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El sindicalismo, la profesión docente y la democracia, una entrevista al secretario General Emérito de la IE, Fred van Leeuwen

publicado 17 diciembre 2018 actualizado 19 febrero 2019
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En 2018 se celebra el 25° aniversario de la creación de la Internacional de la Educación. Ahora que el año de este aniversario se acerca a su fin, publicamos una entrevista realizada a Fred van Leeuwen, que desempeñó el cargo de Secretario General de la IE durante los primeros veinticinco años de la organización. Esta entrevista ofrece una reflexión sobre los cambios sustanciales que se han producido en el mundo de los sindicatos y de la educación en los últimos cincuenta años, un corto período de tiempo en términos históricos.

Fred ha dedicado gran parte de su vida laboral a la lucha por la democracia. En los últimos años, las amenazas a nuestras libertades se han intensificado. Ha quedado claro que el autoritarismo está, una vez más, ganando terreno. Se ha convertido en un desafío para los educadores y sindicalistas, así como para todos los demócratas. Para enriquecer este debate sobre lo que podemos hacer para apoyar y reforzar la democracia, Van Leeuwen y la Presidenta de la IE, Susan Hopgood, están escribiendo un libro sobre “Educación y Democracia”, que la IE publicará en 2019.

¿Qué fue lo que le llevó a convertirse en un educador y un sindicalista apasionado?

No estoy seguro de haber sido un educador apasionado. En cierto modo, llegué a la docencia de manera casual. Fue tan simple como eso. Lo que contribuyó fue que en ese momento en los Países Bajos había una escasez de docentes y al aceptar un puesto de trabajo en la enseñanza se podía evitar el servicio militar. Así que la elección que se me planteó, o incorporarme al ejército o dar clases a los niños, no resultó nada difícil para mí.

Pasaron un par de años hasta que me adapté y empecé a apreciar cómo un docente puede marcar una diferencia en la vida de los niños. Hay que tener en cuenta que para que un docente se considere a sí mismo experimentado debe haber acumulado por lo menos 10 mil horas de docencia en su reloj, lo que supone haber trabajado de 9 a 10 años a tiempo completo. Yo nunca llegué a ese punto. Trabajé entre 5 y 6 mil horas como mucho. Daba clases en dos cursos, a estudiantes de séptimo y octavo grado. Tenían una edad interesante, entre 10 y 12 años. Como tenía a los mismos estudiantes durante dos años, era emocionante verlos cambiar, desarrollarse y aprender. El trabajo era creativo y gratificante. Había un alto grado de autonomía profesional. Hoy en día esa libertad profesional está disminuyendo en muchos países. Hay que dedicar cada vez más tiempo a las tareas administrativas y a otras labores que no están relacionadas con la enseñanza. La creciente carga de trabajo de los docentes ha llegado a tal punto que muchos compañeros consideran la posibilidad de abandonar la profesión.

Me afilié inmediatamente al sindicato. No había motivo para no hacerlo. Pero pasaron un par de años antes de que me convirtiera en un miembro activo. Sin embargo, desde muy joven estuve vinculado a un partido político, un partido pacifista de izquierdas, y con solamente dos escaños en el Parlamento estábamos decididos a liberar a los oprimidos y a lograr la paz mundial. Yo era un lector apasionado, mi madre me animaba a ir a la biblioteca pública dos veces a la semana y hay algunos libros que leí cuando era adolescente que creo que han influido en mi forma de pensar. Uno fue una novela de un famoso escritor holandés, Multatuli [1], que denunciaba los abusos coloniales en las Indias Orientales Holandesas, actualmente Indonesia. Describe la situación de esa vasta colonia en el siglo XIX, que estuvo bajo el control de los Países Bajos durante cerca de 500 años, así como la situación en casa, en los Países Bajos, y expone la hipocresía de una sociedad profundamente religiosa que generaba gran parte de sus ingresos de una manera muy “poco cristiana” al reprimir y explotar a un pueblo del otro lado del planeta.

Entre otros libros que tuvieron una gran influencia en mi visión del mundo se encuentra “1984” de George Orwell.

Acabé dejando ese partido pacifista cuando dejé de creer que el desarme era conveniente. En ese momento me uní al Partido del Trabajo (PvdA), un partido políticosocialdemócrata holandés que he tenido la tentación de abandonar muchas veces porque, al igual que la mayoría de los demás partidos socialdemócratas de Europa, no han sabido oponerse a las políticas neoliberales o incluso las han respaldado.

¿Cómo llegó usted a implicarse en la actividad sindical? ¿Cómo dio el salto de los niveles local y regional a su sindicato nacional?

Aquí, una vez más, me gustaría decir que fue iniciativa mía, pero no lo fue. Otros, que eran más activos que yo, se dieron cuenta de que yo era un escritor bastante bueno. Había publicado algunos artículos, escribía una columna mensual en una revista juvenil y había escrito un musical para niños que fue transmitido por televisión. Entonces dijeron, ¿por qué no vienes y nos echas una mano? Aunque con reticencia, acepté presentarme como candidato para el cargo de secretario de la oficina local de ABOP en Utrecht.

