Dispositivos a un lado, ojos en alto, manos a la obra: 10 puntos para impulsar la enseñanza y el aprendizaje en la era de la IA
Fragmento del discurso pronunciado en el Club Nacional de Prensa, Washington, D. C., el 27 de mayo de 2026
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Estamos en una era de profundas transformaciones. La inteligencia artificial está provocando cambios sísmicos en prácticamente todos los aspectos de la sociedad.
El profesorado no es ajeno a las interrupciones; a menudo somos quienes respondemos primero a ellas. Una y otra vez, brindamos estabilidad en medio del caos y la conexión humana que está en el corazón de la relación docente-estudiante, y ayudamos a nuestro estudiantado a navegar por un mundo cambiante. Pero este momento turbulento requiere una acción nacional concertada para preparar a nuestras juventudes para las oportunidades y los desafíos de la vida.
Una base sólida para el estudiantado en un mundo cambiante
Hoy les presento una visión para que las escuelas públicas de Estados Unidos brinden una base sólida a nuestros hijos y nuestras hijas en este mundo cambiante. Esta visión se basa en escuchar y aprender de madres, padres, docentes, estudiantes, personal investigativo, liderazgos empresariales y comunitarios, así como en innumerables visitas a escuelas, tanto en el país como en el extranjero.
Sea cual sea el futuro que les depare, el estudiantado necesita:
- Una amplia base de conocimientos fundamentales, comenzando por las habilidades de lectoescritura y cálculo.
- Un plan de estudios relevante, atractivo y que fomente la curiosidad, que incluya materias como las artes, los deportes y la educación cívica.
- Énfasis en el aprendizaje activo a través de proyectos significativos y oportunidades para aplicar los conocimientos de forma que se conecte el aprendizaje con la vida real.
- Aulas y campus seguros y acogedores donde las personas jóvenes se sientan valoradas, apoyadas y preparadas para aprender. Esto incluye promover el bienestar y proteger al estudiantado de la violencia armada, las redadas de inmigración y el acoso escolar.
Estos fundamentos preparan al alumnado para el aprendizaje profundo y la resolución de problemas que serán cruciales a lo largo de sus vidas. Les ayudan a ser estudiantes con mayor seguridad de sus capacidades y con mayor inclinación a participar. Así es como fomentamos la curiosidad y el pensamiento crítico, y garantizamos que nuestro estudiantado tenga la autonomía y la perseverancia necesarias para afrontar los desafíos.
Quiero recalcar por qué es urgentemente necesario sentar estas bases.
Nuestro estudiantado ya está sintiendo los efectos de la disrupción que he descrito. Las personas jóvenes son resilientes, pero con demasiada frecuencia no están bien. Una de las principales razones es que se ahogan en tecnología.
Cuando empecé a dar clases en los años 90, la tecnología educativa apenas se estaba introduciendo. Los ordenadores de la escuela eran simples máquinas de escribir sin conexión a internet. El estudiantado tenía que ir a la dirección para hacer una llamada telefónica. En los 2010, muchas escuelas comenzaron a proporcionar computadoras portátiles al alumnado; en esta década, la pandemia de COVID-19 aceleró la adopción masiva de la tecnología. Hoy en día, muchos sistemas escolares proporcionan un dispositivo a cada estudiante, en algunos casos desde tan solo 5 años. Más de la mitad de las personas niñas de 11 años tienen un teléfono inteligente siempre a mano, cifra que se eleva al 95 % entre las personas jóvenes de 13 a 17 años. Cuatro de cada diez adolescentes afirman mantener su conexión a internet “casi constantemente”. El ritmo de esta revolución tecnológica ha sido vertiginoso, y las personas niñas están sufriendo las consecuencias.
Como profesor y autor de La generación ansiosa, Jonathan Haidt afirma que los teléfonos móviles y las redes sociales están volviendo a nuestros hijos e hijas sedentarias, solitarias, ansiosas y deprimidas. Además, existe una creciente preocupación por los efectos adversos de toda esta tecnología en la cognición, la atención y el rendimiento académico del estudiantado.
