profesional, “clases demasiado numerosas y con distintos niveles”, y recortes de personal que recargan a los docentes con largas jornadas de trabajo, clases extra y tareas administrativas fuera de las aulas.

Estos problemas crean un círculo vicioso en el que numerosos docentes abandonan la profesión, dañando aún más la calidad y la eficiencia del gasto educativo puesto que se pierden aquellos docentes con la formación y la experiencia necesarias para obtener resultados de aprendizaje de calidad. Para apoyar un mejor aprendizaje, el Banco Mundial promovería el diálogo social y unas condiciones de trabajo justas para los docentes.

La descripción de la profunda dedicación de los docentes, a menudo no suficientemente apreciada, es como un soplo de aire fresco en un informe que crea una falsa oposición entre las condiciones de trabajo y los resultados del aprendizaje. Se expone claramente en la introducción: “Los docentes y otros profesionales de la educación, incluso cuando están motivados por un sentido de misión, también pueden luchar por mantener la seguridad en el empleo y proteger sus ingresos” (p. 13). Un cuadro en la página siguiente designa el salario, la seguridad laboral y el empleo como “intereses en pugna” frente al aprendizaje de los estudiantes y la ética profesional.

Se trata de una conclusión simplista e innecesaria, y lanza un mensaje especialmente peligroso a los países en desarrollo, que recurren al Banco Mundial buscando asesoramiento. Los docentes representan la primera línea en los sistemas educativos. Para mejorar los resultados en el aprendizaje los docentes deben recibir un mejor apoyo con empleos de calidad, recursos adecuados en las aulas y desarrollo profesional. 

El WDR asimila a los docentes a otros intereses externos como los proveedores privados con fines de lucro, que pasan por algo el aprendizaje y a quien sólo les interesa obtener ganancias. En todo el informe, el Banco describe la falta de motivación, preparación y compromiso entre los docentes, y analiza de manera crítica el dinero que se destina a los salarios de los docentes. En el mundo real, los docentes se sacrifican a diario en sistemas con financiación insuficiente y se dedican a esta profesión a pesar de los bajos salarios. Cuando se los explota en exceso, son susceptibles de abandonar agravando aún más la crisis de aprendizaje a la que el WDR pretende hacer frente.

El informe reconoce la necesidad de mejores salarios, pero lo relega a una prioridad a largo plazo. A más corto plazo, el informe recomienda una erosión suplementaria a la seguridad laboral y medidas como los salarios basados en el rendimiento que vienen a añadir mayor vulnerabilidad en el lugar de trabajo a los desafíos que afrontan unos docentes ya sobrecargados de trabajo.

El trabajo decente para los docentes no puede esperar. De hecho, unos sistemas educativos mejores no serán posibles sin él. Si las reformas incrementan la precariedad de los docentes, socava los derechos laborales básicos y añade incertidumbre respecto a los regímenes de bajo salario, los resultados de aprendizaje resultarán afectados, puesto que los docentes deberán librar aún más batallas tanto dentro como fuera de las aulas.

El informe cae en estereotipos motivados políticamente de los sindicatos de docentes como obstáculos a la reforma, en lugar de considerar a los sindicatos como asociados en el desarrollo profesional, el aprendizaje y la eficiencia de la financiación. Los docentes y sus organizaciones suelen ser ardientes defensores de estos objetivos. El desarrollo profesional y la profesionalización constituyen una particular pasión para muchos sindicatos, y el WDR describe la manera en que estos enfoques mejoran los resultados del aprendizaje. La formación y el desarrollo también promueven el trabajo decente, el respeto y unos buenos salarios, al establecer firmemente a los docenes como trabajadores cualificados. El WDR podría haber recomendado el establecimiento de asociaciones para mejorar el desarrollo profesional, donde los sindicatos aseguren rendición de cuentas y participación.