Pero mi primer contacto verdadero con el liderazgo nacional se debió a un problema internacional. Había escrito al presidente de mi sindicato para expresarle mi preocupación por la relación de nuestro sindicato con el Sindicato de Docentes de Israel. Esa relación se había vuelto un tanto tensa debido a la situación en Oriente Medio. Yo había acompañado a mi padre, que era capitán en la marina mercante, en uno de sus viajes a Israel. Como joven activista local, sentía curiosidad por el sindicato de la educación de ese país. Así que me reuní con su secretario general, Shalom Levin [2]. Era una leyenda viva. Y congeniamos a pesar de la gran diferencia de edad. Seguimos siendo amigos hasta su muerte en 1995.

Levin fue quien me animó enérgicamente a implicarme en el movimiento sindical internacional y me pidió que le ayudara a crear un comité internacional para combatir el antisemitismo, el racismo y la discriminación. Este comité convocaría más tarde dos conferencias mundiales, una en Ámsterdam y otra en Tel Aviv, en las que reunió a las afiliadas de las dos principales organizaciones internacionales.De hecho, este Comité allanó el camino para la creación de la IE una década y media después.

Entretanto, fui elegido miembro del Consejo Ejecutivo nacional de ABOP y, entre otras cosas, se me confió la responsabilidad de sus relaciones internacionales, incluso con Europa.

¿Hubo experiencias internacionales tempranas que marcaron su vida sindical?

En diciembre de 1978 se celebró en Manila, Filipinas, el Congreso Mundial de la Federación Internacional de Sindicatos de Maestros Libres (IFFTU). En mi intervención sobre el informe de actividades del Secretario General expresé mi asombro por el hecho de que el Congreso se celebrara en un país que tenía tantos miles de presos políticos. Dije que me sentía como un “pez fuera del agua” y pedí que se enviara delegación para visitar a los detenidos políticos.

El presidente Marcos había inaugurado el Congreso y aún no había abandonado el centro de convenciones cuando hice mis comentarios. Esto creó una cierta agitación. La organización anfitriona quería que el Congreso terminara de inmediato, ya que había insultado al Presidente, al pueblo y a los docentes de Filipinas, y se me sugirió, de una manera más o menos educada, que abandonara el país.

Los delegados del sindicato estadounidense AFT, el británico NASUWT, el alemán GEW y el francés FEN me arroparon para protegerme de los abusos de los funcionarios gubernamentales y me ayudaron a ponerme en contacto con el embajador holandés. Lo primero que me dijo fue: “¿Por qué pronunciaste un discurso tan provocativo? Deberías haberme consultado primero”. Así pues, mi primera aventura internacional visible, por decirlo de algún modo, distaba mucho de ser un acto de diplomacia.

Un año y medio después de ese momento de fama, me pidieron que me uniera al Secretariado de la IFFTU en Bruselas como Secretario General Adjunto. Desgraciadamente, el Secretario General, el belga André Braconier, falleció en diciembre de 1980. El presidente de la IFFTU en ese momento, Erich Frister, que era también el presidente de la afiliada alemana GEW, me pidió que asumiera el cargo de Secretario General en funciones.

Sinceramente, no estaba convencido de ser el hombre adecuado para ejercer esta función, tenía poca experiencia en organizaciones internacionales y no tenía ganas de mudarme a Bruselas, donde se encontraba el secretariado de la IFFTU.

Se ejerció cierta presión sobre los dirigentes de ABOP para que me convencieran de aceptar el cargo, persuadiéndome con la idea de que la sede de la IFFTU se iba a transferir a las instalaciones de ABOP en Ámsterdam. Cedí y el Consejo Ejecutivo de la IFFTU me nombró Secretario General en funciones el 13 de marzo de 1981 durante una reunión en la sede de la UFT [3] en Nueva York. Posteriormente, iba a ser presentado como candidato en el Congreso Mundial de la IFFTU, que iba a celebrarse en Panamá más tarde ese año.

Sin embargo, a lo largo de ese año, algunos compañeros estadounidenses tuvieron dudas con respecto a que resultara elegido Secretario General. Era mi estilo de vida personal, el hecho de mantener una relación con una persona del mismo sexo, lo que les molestaba. Me pidieron amablemente que me retirara. En esos años, los derechos LGBT aún no habían llegado a nuestro movimiento sindical. Pero mi propio sindicato y otras organizaciones europeas se aventuraron a defenderme, tal vez no porque tuvieran especialmente interés en los derechos LGBT, sino porque no les gustó la idea de que Estados Unidos encontrara defectos a su candidato europeo. No estando de entrada entusiasmado por ser el Secretario General de la organización, de repente me encontré en el centro de las escaramuzas intercontinentales en torno a mi orientación sexual. Tuve la tentación de retirarme, pero decidí no ceder ante los prejuicios y fui elegido sin oposición.

