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“Celebramos el valor y la virtud del servicio público.”

Por David Edwards

por: David Edwards publicado 23 junio 2021 actualizado 5 julio 2021

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció en 2002 el Día para la Administración Pública, que “celebra el valor y la virtud del servicio público para la comunidad; destaca la contribución del servicio público en el proceso de desarrollo; reconoce el trabajo de los servidores públicos y alienta a los jóvenes a seguir carreras en el sector público”.

Servicio público, equidad y democracia

En las últimas décadas, el mercado ha sido el centro de atención y los servicios públicos a menudo se han visto relegados al abandono y la falta de recursos. Eso explica en parte las brechas cada vez mayores de la equidad. Se ha producido una redistribución masiva de la riqueza y el poder, de muchos a unos pocos.

Los motivos del incremento de las injusticias y de los peligros para la democracia son innumerables. No obstante, uno de ellos es el desequilibrio existente entre las restricciones que afectan a la gobernanza y los servicios públicos responsables ante los dirigentes elegidos, por un lado, y los mercados y sus actores, por otro, que se han visto “liberados” por la desregularización y la liberalización.

Los servicios públicos no son intercambiables con los servicios privados en las democracias. Persiguen el bien público, no las ganancias privadas. Están al servicio de la ciudadanía, no de quienes consumen. Su éxito se valora en función del progreso social y la expansión de la igualdad y las oportunidades para la mayoría, no por el rendimiento económico que aportan a una relativa minoría.

La privatización y las alianzas público-privadas ponen de relieve esta diferencia fundamental. Los servicios públicos que presten las empresas de servicios privadas y con fines de lucro dejarán de perseguir el bien público en detrimento de las ganancias privadas. Las alianzas público-privadas suelen ser una combinación poco clara de mandatos públicos e iniciativas empresariales privadas.

Un buen ejemplo de esta combinación y sus peligros para la democracia es la introducción de las tecnologías de la información y las comunicaciones en el ámbito educativo. Se expandieron rápidamente con el aprendizaje a distancia durante la pandemia. ¿Quién adopta las decisiones de política en materia educativa relativas a su incorporación en la educación, las autoridades públicas, las empresas de tecnologías educativas o ambas? ¿Dónde deja eso a la profesión docente y sus sindicatos? ¿Dónde deja eso a los padres y las madres y a la ciudadanía en su conjunto?

Los valores del servicio público frente al lucro del mercado

En cualquier caso, no basta con proteger los servicios públicos del dominio de las partes privadas a través de privatizaciones y alianzas público-privadas, aunque se incrementara considerablemente la financiación pública. No es así de simple. Los servicios públicos, a fin de contribuir plenamente a la sociedad y la democracia, deben encarnar los valores del servicio público. Eso conlleva la obligación de alinear sus planes, estrategias y métodos con sus propósitos y valores.

Los valores del servicio público están más próximos a los valores de la familia y de la comunidad que a los marcos de análisis de costo-beneficio del mundo empresarial. La educación es un ejemplo convincente. El alumnado es un conjunto de seres humanos llenos de curiosidad y de vida. Los equipos docentes profesionales y calificados han sabido fomentar el placer de aprender y facilitar el desarrollo de la juventud. La imposición de técnicas de gestión y sistemas de medición del sector privado debilita al alumnado y al profesorado y sabotea la misión de la educación.

La pandemia de COVID-19 no solo ha despertado un anhelo público de comunidad, sino que también ha obligado a realizar un examen de los valores. Se ha reconocido la importancia de la salud, la educación y otros servicios públicos, junto con el personal que hace posible dichos servicios, todos los cuales se consideran fundamentales para la existencia humana. Asimismo, ha ido creciendo la insatisfacción con la gobernanza. Las crisis y sus consecuencias ofrecen una ventana de oportunidades para cambiar el rumbo de las prioridades y los debates públicos.

La educación: el servicio público fundamental

Para que los servicios públicos contribuyan plenamente a crear un futuro mejor, necesitan desesperadamente más inversión pública. Ningún servicio público está tan vinculado con el futuro como la educación. Ha sido objeto de falta de inversiones durante décadas. La educación no solo requiere financiación inmediata, sino que necesita una inversión sostenida a largo plazo.

Para incorporar talento nuevo a la profesión docente, se necesitan una formación continua y de calidad, la protección de los derechos, buenas condiciones laborales que incluyan una remuneración justa y la posibilidad de gozar de carácter creativo y autonomía con apoyo profesional. Eso conlleva participar en las negociaciones durante el desarrollo de políticas en lugar de quedar al margen. Para retener al personal docente experimentado, se debe mantener un entorno de bienestar que cambie el sentido de la vida laboral de un estrés debilitante a la satisfacción en el trabajo.

La pandemia y sus efectos han exigido un enorme gasto público a nivel nacional en un mundo con poca solidaridad internacional. Eso significa que los ministros y las ministras de finanzas pueden tener la tentación de regresar a hábitos de austeridad. La educación y otros servicios públicos, así como las medidas de equidad y estimulación económica cuya necesidad es tan crucial, no deberían guiarse por ese enfoque antiguo y fallido. Continuar por ese camino garantiza el fracaso en todos los frentes.

El éxito es posible, aunque exige una gran movilización de un producto básico que escasea: la voluntad política. Hay suficiente dinero en el mundo para actuar con responsabilidad y abordar los problemas mundiales fundamentales. Simplemente, hay que desplazarlo de donde está acumulado a donde hace falta desesperadamente. Para ello, necesitamos una alianza público-privada cuyo funcionamiento haya quedado demostrado; que grave a las corporaciones y las personas que se hayan beneficiado más de la globalización a fin de financiar el progreso social y la lucha para salvar el planeta.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.