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Photo: Simone D. McCourtie / World Bank
Photo: Simone D. McCourtie / World Bank

ETFP, capacidades y justicia social

publicado 12 noviembre 2018 actualizado 13 noviembre 2018
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¿Qué es la educación técnica y formación profesional (ETFP) y para qué sirve? Quizá sea una pregunta de difícil respuesta porque lo cierto es que no hay consenso sobre qué es, qué debería ser, quién debe pagarla, cómo hay que impartirla y si debe impartirse en escuelas o en instituciones postescolares de ETFP (se imparte en ambas, según el país). Por otra parte, aunque podría discutirse, la mayoría están de acuerdo en qué hacen las escuelas y universidades.

La Internacional de la Educación insiste en que la ETFP juega un papel fundamental en el apoyo de la justicia social y el desarrollo económico y social sostenible e inclusivo. La IE nos encargó que realizáramos un estudio para averiguar cómo sería la ETFP y qué podría conseguir si respaldara el concepto del crecimiento humano en lugar de las nociones simplistas de capital humano. Hasta ahora hemos realizado estudios de caso detallados en Australia, Inglaterra y Taiwán en la primera fase del proyecto e informaremos sobre nuestros hallazgos en la próxima Conferencia de la IE sobre educación postsecundaria, educación superior e investigación que se celebrará en Taiwán en noviembre.

Utilizamos el enfoque de las capacidades para reflexionar sobre el papel de la ETFP y para qué debería servir. El enfoque de las capacidades fue desarrollado por primera vez por el premio Nobel y economista Amartya Sen y la filósofa Martha Nussbaum. Se utiliza mucho para evaluar hasta qué punto las políticas sociales apoyan a los grupos desfavorecidos de la sociedad para que tengan acceso al tipo de oportunidades (y los recursos que necesitan para hacerlo) que les permitirán tomar decisiones sobre cómo quieren vivir, a quién van a amar y cómo, y a vivir una vida que merezca la pena. El enfoque de las capacidades es la base del índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.

Utilizamos el enfoque de las capacidades para contrastar las políticas gubernamentales centradas en el papel de la ETFP como fuente de mano de obra especializada para satisfacer las necesidades del mercado laboral. Estas políticas se basan en la teoría del capital humano que establece una línea directa entre la inversión en habilidades y los buenos resultados del mercado laboral. El problema es que no funciona. Los enfoques simplistas del capital humano no han sabido resolver los desequilibrios entre desempleo y destrezas y la falta de empleos adecuados para un gran número de personas, especialmente en los países de ingresos bajos y medios.

A menudo se culpa de dichos resultados a las instituciones públicas de ETFP y en concreto a sus docentes por no enseñar las habilidades adecuadas que requieren los empleadores. Sin embargo, normalmente no se consulta o directamente se excluye a los docentes y a sus sindicatos de los procesos de elaboración de políticas relacionadas con la ETFP y su currículo y, al mismo tiempo, se les imponen currículos instrumentales y simplistas, se somete a las instituciones a recortes en la financiación y el sector se ve sujeto a la comercialización y la privatización.

Los vínculos de la ETFP con el mercado laboral la hacen particularmente vulnerable a las políticas de privatización y es el sector educativo más privatizado y mercantilizado.  Es el único sector de la educación donde una reducción de costes en la enseñanza a estudiantes individuales se considera eficiente, en lugar de una amenaza a la calidad de la enseñanza, como ocurriría en la escuela y la educación superior.

Los docentes de la ETFP tienen una visión más holística de lo que debería ser la ETFP. En respuesta a una encuesta realizada para este proyecto, docentes de Inglaterra, Australia y Taiwán contestaron que los dos objetivos más importantes de la ETFP son el desarrollo de los estudiantes como ciudadanos activos que participan en su comunidad y en su sociedad, y la preparación de los alumnos para su función de trabajadores.

En nuestra investigación, estudiamos el papel que pueden desempeñar las instituciones de la ETFP como «pilares» de su entorno para servir de apoyo al desarrollo económico y social de la región de una forma socialmente inclusiva y sostenible. En lugar de limitarse a satisfacer la demanda de determinadas habilidades, las instituciones de la ETFP deben recibir una financiación adecuada para reflexionar sobre los conocimientos y habilidades necesarios para el futuro y desarrollar, codificar e institucionalizar estos conocimientos. Tienen que contar con la financiación suficiente para poder interactuar con su entorno y con las empresas y desarrollar programas que satisfagan las necesidades locales.

Los estudiantes que cursen la ETFP deben tener las mismas oportunidades para poder colmar sus aspiraciones como lo hacen los estudiantes universitarios. Eso significa que deben poder elegir en qué tipo de programas quieren participar y qué tipo de empleos les interesan, en lugar de conformarse con programas vinculados a empleos poco cualificados con demanda. Para ello las instituciones de la ETFP tienen que estar muy vinculadas a su entorno y a las empresas que crean esas oportunidades. Tienen que ser instituciones de confianza que sepan lo que necesita su entorno y colaboren con los actores sociales para crear una formación profesional de calidad que cree oportunidades para los estudiantes, en lugar de restringir sus posibilidades a través de una formación incompleta.

Las instituciones de la ETFP son instituciones y no proveedores. Hay mucha diferencia entre ambos. La noción de proveedor implica la existencia de muchos otros proveedores, y no importa mucho cuál de ellos es el que ofrece el servicio. Los proveedores vienen y van, aumentan y disminuyen en respuesta a la demanda del mercado. En esta visión, la mano invisible del mercado hace que haya una oferta de formación cuando y donde se necesita, sin necesidad de invertir en las instituciones, en la capacidad institucional o la formación continua de los docentes. Los gobiernos solo necesitan invertir en los mercados, y no en las instituciones. La competencia se ve como algo indudablemente positivo, con los beneficios como incentivo. El problema es que en un mercado que persigue el lucro, el objetivo es lograr beneficios y, tal y como muestran los casos de Australia e Inglaterra, se han conseguido unos beneficios tremendos bajando la calidad y llevando al sistema al límite.

Para tener unas instituciones de ETFP fuertes hay que invertir en los docentes de ETFP, dándoles la oportunidad de ser profesores y de seguir formándose como docentes expertos así como expertos de la industria. Unas instituciones fuertes necesitan personal bien preparado, cualificado y reconocido. Los docentes especializados de la ETFP tienen que ser capaces de investigar sobre cómo evolucionan los puestos de trabajo y desarrollar un currículo adecuado en respuesta. Tienen que entender y ser capaces de implantar unas estrategias de enseñanza y aprendizaje para poder trabajar con los alumnos más desfavorecidos y poder entablar unas alianzas sólidas con su entorno y con las empresas locales. Estos resultados solo pueden conseguirse con un sistema sólido de centros de ETFP desarrollados a partir de la confianza en las instituciones públicas y en los docentes de la ETFP.

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.