Al Shanker, presidente de la AFT, fue elegido presidente de la IFFTU en ese mismo Congreso Mundial en Panamá. Colaboramos estrechamente durante doce años, viajamos por todo el mundo y me atrevo a decir que tuvo una notable influencia en mi visión del mundo. Él fue mi mentor. Al fue verdaderamente excepcional a la hora de promover el cambio democrático, de apoyar a los educadores que se oponían al autoritarismo en Sudáfrica, Polonia y Chile; fue un auténtico pensador que encabezó los debates sobre la reforma educativa en Estados Unidos, abogó por que los sindicatos de la educación de otros lugares hicieran lo mismo, para que fueran proactivos en lugar de esperar a que las autoridades públicas impusieran sus indeseables planes de reforma. Esto también se convirtió en el centro de atención de la IFFTU: la democracia, los derechos humanos y la reforma de la educación. Mi primer acto como Secretario General fue movilizar a nuestra membresía contra la represión a la que estaban sometidos los miembros del sindicato polaco Solidarnosc por parte del general Jaruzelski en 1981. También apoyamos a los primeros sindicatos de la educación independientes de Hungría, PDSZ y TDDSZ, y tratamos de ayudar a los docentes de Sudáfrica a crear un sindicato multirracial de la educación. La CMOPE estaba haciendo lo mismo. Cuando en 1989 le sugerí a Al Shanker que deberíamos explorar las posibilidades de fusionarnos con nuestra rival internacional, la CMOPE, inmediatamente vio el potencial que tenía una nueva e influyente federación mundial de sindicatos de la educación como fuerza para promover la democracia y los derechos humanos y para hacer frente a los efectos negativos de la globalización. Desempeñó un papel determinante en las negociaciones previas al establecimiento de la IE en 1993 y estaba orgulloso del resultado. Al murió en 1996. Cuando me pidieron que hablara en un acto conmemorativo en la Universidad George Washington, el presidente Clinton y el vicepresidente Al Gore estaban sentados en la primera fila, lo que demostraba lo mucho que Al Shanker había sido apreciado.

Cuando asumí el cargo en 1981, había una guerra fría, teníamos un telón de acero y el movimiento sindical internacional estaba fragmentado y alineado en función de la ideología. Había cuatro organizaciones internacionales de docentes. Mi sindicato, ABOP, era miembro de la IFFTU, la federación asociada a la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), cuyas raíces estaban en el movimiento socialdemócrata. Las otras organizaciones internacionales de docentes eran: la CSME, asociada a la confederación cristiano demócrata del trabajo, la Confederación Mundial del Trabajo (CMT); la FISE, afiliada a la confederación de trabajadores comunista, la Federación Mundial de Sindicatos (FSM); y la neutral CMOPE. La IFFTU y la CMOPE pescaban en el mismo estanque. Competían por obtener miembros en todos los rincones del mundo. Aunque fue creada como una federación de sindicatos centrada en los derechos sindicales, la IFFTU también había empezado a abordar cada vez más las cuestiones relacionadas con la reforma de la educación y los problemas profesionales de la década de 1980, mientras que la CMOPE, originalmente establecida para atender las necesidades profesionales de sus afiliadas, había empezado a interesarse en las cuestiones sindicales. En otras palabras, las diferencias entre las dos internacionales se estaban desvaneciendo, lo que permitió que el Secretario General de la CMOPE, Bob Harris, y yo comenzáramos a fantasear sobre la fusión de las dos organizaciones. Eso fue a mediados de los ochenta.

La IFFTU era una organización sindical internacional. No era ambigua ni daba lugar a confusión con respecto a si las organizaciones de docentes debían ser sindicatos o asociaciones profesionales. Entiendo que ese era su punto de vista como joven docente.

Sí, lo era. Personalmente siempre he creído que los ideales del movimiento sindical, como la democracia, la justicia social y la equidad, son inherentes a la profesión docente. También pensaba que si hay un modelo perfecto de organización de docentes, sería un sindicato nacional que representara a todo el sector de la educación y estuviera afiliado a una confederación de trabajadores. Bueno, al margen de los sindicatos de la educación del mundo comunista anteriores a 1989, solo unas pocas organizaciones representan a todo el sector. La educación superior, la educación de la primera infancia, el personal de apoyo a la educación, por dar algunos ejemplos, a menudo tienen sus propias organizaciones. Además, muchas organizaciones miembro de la IE no están afiliadas a las centrales sindicales nacionales, por muchas razones diferentes. Sin embargo, todas tienen las características de las organizaciones sindicales y están comprometidas con los principios de solidaridad, independencia y gobernanza democrática. Todas las afiliadas son sindicatos profesionales que defienden tanto los intereses materiales como profesionales de los educadores y promueven la prestación de una educación de calidad.

Estos también han sido los principales criterios de afiliación de la Internacional de la Educación.

No todo el mundo estaba entusiasmado con la creación de una nueva Internacional. En algunos países, donde la IFFTU y la CMOPE tenían sindicatos miembros que competían, hubo cierta resistencia. También suscitó preocupación el futuro de dos federaciones internacionales, una de la educación primaria y otra de la educación secundaria, que estaban asociadas a la CMOPE. Un tema espinoso era si la nueva Internacional iba a vincularse a la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), lo cual algunos temían que influyera en el carácter independiente de la Internacional.

En 1991, la IFFTU y la CMOPE establecieron los equipos formados por miembros de sus Consejos Ejecutivos para negociar los objetivos, los principios y la estructura de la nueva Internacional. Creo que llegamos a un acuerdo sobre la mayoría de las cuestiones con bastante rapidez. La organización debía ser democrática e independiente. Debía servir a los intereses de los sindicatos nacionales de docentes, el personal de apoyo a la educación y los demás empleados del sector de la educación. La paz, la democracia, la justicia social y la educación financiada con fondos públicos debían ser algunos de los objetivos generales, mientras que la organización y sus miembros debían apoyar las normas laborales fundamentales para todo el sector, entre ellas el derecho de negociación colectiva y de huelga. Todos los sindicatos nacionales de la educación que apoyaran estos objetivos y principios tendrían derecho a ser miembros, siempre que fueran organizaciones democráticas, independientes y representativas.

