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La promesa de la educación en lo relativo a la igualdad de género (2/2)

publicado 29 abril 2017 actualizado 5 junio 2017

La igualdad de género es un objetivo independiente de los Objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU para 2030, pero también es un aspecto clave en el ODS 4 sobre la educación de calidad. En vista de la próxima publicación del Informe sobre desarrollo mundial 2018 (IDM) y la influencia que ejerce el Banco Mundial en la narrativa global sobre educación e igualdad de género, es importante detenerse a analizar cómo concibe el Banco Mundial el papel de la educación, especialmente el de la educación de la mujer y los grupos marginados, en la reducción de la pobreza y la promoción de una prosperidad común. Este es el segundo de dos breves análisis sobre la nota conceptual del IDM 2018 sobre derechos humanos e igualdad de género.

La nota conceptual 1 del IDM 2018 considera la educación como un instrumento para que «los grupos excluidos adquieran las habilidades necesarias» para satisfacer las necesidades de la economía global. Este enfoque instrumentalista de la educación como modo de adquisición de habilidades que satisfagan la demanda de empleo y productividad (demanda que no depende de las necesidades de personas o grupos a nivel local, sino de la necesidad mundial de mano de obra) no se ajusta al concepto de educación como derecho humano ni forma parte de una agenda de igualdad como afirma la nota conceptual.

Por ejemplo, la nota conceptual hace referencia acertadamente a la persistente desigualdad existente en el acceso a la educación afirmando que «En los países, especialmente en los más pobres, sigue habiendo un amplio déficit en la participación escolar de las niñas, de los niños procedentes de familias pobres y de otros grupos que sufren exclusión» (p.8). Sin embargo, mejorar el acceso a la educación no es lo único que debemos hacer para reducir la desigualdad de género. El enfoque de la educación basado en los derechos reconoce otros derechos además del derecho a la educación. Cualquier esfuerzo que se haga por hacer frente a la marginalización y la exclusión, también debe tener en cuenta los derechos obtenidos en y a través de la educación. Para acabar con la desigualdad de los sistemas sociales, políticos y económicos —que no solamente excluyen a la mujer y a otros grupos marginados en un principio, sino que siguen marginando y excluyéndolos una vez logrado el acceso— la educación debe procurar transformar y trascender los obstáculos que impiden la igualdad de acceso, logrando al mismo tiempo que la mujer reciba un trato equitativo y tenga derechos en los sistemas e instituciones.

La nota conceptual no contempla que una educación basada en los derechos pueda crear las transformaciones sociales necesarias, como enfrentarse a los obstáculos que impiden la igualdad de género, basándose no solo en el género de cada uno, sino también en la intersección de género, clase, ubicación, capacidad y otros marcadores. La nota conceptual del IDM 2018 asegura que «La educación solamente puede capacitar a las mujeres hasta cierto punto, si la legislación las discrimina o las convenciones sociales les prohíben hacer uso de sus habilidades» (p.6) y que «los obstáculos contra el empleo de la mujer pueden mermar los beneficios que reporta la educación» (p.2).Aquí se está describiendo la educación como un vehículo para alcanzar principalmente una fuerza laboral mundial cualificada. Sin embargo, la nota conceptual no tiene en cuenta el potencial de la educación para transformar los obstáculos legales y sociales que frenan la capacitación de la mujer, lo cual podría fomentarse mediante una educación basada en los derechos. Una vez más, la nota conceptual no logra mostrar un concepto de la educación como derecho humano en el sentido amplio del mismo (derechos a, en y a través de la educación), restringiendo así su potencial transformador para alcanzar los propios objetivos del Banco Mundial de «erradicar la pobreza y promover la prosperidad común».

La nota conceptual reconoce que «La crisis del aprendizaje y las causas relacionadas afectan más a los niños que ya se encuentran en una situación desfavorecida, ya sea por razones de pobreza, género, ubicación, etnia o discapacidad. Pero, al no haber suficientes medidas fiables relativas al aprendizaje y las causas próximas, el problema se ha bautizado muy convenientemente como la «exclusión oculta» (p.11). Aunque el diseño y la implantación de mediciones que sirvan de guía en la reformas es uno de los cuatro temas de la nota conceptual, las actuales mediciones suelen limitarse a la paridad de género y la igualdad de acceso. Estas medidas no suelen tener en cuenta qué ocurre dentro de los centros escolares —por ejemplo, el acoso a las alumnas, la falta de instalaciones adecuadas o la existencia de planes de estudio que refuerzan los estereotipos de género. Además, la nota conceptual no contempla que, en ocasiones, las distintas exclusiones se solapan de forma compleja, lo cual tiene implicaciones a la hora de medir y hacer visible la «exclusión oculta».

La nota conceptual del IDM 2018 es encomiable por analizar la promesa de la educación. Ofrece la oportunidad de reflexionar acerca de la postura de la comunidad internacional en relación con sus compromisos con los ODS 2030 de la ONU relativos a la educación y la igualdad de género. Sin embargo, la nota conceptual se queda corta a la hora de conceptualizar la promesa de la educación como una parte fundamental para el cambio de estructuras sociales, políticas y económicas que son injustas y oprimen en función del género, la sexualidad, la clase, la etnia, la religión, el idioma, la capacidad u otros marcadores. Como decíamos en la Parte 1, es poco probable que el hecho de contar con más mediciones y con un mayor seguimiento basado en un enfoque utilitarista de la educación nos lleve a reducir las diferencias de género con los más marginados. Para abordar las limitaciones legales y sociales contra la capacitación de la mujer señaladas por la nota conceptual y mencionadas anteriormente, los autores del informe podrían plantearse recurrir a un enfoque basado en los derechos para medir los resultados educativos y desglosar los datos a fin de arrojar más luz sobre la intersección de exclusiones distintas. Garantizar los derechos, tanto dentro como a través de la educación, es importante para cambiar la lógica del pensamiento y de las acciones necesarias para que haya justicia de género dentro y fuera de la escuela.

El Banco Mundial debe hacer algo más que defender de boquilla la educación como derecho humano universal; tiene que reconocer que los derechos existentes dentro y a través de la educación son fundamentales para lo que la nota conceptual del IDM 2018 denomina agenda de igualdad. Los objetivos y la finalidad de la educación deben ir más allá de la igualdad de acceso o de satisfacer la necesidad de la economía global de contar con trabajadores cualificados. Como hemos dicho anteriormente, la igualdad de acceso a instituciones que son básicamente desiguales no es el único requisito para el empoderamiento de la mujer. Para que exista una agenda de igualdad, es imprescindible defender derechos como el de la educación a través de las instituciones políticas, económicas y sociales. Para que eso ocurra, los defensores de los derechos humanos, los activistas y los educadores y académicos destacados deben hacer un seguimiento de los avances realizados y participar en las fases formativas del IDM 2018. Puede leer la nota conceptual del IDM 2018 en http://www.worldbank.org/en/publication/wdr2018. Envíe sus preguntas, comentarios o ideas acerca del próximo Informe sobre el desarrollo mundial a la dirección de correo electrónico [email protected].

1 Banco Mundial  2016. Informe sobre desarrollo mundial 2018: Hacer realidad la promesa de la educación al servicio del desarrollo– nota conceptual. Washington, D.C.: Grupo Banco Mundial.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.