También se ha perdido una oportunidad de apoyar el diálogo social y la implicación productiva de los docentes en el desarrollo e implantación de políticas. El propio Banco Mundial llevó a cabo unas consultas limitadas y dispersas para la elaboración del informe. El WDR se concentra en involucrar a los padres y otras partes interesadas en coaliciones en apoyo a una reforma, pero parece situar esas amplias coaliciones como un antídoto a los sindicatos. El informe reconoce la necesidad de contar con el apoyo de los docentes y entablar diálogo con los sindicatos, pero en general presenta a las organizaciones sindicales como un riesgo frente al cambio. El desarrollo de un diálogo productivo en Chile y la positiva implicación de los sindicatos de Zambia, Uganda y Bolivia en la reforma se describen como excepciones del impacto negativo que tienen los sindicatos en los sistemas educativos.

Mucho más flagrante es el ejemplo de Kenia, donde se recurrió a docentes temporales subcontratados y mal remunerados, con muy poca formación, para intentar reducir el número de estudiantes por clase. Ante los tribunales, el sindicato adujo que esos contratos vulneraban el principio constitucional de igual salario por trabajo de igual valor. Dicho principio es también un elemento importante de las normas internacionales del trabajo y está recogido en las normas ambientales y sociales del Banco Mundial. El WDR describe cómo la educación puede reducir la desigualdad general de ingresos y mejorar los resultados en el mercado laboral, pero no trata en absoluto el tema en relación con los docentes. En la profesión docente, mayoritariamente femenina, el salario de los docentes tiene también implicaciones para la igualdad de género y la brecha salarial.

El Banco aduce que el programa en Kenia no consiguió mejorar los resultados de aprendizaje porque los docentes subcontratados ya no estaban en una situación precaria, desesperados por obtener la renovación de sus contratos y por tanto motivados para trabajar más duramente. Esta no es la manera de conseguir personal docente motivado y profesional. De hecho, tiene el efecto contrario, al degradar y desestabilizar a los docentes, haciendo que les resulte difícil centrarse en el aprendizaje y planificar unas clases satisfactorias. Apenas se menciona de pasada el hecho de que el aprendizaje de los alumnos resultó perjudicado porque los docentes subcontratados cobraban su salario con tres meses de retraso, en promedio – una rara admisión, aunque minimizada, de que las condiciones de trabajo de los docentes revierten en las condiciones del aprendizaje de los estudiantes.

Pese a estos fallos, el informe defiende la importancia de contar con docentes cualificados que establezcan una relación fuerte con los estudiantes, y advierte contra los sistemas de rápido enriquecimiento, que promueven la tecnología como sustitución. Es de esperar que este memo se envíe al brazo del sector privado del Banco Mundial, que es uno de los accionistas de las academias educativas con fines de lucro Bridge International. La compañía emplea a instructores no cualificados que se limitan a leer el programa sobre tablets.

El WDR se muestra pesimista respecto a la obtención de más fondos para la educación, declarando que “la relación entre gasto público en educación y resultados de aprendizaje es débil” (p. 173), pese a reconocer que una mayor financiación sería necesaria para alcanzar el objetivo de una educación de calidad para todos. El Banco tiene razón al pedir mayor eficiencia, especialmente para garantizar que los fondos asignados lleguen a los estudiantes y a los docentes en las aulas. No obstante, el WDR podría socavar los esfuerzos por corregir los déficits de financiación y mejorar la educación.

Para dar un paso en la buena dirección, el Banco Mundial debería eliminar el tono contradictorio y divisorio en ciertas seccionies del WDR, centrándose más bien en el diálogo con los docentes y sus sindicatos en pro del aprendizaje y la igualdad.

Una mirada sobre el #WDR2018 es una serie de blogs organizada por la Internacional de la Educación. La serie reunirá las voces de expertos y activistas de la educción –investigadores, docenes, sindicalistas y actores de la sociedad civil– del mundo entero, en respuesta al Informe sobre el Desarrollo Mundial 2018, Aprender para hacer realidad la promesa de la educación. La serie servirá de base para una publicación que se elaborará con vistas a las Reuniones de Primavera del Banco Mundial en 2018. Si desea contribuir a esta serie, por favor póngase en contacto con Jennifer Ulrick en la siguiente dirección: [email protected].Todas las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan necesariamente los puntos de vista de la Internacional de la Educación.

Acceda al blog precedente de la serie escrito por Francine Menashy: Una mirada sobre el #WDR2018 Número 1: un manual para interpretar el discurso