Obviamente, también hubo que resolver algunos temas difíciles. Por ejemplo, la cuestión de la admisión de las organizaciones solicitantes y cómo evaluar su naturaleza democrática e independiente. Fue Al Shanker quien sugirió que dicha evaluación fuera realizada por expertos independientes externos a la Internacional. Encontramos al ex primer ministro de Australia, Bob Hawke, dispuesto a presidir un comité de expertos, lo cual hizo con éxito durante unos quince años.

Pero también hubo otras cuestiones. ¿Debería haber estructuras regionales? ¿Deberíamos dar voz a las diferentes secciones de la educación? ¿Cómo podríamos garantizar la equidad de género en la composición de los órganos de gobierno? ¿Cuál sería el papel del Consejo Ejecutivo y cuáles serían las responsabilidades del Presidente y el Secretario General? ¿Debería limitarse la duración de los mandatos? ¿Cómo determinaríamos el peso electoral de los sindicatos miembros? ¿Sobre qué base estableceríamos las tasas de afiliación per cápita? Algunos compañeros sugirieron que debíamos configurar la estructura de gobierno siguiendo el modelo de sus propios sindicatos nacionales. Bob Harris y yo, que ya teníamos muchos años de experiencia en el liderazgo de la CMOPE y la IFFTU, pensamos que debíamos aprovechar los puntos fuertes de nuestras dos Internacionales combinándolos con un modelo de gobernanza que reflejara las diferentes culturas sindicales. Creo que logramos diseñar una estructura sólida, equilibrada y sostenible –democrática, transparente y que permitía una alta participación de los miembros en todos los niveles. ¡En 2015, el 62% del total de la membresía de la IE estaba representado en el Consejo Ejecutivo y en los Comités Regionales!

La estructura de la IE ha pasado la prueba del tiempo. En mi vida, he participado en muchas rondas de discusiones sobre las estructuras de gobierno de la organización en busca del modelo democrático perfecto que, por supuesto, no existe. A algunas personas les apasiona retocar las constituciones y los reglamentos, y todo el mundo es un experto. Tengo sentimientos contradictorios con respecto a las discusiones recurrentes sobre las estructuras. Aunque soy consciente de que son inherentes a cualquier organización democrática, preferiría dedicar nuestro tiempo y energía a los desafíos políticos.

25 años de la IE - ¿Por qué creció de 18 a 32,5 millones?

Había un sentimiento de optimismo después de la caída del muro de Berlín. Ese momento brindó una buena oportunidad para unir a todos los sindicatos nacionales. Nadie sabía cuánto duraría ni si seríamos capaces de hacer frente con éxito a la diversidad ideológica de nuestra membresía. Pero lo conseguimos. El sindicalismo libre de los docentes se convirtió en un concepto general. Sin embargo, el conflicto político es inherente a nuestro trabajo. Así que hay que estar constantemente atento para mantenerlo todo cohesionado. La unidad nunca debería darse por sentada.

Obviamente, estoy orgulloso de que la membresía de la IE creciera de 18 millones en 1993 a 32,5 millones en 2018. Hoy en día, el 90% de los docentes organizados en sindicatos de la educación están representados por la IE. Los sindicatos de la educación son cada vez más conscientes de que sus miembros forman parte de una profesión global y que muchos de los desafíos con los que se enfrentan en sus propios países son resultado de la globalización que requiere un cabildeo y una acción mundial. Es importante recordar que el reconocimiento de la IE por parte de la comunidad internacional como la voz de la profesión docente no solo se debe a los impresionantes números que representamos, sino también a que nuestras afiliadas son organizaciones independientes –independientes de los gobiernos, independientes de los partidos políticos, independientes de las instituciones religiosas e independientes de los organismos de financiación. No dependemos de la asistencia financiera externa para el funcionamiento de nuestras organizaciones.

Nuestro Congreso Mundial en Ciudad del Cabo de 2011 marcó un momento significativo en la historia de la IE, cuando terminamos de plasmar nuestra visión sobre el futuro de la educación y sobre las profesiones que representamos. También sentó las bases para la campaña mundial, Unámonos por una Educación de Calidad, lanzada en 2014, en la que participó casi un tercio de nuestra membresía para que “la educación de calidad” se incluyera en la agenda de desarrollo de la ONU. Creo que la presión política que pudimos ejercer dio lugar a la adopción del ODS 4. Incluso tuvimos éxito al conseguir que las Naciones Unidas aceptaran el principio de que la educación primaria y secundaria debían ser gratuitas.

Lograr que este principio fuera puesto en práctica en todos los estados miembros es otro asunto. Uno de nuestros programas prioritarios actualmente es combatir la comercialización de los servicios educativos, donde combinamos el cabildeo destinado a las agencias internacionales y los gobiernos nacionales con la denuncia de los negocios educativos y de la presencia de extraños en el terreno.