Jared Cooney Horvath, un neurocientífico destacado, analizó recientemente cómo cambiaron las tendencias de lectura y matemáticas tras la expansión de la tecnología educativa Estado por Estado. Antes de la adopción digital a gran escala, las puntuaciones del alumnado de cuarto y octavo grado en la Evaluación Nacional del Progreso Educativo habían estado aumentando de forma constante durante años. Tras la adopción, la trayectoria cambió, a menudo bruscamente, hacia el declive. La correlación no implica causalidad, pero Horvath cita investigaciones que indican que este patrón se repite en distintos Estados, países, niveles educativos, asignaturas y años. El informe Education Scorecard, publicado recientemente y que se basa en una gran cantidad de datos de estudiantes, identifica la misma correlación.
El científico cognitivo Dan Willingham señala que no es que el estudiantado no pueda prestar atención, sino que probablemente tienen menos capacidad de hacerlo. Se han condicionado tanto a las recompensas inmediatas que obtienen en línea que las tareas escolares les resultan comparativamente aburridas. Afortunadamente, es un problema que podemos solucionar.
Pero antes de abordar las soluciones, debemos hablar de inteligencia artificial. Nos encontramos en una encrucijada que definirá el futuro del trabajo y la sociedad. Sin una supervisión adecuada y mecanismos de control rigurosos, nuestra seguridad y privacidad, el medio ambiente y la propia estructura de la sociedad se verán seriamente amenazadas.
Si hay algo que la revolución de la IA no cambia, es el propósito esencial de la educación: enseñar a las personas estudiantes a pensar y a conectar y brindarles el conocimiento suficiente para hacer bien ambas cosas.
De hecho, la omnipresencia de la IA hace que el pensamiento crítico y la aplicación del conocimiento sean aún más importantes. El alumnado necesita ir más allá de la memorización de datos y aprender a verificarlos, cuestionarlos y sintetizarlos en nuevas ideas. Algunas de las habilidades más valiosas en la era de la IA —como la resolución de problemas, la comunicación, la colaboración, la adaptabilidad y el juicio ético— dependen de la capacidad de aplicar el conocimiento. Pero la IA está incrementando la llamada descarga cognitiva; en lugar de resolver un problema por sí mismos, el estudiantado puede recurrir a un chatbot de IA para obtener una respuesta sin esfuerzo.
Las investigaciones han demostrado que menos tecnología puede producir mejores resultados. Por ejemplo, las personas aprenden más con documentos impresos que con el texto digital y tomando notas en papel. Y el aprendizaje es un proceso profundamente humano; la relación docente-estudiante produce uno de los mayores impactos en la investigación educativa. Sin embargo, las mejores prácticas en educación, investigación cerebral y la ciencia del aprendizaje a menudo quedan relegadas a un segundo plano frente a las fuerzas del mercado y la influencia política. Se estima que el mercado global de tecnología educativa alcanzará los 187 000 millones de dólares en 2025, y la industria busca expandirse aún más. Y esto solo incluye la tecnología educativa, no toda la tecnología.
No pido prohibir la IA ni quemar Chromebooks. Lo que pido es encontrar el equilibrio adecuado para aprovechar los beneficios de la tecnología y, al mismo tiempo, mitigar sus riesgos. Soy consciente de los peligros de la IA, pero ha llegado para quedarse. Necesitamos salvaguardias efectivas y ayuda para amortiguar el impacto en la vida de las personas.
Una nueva visión para impulsar la enseñanza y el aprendizaje en la era de la IA
Hoy les propongo un plan de 10 puntos que aborda todo esto, para impulsar el aprendizaje y el éxito de los estudiantes en la era de la IA:
- No proporcionar pantallas (incluidas las evaluaciones en línea) a estudiantes desde preescolar hasta segundo grado, a menos que exista una razón de peso como, por ejemplo, para brindar el apoyo más eficaz a una persona estudiante con necesidades especiales.
- No se debe permitir el uso de IA dirigida a estudiantes en las escuelas primarias, no solo para prevenir daños, sino también para fomentar habilidades infantiles como la creación de relaciones y la perseverancia. Toda otra IA dirigida a estudiantes, incluidas las iniciativas de alfabetización digital, debe ser supervisada por docentes. Además, hasta al menos los 16 años, debería prohibirse por completo el uso de los llamados chatbots de “acompañamiento social”, programas informáticos que simulan relaciones humanas.
