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Mundos de la Educación

La misoginia y el deber de protección del sistema educativo hacia estudiantes y docentes

publicado 29 octubre 2026 actualizado 2 noviembre 2026
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La misoginia entre la juventud ya no es un problema que pueda reducirse al mal comportamiento de algunos adolescentes que se encuentran atrapados en rincones oscuros del mundo digital. Para el personal docente, se trata de un fenómeno generalizado y en rápido crecimiento, cuyas consecuencias ya se hacen notar en escuelas de toda Australia.

El aumento de la misoginia en los centros educativos constituye un problema del entorno laboral, un asunto que afecta a todo el personal y un reto tanto para el movimiento sindical global como para la sociedad en general.

Los algoritmos exponen a la juventud a contenidos cada vez más extremos en materia de género, relaciones, masculinidad y opiniones inquietantes sobre la superioridad masculina.

Las investigaciones han demostrado la rapidez con la que la juventud puede encontrarse con contenido misógino en Internet. De hecho, un estudio revela que la exposición a este tipo de contenido puede producirse en tan solo 23 minutos.

Este tipo de contenido es sumamente perjudicial, ya que promueve la idea de que las mujeres que ocupan puestos de autoridad carecen de legitimidad; que las dificultades sociales y económicas de los hombres pueden atribuirse a las mujeres; y que el éxito de la masculinidad se basa en el dominio, la agresividad y el control, sobre todo hacia las mujeres.

Niños y jóvenes se están viendo bombardeados con estos mensajes, y luego se espera que el profesorado gestione en sus aulas las consecuencias de los mismos.

Nuevo estudio: La violencia de género no es un fenómeno marginal en los colegios australianos

El estudio Duty of Care (Deber de protección), financiado por el Australian Education Unions (AUE) y dirigido por la Dra. Steph Westcott de la Universidad de Monash, aporta pruebas contundentes de la magnitud de este problema.

Se trata del mayor estudio realizado en Australia sobre las experiencias de docentes en relación con el sexismo, la misoginia y el acoso sexual en los centros educativos. Se encuestó a 2.668 docentes de todos los estados y territorios, que trabajan tanto en la enseñanza primaria como en la secundaria.

Los resultados demuestran que la violencia de género no es una experiencia aislada o marginal en las escuelas australianas:

  • El 78% del profesorado afirma haber observado o sufrido violencia de género en sus centros educativos. Uno de cada dos docentes afirma que la situación está empeorando.
  • El 95% cree que al menos parte de sus estudiantes acceden a contenidos de la machoesfera.
  • Casi la mitad (el 46%) afirma que la violencia de género le ha llevado a plantearse abandonar la docencia por completo.

La resolución de este problema no puede recaer exclusivamente en las escuelas; estas cuestiones deben abordarse mediante un enfoque sistémico liderado por los gobiernos y los ministerios de educación.

Un problema que no solo afecta a las mujeres: consecuencias trascendentales para estudiantes, docentes y la sociedad

La misoginia no debe entenderse como algo que desaparece cuando el joven finaliza sus estudios.

El estudiante que desarrolla ciertas actitudes hacia las mujeres, hacia la autoridad y hacia el poder durante la adolescencia, se transforma en un adulto que mantiene y manifiesta esas opiniones. Estas posturas, gestadas en Internet, reforzadas por los compañeros y normalizadas en algunos entornos escolares, pueden, por lo tanto, acabar creando una sociedad donde las mujeres sean consideradas en condiciones de desigualdad e inferioridad a los hombres.

Por eso, el aumento de la misoginia en los colegios e institutos debería ser motivo de preocupación para los gobiernos y para la sociedad en general.

Sin embargo, la violencia de género no es un problema exclusivo de las mujeres. El estudio Duty of Care demuestra sus implicaciones en la retención del personal, la seguridad en el lugar de trabajo y la calidad de la vida laboral. Si bien las mujeres son significativamente más propensas a denunciar haber sufrido violencia de género, los hombres también se ven afectados, y las consecuencias se extienden a todo el personal.

También existen indicios claros de que la acción colectiva puede contribuir a que las cosas cambien. El estudio revela que el profesorado es menos propenso a plantearse abandonar la profesión cuando sus centros cuentan con políticas claras para abordar el sexismo y los prejuicios de género.

Unas expectativas claras, unas políticas eficaces y unas respuestas colectivas ofrecen importantes protecciones a las personas trabajadoras.

El AEU y sus miembros llevan muchos años haciendo frente a estos retos.

La importancia del estudio Duty of Care radica en que aporta una base empírica sustancial a lo que hasta ahora solo conocíamos de forma anecdótica sobre la misoginia, y pone de manifiesto tanto la magnitud del problema como las consecuencias para el personal educativo.

El reto ahora es garantizar que estar pruebas sirvan de base para una respuesta más amplia.

La necesidad imperiosa de actuar

En Australia, el Gobierno ya está estudiando la posibilidad de promulgar una ley que obligue a las empresas tecnológicas a rendir cuentas por los daños causados en Internet, en particular por la misoginia en línea y los contenidos nocivos de la machoesfera alimentados por algoritmos.

Pero el profesorado necesita normas claras, políticas efectivas, formación, liderazgo y acciones colectivas.

Y lo más importante: el profesorado necesita sentirse seguro en el trabajo.

Una docente que participó en el estudio Duty of Care expresó el problema en términos muy directos: “Yo debería poder venir a trabajar con la garantía de un entorno laboral seguro. En ninguna otra profesión se me exigiría aguantar este tipo de comportamientos. Si tuviera otro empleo, habría consecuencias. Y yo me sentiría segura”.

Eso no debería ser una expectativa descabellada.

Un lugar de trabajo seguro y respetuoso es un derecho fundamental. Proteger ese derecho para el profesorado a día de hoy, y garantizarlo para la próxima generación de docentes, debe ser una prioridad.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.