Uno de los principales desafíos de cara al futuro es implicar a los miembros de nuestras afiliadas y crear puentes entre los docentes del aula y su Internacional. Somos y siempre seremos una organización de organizaciones. Nuestros sindicatos miembros deben ocupar el asiento del conductor. Ellos determinan la línea de actuación de la IE en nuestros Congresos Mundiales, Conferencias Regionales y reuniones del Consejo Ejecutivo. Sin embargo, para que la Internacional sea más eficaz en el desempeño de sus tareas, debemos crear audiencias digitales y encontrar formas de implicar al docente del aula en el debate internacional sobre su profesión.

¿Cuáles serían los momentos más memorables del tiempo que ha llevado el timón?

Hemos ayudado a los sindicatos de la educación de todo el mundo a promover la educación para todos y el cambio democrático en sus países. Desde Túnez, Argelia y Egipto hasta Yibuti, Líbano, Irak, Yemen y Baréin en el momento de la Primavera Árabe. Desde Camboya hasta Indonesia, desde los países “stan” hasta Turquía y los Balcanes, la lista de países y lugares en los que creo que hemos marcado una diferencia es muy larga. Los sindicatos miembros del Sur Global y Europa Central y Oriental se han beneficiado de nuestros programas de desarrollo, que abarcan desde la educación laboral hasta la capacitación profesional. Les hemos ayudado a mejorar la situación del personal docente, la educación pública y a afrontar la comercialización y otras tendencias perjudiciales. Las organizaciones miembro de algunos países occidentales, entre los que se incluyen los países nórdicos, Canadá y Australia, en calidad de verdaderos defensores de la solidaridad, han contribuido muchísimo a este trabajo de desarrollo.

Hemos sido un importante grupo de presión detrás de los esfuerzos internacionales para hacer realidad la educación para todos los niños. A principios de los años noventa establecimos, junto con Oxfam Países Bajos, Action Aid y la Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil, la Campaña Mundial por la Educación (CME), que se convirtió en uno de los movimientos más grandes de la sociedad civil. Hemos presionado continua y sistemáticamente a las agencias intergubernamentales y los gobiernos nacionales para que asuman su responsabilidad con respecto a la educación. Había gente que desaprobaba que la IE trabajara con ONG. Pero ha merecido la pena. En los últimos 25 años, el acceso a la educación ha mejorado de manera sorprendente. Más niños que nunca han encontrado su lugar en nuestras aulas. Sin embargo, la calidad de la educación es un problema. En los países de bajos ingresos, el tamaño de las clases se ha disparado, mientras que hay una seria escasez de docentes cualificados en todas partes. Las autoridades educativas están recurriendo al empleo de docentes no cualificados o están delegando sus responsabilidades al sector privado.

Con respecto a nuestra labor de solidaridad, siempre me ha importado mucho acudir al rescate de las afiliadas y sus miembros azotados por desastres naturales. Para algunas de nuestras organizaciones miembro, particularmente para aquellas que se encuentran en el Sur Global, la IE es su única conexión con la comunidad internacional e incluso algunas veces es su único salvavidas. Terremotos, huracanes, inundaciones, a lo largo de los años hemos recaudado y distribuido fondos considerables destinados a la ayuda humanitaria. Yo mismo he visitado muchos lugares que fueron devastados por desastres. El tsunami que azotó Indonesia, Sri Lanka y Tailandia en diciembre de 2004 me causó una profunda impresión. Aunque nunca lo sabremos con seguridad, estimamos que unos 1500 docentes perdieron la vida. Además de la ayuda humanitaria, pudimos construir, en colaboración con Oxfam-Novib, treinta edificios escolares en Atjeh y en Sri Lanka.

2004 fue también el año de la masacre escolar más grande de la historia. El 1 de septiembre, los separatistas chechenos ocuparon la Escuela Número Uno de Beslan, Osetia del Norte, y mantuvieron a 2100 personas, entre ellas muchos niños, como rehenes. El 3 de septiembre las fuerzas de seguridad rusas asaltaron el edificio. Murieron 334 personas, entre ellas 186 niños. Junto con el presidente del sindicato ruso de la educación (ESEUR), visitamos la escuela y las familias de los docentes que habían perdido la vida. ¡Que tragedia! Recuerdo los agujeros de bala y las manchas de sangre en los suelos y las paredes de las aulas. Ninguna misión de la IE ha sido tan desgarradora como esta. Creamos un fondo especial para proporcionar becas de estudio a los hijos de estos docentes.

En cuanto a la profesión, resulta bastante evidente que hoy en día nadie con un poco de juicio –excepto quizás el Banco Mundial– se atrevería a alegar que la enseñanza no es una profesión, que los docentes no necesitan estar bien formados o que no son esenciales en la prestación de una educación de calidad.

Hace veinte o veinticinco años, esto se murmuraba en algunos círculos internacionales. Ahora ya no. Creo que cambiamos el discurso. Volvimos a situar a los docentes en el centro del debate educativo, emprendimos investigaciones para fundamentar nuestras afirmaciones. Pudimos obtener una recomendación de la UNESCO relativa a la condición del personal docente de la enseñanza superior, un instrumento de la OIT para proteger los derechos de los docentes de la educación de la primera infancia y confeccionamos un nuevo mecanismo de consulta internacional para los líderes sindicales y los ministros de educación. Me atrevo a decir que organizaciones como la UNESCO y la OCDE se han puesto de nuestro lado; lo cual no significa que los gobiernos también hayan cambiado de lado. Muchos todavía están empeñados en que nuestros sistemas educativos, en primer lugar, deben mejorar los resultados económicos, dar respuesta a las necesidades del mercado, y están dispuestos a descuidar la necesidad de garantizar la igualdad de acceso, de proporcionar un plan de estudios amplio y de que los profesionales de la enseñanza dispongan de más espacio y tiempo para hacer que nuestras escuelas sean la salvaguardia de la democracia y la cohesión social.