- Rediseñar la educación para que el aprendizaje activo, que incluya el aprendizaje basado en proyectos, experiencial y vinculado al mundo laboral, sea la norma en todos los niveles educativos. Esto implica también rediseñar la rendición de cuentas.
- Asegurar que las personas estudiantes tengan una base sólida en lectura, escritura, matemáticas y participación cívica.
- Centrarse en el bienestar, de modo que se satisfagan las necesidades básicas del estudiantado y sus familias, y que el alumnado esté preparado para aprender, tal como lo hacen con éxito las escuelas comunitarias.
- Proteger la propiedad intelectual y la libertad académica, y apoyar al profesorado para que comprendan, utilicen eficazmente y tomen decisiones en el aula sobre la integración de la tecnología.
- Establecer un nuevo estándar de referencia en materia de seguridad y privacidad para el uso de la IA en las escuelas. Los proveedores que no cumplan con estos requisitos no deberían poder prestar servicios al sector educativo de primaria y secundaria.
- Crear un consorcio de investigación independiente para generar una sólida base de conocimientos sobre prácticas educativas eficaces, sostenibles y escalables. La investigación debe incluir los efectos de la IA, las pantallas y la tecnología en las personas estudiantes, y no debe ser financiada por las industrias cuyos productos se investigan.
- Garantizar una financiación adecuada de la educación por parte de los Estados y el Gobierno federal. Esto implica revertir la tendencia de desinversión iniciada tras la Gran Recesión y destinar fondos para crear igualdad de oportunidades para todo el estudiantado, evitando que la inteligencia artificial y los vales escolares sigan reduciendo la financiación de la educación pública.
- Un “impuesto tecnológico” sobre las ganancias de las grandes empresas tecnológicas y sobre algunas de sus operaciones comerciales, para garantizar que paguen la parte que les corresponde por las consecuencias adversas y perjudiciales de esta tecnología para las familias estadounidenses, como el desplazamiento de trabajadores por la IA.
Diez puntos. Para garantizar que nuestro estudiantado esté preparado para el futuro, necesitamos una estrategia de “dejar los dispositivos, mirar hacia arriba y practicar”.
Así pues, el punto clave de este plan de 10 puntos es cómo se verá esto en la práctica en el ámbito escolar. ¿Qué sucede cuando dejamos de usar los dispositivos? ¿Qué significa realmente “mirar hacia arriba y practicar”?
Significa priorizar el aprendizaje activo a través de proyectos significativos, que pueden abarcar desde la creación de un jardín ecológico por parte del alumnado, hasta la planificación y el presupuesto de un evento escolar, pasando por el desarrollo de una solución política a un problema local y su presentación a las autoridades municipales, o incluso llevar un diario desde la perspectiva de un personaje histórico. Desde el juego para las personas más pequeñas, hasta el debate para las mayores, pasando por la música y el arte para todas y todos: esto es aprendizaje significativo.
Este tipo de aprendizaje es lo opuesto al método de memorización mecánica, donde el alumnado simplemente repite y repite información. Y el aprendizaje activo es el antídoto contra la delegación de tareas cognitivas, es decir, externalizar el pensamiento a la inteligencia artificial.
Al celebrar el 250 aniversario de nuestra nación, las escuelas públicas siguen siendo —como argumentaron los fundadores— esenciales para forjar una nación pluralista y unificada, más fuerte mañana que hoy. Al reunir a personas niñas de diferentes razas, religiones, idiomas y culturas, las aulas de las escuelas públicas se convierten en laboratorios de democracia que forjan lazos y superan nuestras diferencias, siempre y cuando las apoyemos y fomentemos.
Necesitamos un enfoque constante e intencional en las necesidades de nuestras juventudes: mayor alfabetización, dominio de las matemáticas y participación cívica, así como un aprendizaje activo que les motive y les involucre, garantizando al mismo tiempo su bienestar social y mental y su capacidad para establecer relaciones saludables. Dejen los dispositivos a un lado, presten atención y participen activamente.
Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.