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Mundos de la Educación

Credit: GPE/Kelley Lynch
Credit: GPE/Kelley Lynch

De la visión a la inversión: Por qué el mundo necesita la primera Cumbre Financiera Internacional para la Primera Infancia

publicado 30 enero 2026 actualizado 30 enero 2026
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En noviembre de 2022, más de 150 gobiernos y partes interesadas de todo el mundo se reunieron en Tashkent, Uzbekistán, con motivo de la Conferencia Mundial sobre Atención y Educación de la Primera Infancia, que concluyó con adopción de un documento fundamental: la Declaración de Tashkent y Compromisos de Acción para Transformar la Atención y Educación de la Primera Infancia. Este paso permitió refrendar la idea compartida de que la atención y la educación en esta etapa no constituyen una política social opcional, sino la base necesaria para el desarrollo humano, la resiliencia económica y la cohesión social.

En noviembre del año pasado, en la Cumbre del G20 celebrada bajo los auspicios de Sudáfrica, los países asistentes asumieron un compromiso histórico con la niñez y acordaron aumentar el financiamiento para los primeros años de vida.

De ese modo, reconocieron que los cuidados, el desarrollo y la educación durante la primera infancia son esenciales para el crecimiento y el progreso del ser humano y que invertir en ellos es una de las decisiones más inteligentes que puede tomar un Estado.

El reto actual no reside en la falta de visión, sino en la falta de mecanismos de financiación, coordinación y rendición de cuentas para convertir esos compromisos en una prestación universal de alta calidad.

Ante la cercanía de 2030, cuando se cumple el plazo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la propuesta de celebrar en 2027 la primera Cumbre Financiera Internacional para la Primera Infancia no solo resulta oportuna, también es crucial.

¿Por qué una cumbre financiera y por qué ahora?

El propósito de la Cumbre Financiera Internacional para la Primera Infancia es conseguir lo que no ha logrado hasta ahora ningún foro mundial: poner las decisiones económicas, de planificación y de financiación en el centro de la agenda.

La Cumbre recupera la auténtica naturaleza de la primera infancia como una de las inversiones más inteligentes y rentables que puede hacer un país. Como ya se ha demostrado, invertir en edades tempranas rinde frutos a lo largo de toda la vida y se traduce en una mayor preparación escolar, mejores resultados sanitarios, más participación de las mujeres en el mercado laboral, el alza de la productividad y sociedades más resilientes.

La Cumbre ofrece una plataforma estructurada para que los gobiernos pasen de la teoría a la práctica, movilizando más fondos nacionales, destinando partidas actuales de gasto a lo que de verdad funciona y creando alianzas innovadoras que desbloqueen el capital privado y filantrópico.

Actuar por la primera infancia: un movimiento mundial que impulsa la Cumbre

Uno de los pilares del éxito de la Cumbre es la campaña "Actuar por la primera infancia" (Act For Early Years), un movimiento internacional que reúne a docentes, profesionales, sindicatos, sociedad civil, personal de investigación, familias y grupos activistas de todas las regiones con el objetivo de potenciar la voluntad política y cosechar compromisos concretos.

La razón de ser de "Actuar por la primera infancia" es garantizar que esa etapa de la vida deja de considerarse una cuestión marginal o fragmentaria y se aborda como una prioridad política y económica de primer orden. Aporta un nexo de unión entre las ambiciones mundiales y las medidas nacionales gracias a que forja coaliciones entre países, apoya la planificación basada en datos empíricos y presiona para invertir donde es más necesario.

Uno de los aspectos cruciales de este movimiento es su firme anclaje en el personal que trabaja con la primera infancia. Con el respaldo de la Internacional de la Educación y en consonancia con su campaña ¡Por la pública! Creamos escuela, "Actuar por la primera infancia" se centra en trasladar la voz del profesorado, de personas cuidadoras y de profesionales del área que resultan fundamentales para prestar una atención y una educación de calidad durante los primeros años de vida. La perspectiva de esta fuerza de trabajo no es simbólica, es estructural. Sin un personal bien formado que reciba una remuneración justa y goce de reconocimiento profesional, los compromisos sobre acceso y calidad son inviables.

A través de coaliciones nacionales y redes regionales, "Actuar por la primera infancia" está ayudando a los gobiernos a prepararse para la Cumbre:

  • Organizando consultas nacionales inclusivas que reúnen a ministerios de finanzas, educación, salud y protección social.
  • Garantizando que sindicatos y profesionales de la primera infancia participan de verdad en el proceso y su opinión no queda relegada a mero añadido.
  • Alineando las prioridades nacionales con las evidencias mundiales sobre lo que funciona, incluidas la inversión en personal y las políticas respetuosas con las familias.
  • Propiciando el respaldo político y social para que los compromisos alcanzados en la Cumbre sean ambiciosos y, además, factibles.

