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Los académicos iraquíes en grave peligro

publicado 1 enero 2007 actualizado 4 marzo 2022

El 14 de noviembre de 2006, una banda de paramilitares vestidos con uniformes de comandos de la Policía Nacional iraquí asaltó un edificio del Ministerio de Educación en Bagdad. Sin previo aviso y con gran rapidez tomaron como rehenes a un centenar de empleados cuyos nombres aparecían en una lista que llevaban consigo, además de otras personas presentes.

En pleno día, un grupo de académicos jóvenes y mayores, secretarias, padres y visitantes salieron del edificio esposados y con los ojos vendados. Fueron llevados a una cárcel clandestina; algunos sufrieron torturas, saliendo con las piernas y manos rotas. Varias personas, cuyo número se desconoce, fueron asesinadas, señalaron los testigos. ¿Cuál fue el motivo de tan brutal secuestro de docentes e intelectuales? ¿Qué trascendencia tiene la experiencia de éstos para la libertad académica en Iraq? Desgraciadamente, este trágico suceso no es sino el más reciente episodio de la escalada de violencia contra académicos iraquíes.

El primer ministro, Nuri Al Maliki, afirmó que lo que estaba ocurriendo no era terrorismo, sino el resultado de desacuerdos y conflictos entre “milicias”. A los pocos días, el Gobierno iraquí anunció la liberación de todos los secuestrados tras una serie de espectaculares redadas policiales. Se informó de la detención de varios policías de alto rango para ser interrogados sobre su posible implicación en los hechos. El Ministerio de Educación insistió en que los capturados fueron tanto suníes como chiíes.

El secretario general de la IE, Fred van Leeuwen, informó por escrito al Gobierno iraquí de la decisión de la Internacional de la Educación de solicitar al relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias la investigación de la creciente violencia ejercida contra académicos y profesores en Iraq.

Cientos de catedráticos han sido asesinados en Iraq desde marzo de 2003, momento de la invasión liderada por Estados Unidos y el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein. El ministro iraquí de Educación ha indicado que tan sólo en 2005 murieron en el país 296 trabajadores de la enseñanza. Desde febrero de 2006, han fallecido 180 docentes y han sido secuestrados nada menos que 100 profesores, según los datos de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU.

En la carta del secretario general de la IE, se puede leer como triste colofón al recuento: “Los raptos de docentes no sólo constituyen graves violaciones del derecho a vivir y trabajar en un ambiente seguro, sino también del mismo derecho a la vida. La Internacional de la Educación lamenta el reciente secuestro masivo ocurrido en la Dirección de Investigación Científica del Ministerio de Educación Superior y los otros raptos y asesinatos que han venido diezmando a la población iraquí y amenazando el futuro del país. Los asesinatos de docentes y el cierre de escuelas suponen un castigo añadido para la juventud iraquí y transmiten un mensaje de pesimismo y desesperanza”.

Van Leeuwen advirtió de que la educación, clave para el futuro del país, estaba sufriendo un éxodo masivo de académicos y docentes provocada por la escalada de violencia. Se calcula que, hasta la fecha, más de 3.250 docentes han huido de Iraq. “Esta fuga masiva de cerebros ha sido y será una catástrofe para la reconstrucción y construcción de la nación”, escribió.

Además, la violencia contra las instituciones educativas y el profesorado ha provocado el declive de los niveles de asistencia escolar. Tan sólo un 30% de los 3,5 millones de niños en edad escolar asisten a clase, frente al 75% registrado en el pasado curso escolar, según estadísticas recientes del Ministerio de Educación.

“Las instituciones educativas y el profesorado necesitan apoyo y recursos para promover la paz y la tolerancia a través de la educación, y dejar de ser blanco de la violencia”, insta van Leeuwen.

La Internacional de la Educación no es la única organización que se preocupa por la seguridad de los académicos iraquíes. La red de activistas de derechos humanos “The Brussels Tribunal” ha hecho un llamamiento urgente para salvar a estos profesionales. Entre los más de 10.000 firmantes de la petición se destacan dos ex secretarios generales adjuntos de la ONU, eminentes académicos (Noam Chomsky y Howard Zinn, entre otros) y escritores (Eduardo Galeano, por ejemplo), así como los premios Nobel Dario Fo, José Saramago, J. M. Coetzee y Harold Pinter. Para más información, visite: www.brusselstribunal.org