¿Qué piensa de la autonomía profesional?

Una de las lecciones que he aprendido es que los sindicatos de la educación deberían reforzar su papel como guardianes de la profesión docente. Promover y proteger esta profesión es tan importante como, por ejemplo, fomentar nuestras normas laborales fundamentales, como el derecho de negociación colectiva y de huelga. Esto es también una lucha por la democracia. No estoy hablando de manera abstracta. Como consecuencia de las medidas severas y masivas adoptadas tras el fallido intento de golpe de Estado en Turquía contra los trabajadores del sector público, decenas de miles de docentes perdieron sus puestos de trabajo y otros fueron detenidos. No es una coincidencia que estos ataques estuvieran seguidos por una acción unilateral del Presidente destinada a prohibir la enseñanza de la evolución en todas las escuelas K-12. En ese caso concreto, se percibe como este ataque se dirige contra la profesión, los sindicatos y la democracia.

Existe una peligrosa tendencia de que los políticos se adentren en el aula y nos digan qué enseñar y cómo hacerlo. Ha formado parte de la deriva autoritaria en Polonia, en Hungría, pero también ha sido un problema en el Reino Unido, por poner unos ejemplos europeos. En Brasil, a los docentes ya no se les permite abordar “cuestiones políticas controvertidas” en sus clases.

Así pues, mientras en algunas partes del mundo los políticos están entrando por la fuerza en nuestras aulas y nos dicen qué es lo que tenemos que enseñar y cómo hacerlo, en otras las empresas privadas están entrando en el sector de la educación con la esperanza de ganar dinero fácilmente introduciendo la enseñanza programada, contratando a docentes no cualificados y recopilando al mismo tiempo todos los datos posibles sobre nuestros estudiantes como fuente suplementaria de beneficios.Basta con decir que si estos dos mundos siguen expandiéndose, la profesión docente tal como la conocemos quedará exprimida, si no queda aplastada, entre ellos y nos quedaremos como unos docentes desarmados, desprofesionalizados, incapaces de prestar una educación de calidad provechosa.

Creo que hemos llegado a un punto en muchos países en el que nuestros sindicatos miembros deberían dar prioridad absoluta a la autonomía profesional. Esto es crucial para los docentes, pero también para los estudiantes y la sociedad. La existencia de una profesión supone que sus miembros determinen sus propios estándares profesionales. Eso es tan cierto para los docentes como para los médicos o los abogados. Los médicos no permitirían que los gobiernos o la industria farmacéutica recetaran medicamentos a sus pacientes. Del mismo modo, no debemos permitir que las personas ajenas a la profesión impongan un programa de estudios detallado y obligatorio o los métodos de enseñanza para nuestros estudiantes.

Es de vital importancia que los educadores y sus sindicatos recuperen su propia profesión estableciendo y supervisando los estándares profesionales. No debemos permitir que los empleadores, los políticos, por no hablar de las personas ajenas a la profesión, cuestionen la competencia profesional y la credibilidad de nuestros sindicatos miembros. Ellos son la profesión. Nuestras misiones sindicales y profesionales son dos caras de la misma moneda. No son contradictorias, son complementarias y están intrínsecamente vinculadas.

A raíz de los últimos tiroteos que han tenido lugar en los centros escolares de EE. UU., ¿ qué significa en su opinión “ escuelas seguras”?

Estoy, como todo el mundo, consternado por los tiroteos que han tenido lugar en las escuelas de EE. UU. e indignado por la sugerencia de que las escuelas estarán más seguras cuando los docentes estén armados. A lo largo de los años ha habido incidentes, siempre infligidos por personas perturbadas que desde un principio no deberían haber tenido acceso a armas de fuego. En algunos lugares, como Pakistán y Nigeria, las escuelas han sido el objetivo de los terroristas, que han matado a muchos estudiantes y docentes.

La indignación pública por los tiroteos que se producen en las escuelas, más que en los centros comerciales o las oficinas de correos, se debe a que se supone que las escuelas son unos santuarios seguros para el aprendizaje, al igual que las iglesias y las mezquitas son santuarios seguros para el culto. Que las escuelas sean seguras también significa que estén libres de intimidación y otras formas de acoso, entre ellas el abuso a través de las redes sociales. También son unos santuarios con respecto al racismo u otras formas de intolerancia.

Las escuelas también son un lugar seguro en comparación con las calles o unos entornos familiares inestables y violentos. Recuerdo a unos niños que estaban muy felices de venir a la escuela simplemente porque les permitía alejarse del lugar al que ellos llamaban hogar, en el que, sin embargo, su padre y su madre se peleaban todo el tiempo.