Gracias a "Actuar por la primera infancia", la Cumbre pasa de ser una cita puntual al momento culminante de un proceso plurianual liderado por los países. Contribuye a garantizar que los compromisos anunciados en 2027 se cimentan en una reforma real del sistema, reforzando a las plantillas, mejorando las condiciones del profesorado y el personal de atención y prestando servicios de calidad a las niñas, los niños y sus familias.

En un momento en el que las y los docentes y profesionales del área se enfrentan a una falta de financiación crónica, a altas tasas de abandono y al aumento de la demanda, "Actuar por la primera infancia" envía un mensaje claro: invertir en los primeros años de vida implica invertir en las personas que hacen posibles estos servicios. Al combinar el liderazgo de la fuerza de trabajo con la presión política y la reforma financiera, la campaña está ayudando a transformar el consenso mundial en acciones nacionales y a garantizar que de la Cumbre salen cambios duraderos, no solo titulares de prensa.

De las personas trabajadoras a las familias: financiar lo más importante

Las prioridades expuestas en la Declaración de Tashkent indican claramente los ámbitos a los que deben destinarse los fondos.

En primer lugar, el personal del cuido y la educación de la primera infancia. La calidad de los servicios depende de un personal cualificado y motivado. Para lograrlo, es necesario invertir de forma decidida y continuada en sistemas de capacitación y formación, desarrollo profesional permanente, salarios justos, contratos estables y vías claras de promoción profesional. Equiparar sus condiciones de trabajo con las del profesorado de educación primaria no es solo una cuestión de justicia, también es un imperativo de calidad. La Cumbre ofrece un espacio para que los países se comprometan a financiar la profesionalización de la fuerza de trabajo, inclusive en los sectores privados y poco regulados en los que se atiende a la mayoría de los niños y las niñas de menor edad.

Segundo, las familias y las personas que asumen las labores de cuidados. La Declaración reconoce que el aprendizaje empieza en casa y en la comunidad. Los programas de ayuda a la crianza, las prestaciones económicas por cuidado de menores, los permisos familiares retribuidos, los servicios de guardería asequibles y las políticas de conciliación son herramientas que han demostrado su utilidad para reforzar el progreso infantil, al tiempo que facilitan a los progenitores —en especial, a las madres— la posibilidad de participar en el mercado laboral. Invertir en estas políticas respetuosas con las familias es tanto una política social sensata como una decisión económica inteligente.

Tercero, la calidad y la inclusión. La Cumbre eleva la inversión en servicios inclusivos, culturalmente pertinentes y basados en la evidencia, garantizando que las niñas y los niños con discapacidad, en condición de pobreza o en medio de conflictos o pertenecientes a otros grupos marginados no se quedan atrás. Es esencial integrar la atención a la primera financia en la respuesta humanitaria y la financiación para contextos de crisis, y la Cumbre puede servir para catalizar ese cambio.

Inversiones inteligentes con una rentabilidad real

Una contribución clave al proceso de la Cumbre es la investigación emergente sobre compras inteligentes para la primera infancia, que investiga las intervenciones rentables y de eficacia demostrada que maximizan los resultados. Entre ellas se cuentan los programas de nutrición y salud infantil, la estimulación temprana y el apoyo a la crianza, los servicios preescolares y de guardería de calidad y las políticas de protección social que beneficien a las familias.

El potencial de la situación actual trasciende la solidez de las pruebas disponibles e incluye el acceso a los ministerios de finanzas. La pregunta ya no es si la inversión en la primera infancia funciona, sino cuánto van a tardar los gobiernos en generalizar eso que funciona y cómo coordinarán a los distintos sectores para lograrlo.

Una oportunidad única

La Cumbre Financiera Internacional para la Primera Infancia representa un punto de inflexión. Aprovecha el impulso político de la Declaración de Tashkent y del G20 y lo canaliza en un proceso concreto con un calendario claro: consultas nacionales, investigación, compromisos cuantificables y un proceso posterior de rendición de cuentas hasta 2030.

En un mundo que afronta un vertiginoso cambio tecnológico, choques climáticos, desplazamientos demográficos y una creciente desigualdad, invertir en la primera infancia es la forma de preparar la sociedad para el futuro. La Cumbre no busca nuevos compromisos, sino hacer realidad los existentes.

Debemos aprovechar la oportunidad: las pruebas son incuestionables y el coste de no actuar es demasiado alto. La primera Cumbre Financiera Internacional para la Primera Infancia de la historia puede ser el momento en el que por fin el mundo cumpla sus promesas a los niños y las niñas y aporte el capital necesario para transformar su futuro.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.