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La escasez de docentes no es neutra: especialistas en investigación reclaman abordar las desigualdades de género

publicado 8 julio 2026 actualizado 10 julio 2026

La Red de Investigación de la Internacional de la Educación (ResNet), que reúne a sindicalistas y especialistas en investigación, sostiene que la escasez mundial de docentes no puede entenderse —ni afrontarse— sin abordar las desigualdades de género que configuran los sistemas educativos, el entorno laboral y la propia profesión.

Situar la perspectiva de género en el centro de la acción

Durante la reunión de la Red de Investigación, celebrada los días 15 y 16 de junio, las y los participantes analizaron la escasez de docentes desde una perspectiva de género. El objetivo era "ampliar los datos disponibles sobre la escasez de docentes incorporando la perspectiva de género y analizar cómo la labor de investigación puede apoyar mejor a los sindicatos, las acciones de incidencia, la negociación colectiva y el desarrollo de políticas". El debate se enmarcó en las prioridades de la IE, entre ellas el Plan de Acción para la Igualdad de Género y la campaña ¡Por la pública! Creamos escuela.

Según las y los ponentes de la reunión virtual, analizar la escasez de docentes desde una perspectiva de género exige examinar las estructuras profundas que determinan quién accede a la profesión, quién permanece en ella, quién progresa y quién ve reconocido su trabajo. También señalaron que esta escasez está estrechamente vinculada a la carga de trabajo, el estrés, las responsabilidades de cuidado, los estereotipos de género, las desigualdades en el acceso a puestos de liderazgo y la falta crónica de financiación de la educación pública.

Una profesión sustentada por mujeres, pero no por la igualdad

Para Antonia Wulff, directora de Investigación, Políticas y Defensa de la Internacional de la Educación, este debate debía partir de los compromisos estratégicos aprobados en el Congreso Mundial de la IE en 2024, que "reclaman una acción urgente frente a la escasez de profesorado". Asimismo, subrayó la necesidad de analizar por qué "cada vez menos jóvenes" deciden dedicarse a la enseñanza.

También recordó las realidades cotidianas que impiden considerar esta escasez como un fenómeno neutro desde el punto de vista del género: la carga de trabajo, el estrés, las oportunidades de progreso en la carrera profesional, las trayectorias laborales, así como los problemas de violencia y salud mental. Todos estos factores, afirmó, "tienen una importante dimensión de género que debemos analizar con detenimiento".

Antonia Wulff destacó, además, una de las principales contradicciones de los sistemas educativos de todo el mundo: "La mayoría de docentes son mujeres, especialmente en la educación de la primera infancia. Sin embargo, en la mayoría de los países la dirección de los centros sigue ocupada mayoritariamente por hombres". Además, comentó que muchas afiliadas a la IE también han señalado que existe una segregación por materias, con una mayor presencia de hombres en disciplinas científicas y matemáticas y de mujeres en las humanidades y los ámbitos vinculados a los cuidados.

Asimismo, advirtió de que "cuando los gobiernos aplican políticas de austeridad, la salud y la educación son las primeras víctimas". A su juicio, esto no solo supone "un golpe para los servicios públicos", sino también "un ataque directo al trabajo de las mujeres", ya que constituyen la mayoría de la fuerza laboral educativa y son las primeras en sufrir el deterioro de las condiciones laborales.

¿Quién carga con la culpa y quién ostenta el poder?

En su discurso de apertura, Marie-Pierre Moreau, profesora de Sociología de la Educación, el Trabajo y las Desigualdades en la Anglia Ruskin University, reflexionó sobre la creciente presencia de las cuestiones de género en el debate público. No obstante, advirtió de que una mayor visibilidad no implica necesariamente una mayor justicia: "Vivimos en un mundo donde nunca se había hablado tanto de género", afirmó, "pero la igualdad de género se ha convertido en una cuestión profundamente controvertida".

Para Marie-Pierre Moreau, la desigualdad de género en la enseñanza constituye un problema de justicia social por múltiples motivos. Aunque las mujeres representan la mayor parte del profesorado, siguen concentrándose en los segmentos del mercado laboral "menos valorados y considerados menos prestigiosos". Al mismo tiempo, señaló que persiste "una gran desconfianza hacia los hombres que ejercen la docencia", especialmente en la educación infantil y primaria, lo que genera nuevas barreras en unos sistemas educativos que ya tienen dificultades para atraer y retener profesorado.

También llamó la atención sobre el lenguaje utilizado para describir la profesión. "Cuando nombramos una realidad no solo la reflejamos, también la construimos", afirmó, antes de analizar los distintos significados asociados al término "feminización".

Según explicó, este concepto suele emplearse de forma imprecisa para aludir a la presencia numérica de mujeres, a unas supuestas cualidades femeninas vinculadas a la enseñanza o a la idea de que se trata de una profesión "adecuada para las mujeres". Tal como señaló, todas estas interpretaciones contribuyen a presentar los cuidados como una labor propia de las mujeres y a infravalorar el trabajo docente.

También cuestionó la idea, ampliamente extendida, de que la enseñanza es una profesión que facilita la conciliación. Basándose en encuestas realizadas en el Reino Unido, indicó que el profesorado suele trabajar "entre 50 y 60 horas semanales" y tiene muchas dificultades para compatibilizar el trabajo con las responsabilidades de cuidado. Lejos de demostrar que la docencia sea una profesión especialmente adecuada para las mujeres, estos datos reflejan una profesión marcada por la sobrecarga de trabajo y las contradicciones.

En este sentido, afirmó que "el problema no es la feminización de la enseñanza, sino la forma en que se construye esa feminización". Asimismo, rechazó el argumento frecuente de que los niños necesitan más docentes varones como referentes, al considerar que no existen evidencias que respalden esa afirmación.

De la investigación al poder sindical

El debate posterior puso de relieve varias prioridades urgentes para la investigación y la acción sindical: el acceso de las mujeres a puestos de liderazgo, la brecha salarial, el abandono de la profesión docente, los estereotipos relacionados con los cuidados y la autoridad, y la necesidad de reforzar los estudios comparativos entre países. Las y los participantes coincidieron en la necesidad de prestar mayor atención al liderazgo, a la sobrerrepresentación femenina entre el personal de apoyo educativo y a la necesidad de cuestionar los estereotipos asociados a la feminización de la profesión.

Desarrollar estrategias colectivas por la justicia de género

Por su parte, Gina Pancorbo, coordinadora de Investigación, Políticas y Defensa de la IE, presentó la Plataforma de Salud y Bienestar, un centro de recursos colaborativo creado para ayudar a las organizaciones sindicales y a sus representantes a promover entornos de trabajo más saludables, con especial atención "al bienestar físico y mental de las mujeres". Pancorbo explicó que esta plataforma reúne recursos sobre conciliación de la vida laboral y personal, salud mental y estrés, violencia de género, salud reproductiva y riesgos psicosociales en el trabajo.

Asimismo, añadió que el éxito de la plataforma depende de la participación colectiva. Por ello, se anima a las afiliadas, a la comunidad investigadora y a las membresías a compartir materiales con el fin de crear "una base de datos mundial de conocimientos y recursos".

Por último, adelantó algunos contenidos de la quinta Conferencia Mundial de la Mujer de 2026, que reunirá a dirigentes sindicales de todo el mundo. Una de las sesiones plenarias analizará la escasez mundial de docentes "desde una perspectiva de género", e incluirá cuestiones como la situación de la profesión, el acceso a la docencia, la carga de trabajo y las responsabilidades de cuidado.