Las escuelas públicas gratuitas eran una cuestión prioritaria para los primeros sindicatos ya en el siglo XIX. Proporcionaban a los hijos de trabajadores oportunidades que no estaban al alcance de sus padres. ¿Cómo ve esta función de la educación de promover la igualdad en las generaciones más recientes?

Nuestros sistemas educativos públicos son probablemente la empresa pública más exitosa de la historia. Han traído más igualdad y mejores oportunidades para todos los niños. En muchos países han sido también un elemento esencial para la eliminación de la discriminación de las niñas y la abolición del trabajo infantil. Pero sobre todo, más personas que antes reciben una mejor educación. Nuestros sistemas educativos públicos han sido y siguen siendo fundamentales para nuestra prosperidad, el crecimiento económico, el desarrollo democrático y la cohesión social. Es difícil entender por qué en algunos lugares esa valiosa herramienta es subvalorada, descuidada y carece de una financiación adecuada.

Me ha sorprendido el comportamiento irresponsable de los políticos que venden partes de sus sistemas educativos públicos a empresas privadas. Hemos sido una de las pocas organizaciones internacionales que ha hecho frente a las nocivas tendencias de la comercialización y ha puesto al descubierto a las empresas con ánimo de lucro que contratan a docentes no cualificados y prestan una educación de mala calidad. Aunque se están extendiendo como un reguero de pólvora. Resulta incomprensible que el mayor organismo de préstamos para la educación, el Banco Mundial, esté alentando a los gobiernos del Sur Global a apoyar algunas de estas iniciativas privadas que destruyen los sistemas educativos públicos.

A veces me han acusado de ser “ideológico” al defender nuestros sistemas educativos públicos y las oportunidades que ofrecen. No creo que tener buenas escuelas financiadas con fondos públicos para todos los estudiantes deba ser un asunto partidista y controvertido.

Creo firmemente en la educación como un medio para transmitir valores democráticos. Es una de las tareas esenciales de nuestros sistemas educativos públicos. Sin embargo, en la mayoría de las reformas educativas ese rol importante no goza de suficiente reconocimiento, si no se ignora. El derecho a la educación es tanto un derecho individual como un derecho colectivo. Algunas reformas educativas han sido sacadas de este contexto de los derechos. Los padres y los estudiantes se han convertido en clientes y consumidores de educación como si la escolarización fuera una mercancía, un producto que puede ser suministrado por el mercado.

Lo que parece que olvidamos es que nuestras escuelas son la primera línea de defensa de nuestras democracias y de las sociedades decentes. Delegar la educación a empresarios privados es tan irresponsable como ceder nuestros ejércitos a ISS o G4S.

Se ha desarrollado un mito acerca del sector privado. Se ha persuadido a muchas personas de que el mercado tiene que ser superior a los servicios públicos. Casi se ha convertido en un artículo de fe. Y, al igual que con todas las cuestiones de fe, los hechos y la experiencia se han vuelto irrelevantes.

¿Cómo explica el hecho de que los docentes, al igual que los periodistas, parecen ser los objetivos privilegiados de los regímenes autoritarios, no solo de los más opresivos que torturan, encarcelan y asesinan, sino también de aquellos que tienen una formas “más suaves” de violar los derechos?

Los gobiernos entienden lo que dijo Abraham Lincoln: “La filosofía del aula en una generación será en la filosofía del gobierno en la siguiente”.

Los docentes son vulnerables. Se considera, y con razón, que tienen más impacto en el futuro de nuestras sociedades que la mayoría de las demás profesiones. Y tal vez los educadores se caractericen por una cierta obstinación. Tal vez les guste distinguir el hecho de la opinión. Tal vez prefieran enseñar que adoctrinar. Y, a menudo, son miembros de la comunidad muy respetados que tienen un prestigio, lo que hace que sus opiniones sean tenidas en cuenta.

En algunos países en desarrollo, como solía ocurrir ciertamente en los países industrializados, un docente puede ser la única persona educada en una aldea o pueblo remoto. Recuerdo que en Colombia y en Nepal los grupos rebeldes ejercían una tremenda presión sobre los docentes locales para que la aldea se pusiera de su lado. Una negativa a veces significaba una sentencia de muerte. En Pakistán, Afganistán y Nigeria, los educadores que enseñaban a las niñas han sido blanco de los extremistas musulmanes que creen que la escolarización de las niñas no está en consonancia con las reglas del Corán. Muchos compañeros han demostrado un valor increíble al no ceder ante estos grupos. O se han pronunciado en contra de las peticiones inmorales de sus autoridades públicas.

En la década de 1990 los docentes en Kosovo desafiaron la prohibición del gobierno serbio de usar su idioma albanés nativo como idioma de instrucción en sus escuelas. Crearon un sistema educativo paralelo en lugar de someterse a los dictados del Estado. Los docentes no deberían ser los sirvientes obedientes del estado. Tienen un propósito moral que puede superar a los objetivos ideológicos perseguidos por las autoridades públicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, los docentes de Polonia desafiaron la ley nazi que excluía a los niños eslavos de la educación secundaria. En Noruega, los docentes opusieron resistencia al adoctrinamiento político.

La democracia es colectiva. ¿Cómo interpreta esto en relación con algunas “reformas” educativas modernas centradas en el individuo? ¿Qué significa esto para el sentido colectivo, público y comunitario de la educación?

Me pregunto si vivimos en el fin de la época de la democracia representativa. Los partidos políticos y los sindicatos, ambos producto de nuestros sistemas democráticos, parecen tener dificultades para atraer a miembros jóvenes. Oigo a algunas personas decir que los mecanismos democráticos tradicionales que aplicamos, entre ellos la elección de personas que hablarán por usted, que representarán sus puntos de vista, son obsoletos. Consideran que Facebook, Twitter y otras redes sociales permiten organizar, difundir sus opiniones y ejercer presión política de una forma más adecuada y eficaz.

Entre algunos políticos, que deberían saber más, se está debilitando la noción de que un movimiento sindical independiente y sus instituciones representativas son tan esenciales para la democracia como las elecciones libres y la libertad de prensa. En Europa, pero también en otros lugares, los gobiernos no siempre comprenden el valor único y especial del diálogo social. A veces abordan el trato con un sindicato representativo como si no fuera diferente a hablar con unos docentes seleccionados u otras personas que aseguran hablar, aunque sin legitimidad, en nombre de la profesión. Recuerdo haber hablado con un ministro de educación que no apreciaba el valor de hablar con los sindicatos de los docentes porque él tenía 50.000 seguidores en Twitter.

No hablar con los sindicatos es una cosa, tratar de destruirlos es otra. A lo largo de la historia moderna hemos sido testigos de la represión ejercida contra los miembros de los sindicatos y de los ataques perpetrados contra los sindicatos. Uno de mis primeros actos como Secretario General en 1981 fue enviar un mensaje de protesta al jefe de la república socialista de Polonia de ese momento, el General Jaruzelski, para que pusiera fin a la represión contra los miembros de Solidarnosc y permitiera la creación de sindicatos independientes. Los sindicatos de la educación siempre han sido unos objetivos predilectos. Representan a personas que están bien formadas, muchas de ellas políticamente perceptivas, y uno no quiere que sean su adversario.

Una vez, en Davos, compartí un ascensor con dos líderes industriales que hablaban de la competitividad de su país, Estados Unidos. ¿Sabes cuál es el problema en Estados Unidos? le dijo el uno al otro. Son los sindicatos de los docentes. Protegen a los malos docentes y son responsables del mal rendimiento de nuestras escuelas. ¡Deberíamos perseguirlos! Bueno, vemos que esto está sucediendo hoy en día. Es espantoso. Los hermanos Koch están financiando campañas para que los miembros de NEA y AFT abandonen sus sindicatos y se unan en cambio al equipo de Mickey Mouse. En algunos estados, a nuestros sindicatos miembros se les niegan los derechos sindicales básicos. El declive de la democracia en Estados Unidos es un acontecimiento muy doloroso y peligroso, que debería preocuparnos a todos. En mi última reunión del Consejo Ejecutivo que tuvo lugar en enero, durante un debate sobre la democracia, llamé la atención sobre el nuevo lema del Washington Post: “La democracia muere en la oscuridad”.

En algunos países, la educación parece haberse convertido en la última frontera para defender la democracia y los valores de la función pública.

¿Alguna reflexión final con respecto a la jubilación?

Es importante distinguir entre el trabajo y el movimiento. Estoy dejando un trabajo que disfruté y donde pude contribuir a la profesión y al sindicalismo docente, pero sigo siendo un sindicalista y sigo siendo un educador. Eso no es lo que haces, sino lo que eres.

Terminaré el trabajo sobre el libro “Educación y democracia” que estamos escribiendo. Después de eso, haré algún trabajo sobre la historia de la IE, pero incluso después de haber completado todo esto, uno nunca se retira del sindicalismo. En este nuevo capítulo de mi vida tendré más tiempo libre, pero seguiré comprometido con la democracia, la justicia social y la educación de calidad para todos.

Nota: Como parte de las actividades del 25 aniversario de la IE, se publicó a principios de este año una primera entrevista realizada a Fred van Leeuwen, centrada en la fusión de la Federación Internacional de Sindicatos de Maestros Libres (IFFTU) y la Confederación Mundial de la Profesión Docente (CMOPE).

[1] Multatuli era el pseudónimo de Eduard Douwes Dekker (2 de marzo de1820 – 19 de febrero de 1887).Su libro más conocido fue una novela satírica, “Max Havelaar”.

[2] Sholom Levin, además de directivo del Sindicato de Docentes de Israel, fue presidente de la Federación Internacional de Asociaciones de Maestros de 1963 a 1968, una organización que se fundó en 1926 y una de las pequeñas organizaciones que, a través de fusiones, llegó finalmente a formar parte de la IE. También fue miembro de la Knéset, el parlamento israelí. Levin fue dirigente del Partido Mapai (Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel) que más tarde se fusionó para crear el Partido Laborista. Levin nació en un pequeño pueblo cerca de Minsk, una de las partes del imperio ruso (ahora Bielorrusia) donde se habían desarrollado pogromos. Levin salió de su pueblo a pie y se dirigió a Jerusalén, en Palestina, en 1937.

[3] La Federación Única de Maestros (UFT) fue y es la organización de la ciudad de Nueva York afiliada a la Federación Americana de Docentes (AFT).

Las opiniones expresadas en este blog pertenecen al autor y no reflejan necesariamente ninguna política o posición oficial de la Internacional de la Educación.