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El FMI insiste en una receta fallida: un nuevo informe pone al descubierto su doble rasero y las consecuencias de sus políticas

publicado 30 junio 2026 actualizado 6 julio 2026

El último informe de ActionAid International, la Internacional de la Educación y otras organizaciones socias pone de manifiesto que el Fondo Monetario Internacional (FMI) sigue presionando a los países de ingresos bajos para que den prioridad al pago de la deuda sobre la inversión en los servicios públicos, pese a asegurar que promueve una mejora de los resultados educativos.

"Este informe corrobora las denuncias que los sindicatos de la educación venimos realizando desde hace años: las restricciones a la masa salarial del sector público no son herramientas fiscales neutrales, sino decisiones políticas que limitan la contratación de profesorado, reducen los salarios y agravan la escasez mundial de docentes. Cuando se obliga a los gobiernos a congelar o recortar los salarios en educación, aumentan las ratios en las aulas, la profesión pierde atractivo y es el alumnado quien acaba pagando las consecuencias. El FMI y los gobiernos deben abandonar este enfoque erróneo y apostar por políticas que inviertan en el profesorado, pilar fundamental de una educación de calidad", afirmó Cassandra Hallett, secretaria general adjunta de la Internacional de la Educación.

Un cambio de discurso, pero no de prácticas

El informe, titulado "Still cooking with a failed recipe: A review of IMF country advice on social spending, public services, tax and gender equality" (El FMI insiste en una receta fallida: un análisis de las recomendaciones del FMI a los países sobre gasto social, servicios públicos, fiscalidad e igualdad de género), examina 29 documentos del FMI correspondientes a 11 países durante un periodo de tres años (de febrero de 2022 a febrero de 2025). Los países analizados (Brasil, Ghana, Kenia, Malawi, Nepal, Nigeria, Reino Unido, Senegal, Uganda, Zambia y Zimbabue) se seleccionaron por su diversidad geográfica y de ingresos, con el fin de comprobar si las recomendaciones del FMI se adaptaban realmente a las circunstancias de cada país o si seguía recurriendo a un "recetario obsoleto".

El informe identifica un patrón de contradicciones entre el discurso del FMI en Washington y su actuación sobre el terreno. También pone de manifiesto incoherencias entre el texto y las cifras que figuran en algunos documentos concretos del FMI. Aunque el texto sugiere en ocasiones que el FMI reconoce la importancia de la inversión social en educación y salud, las cifras y las proyecciones —que suelen incluirse mediante tablas en los anexos— ofrecen una imagen muy diferente. Y son precisamente esos datos los que marcan las decisiones y tienen mayor peso para los ministerios de Finanzas.

La presentación del informe tuvo lugar el 23 de junio —Día de las Naciones Unidas para la Administración Pública— y reunió a representantes de varios socios mundiales para analizar las políticas regresivas del FMI, su impacto sobre la educación y la igualdad de género, y compartir estrategias para superar este modelo de austeridad ya obsoleto.

Las medidas de austeridad perjudican al profesorado y al alumnado

Durante la presentación, Hallett subrayó que el FMI sigue recomendando congelar o reducir la masa salarial, independientemente del contexto y de las necesidades. "Las consecuencias son muy reales: escasez de profesorado, aulas masificadas y un deterioro de la calidad de la educación. La escasez mundial de docentes supera ya los 50 millones, debido, en parte, a la falta de inversión y a las restricciones a la masa salarial. Es imposible garantizar una educación de calidad si se continúa perjudicando al personal que la hace posible", afirmó.

Por su parte, Dennis Sinyolo, director de la región africana de la IE, denunció las graves consecuencias de las políticas del FMI en los sistemas educativos africanos: "En Senegal, el profesorado ya no recibe formación porque el FMI dijo a los gobiernos que la formación y la ratio no eran importantes".

A estas críticas se sumó Abdourahmane Gueye, coordinador de la coalición de sindicatos de la educación USEQ de Senegal. Las medidas de austeridad resultan especialmente perjudiciales en un país con un fuerte crecimiento demográfico, donde la población en edad escolar representa bastante más de la mitad de sus 18 millones de habitantes. Durante el curso 2024-2025, Senegal registró un déficit de 4 527 docentes. El profesorado en activo está sobrecargado de trabajo, mal pagado y desmotivado. Para sortear las restricciones impuestas por el FMI, el Gobierno ha recurrido a formas de empleo precario en la educación, una decisión que ha desincentivado el acceso a la profesión y ha agravado la escasez de docentes. "Invertir en el profesorado, mejorar la condición docente y ofrecerles condiciones laborales dignas no genera déficit, construye el futuro de Senegal", concluyó Gueye.

El FMI también presionó para que se introdujeran tasas escolares en Zimbabue, una medida que posteriormente retiró. "Al final, acabaron reconociendo que eliminar las tasas escolares era fundamental para que más niños y niñas pudieran acceder a la educación. Pero llegaron demasiado tarde: el daño ya estaba hecho", señaló Dennis Sinyolo.

El impacto de las recomendaciones del FMI sobre la igualdad de género

La reducción de la financiación educativa como consecuencia de las medidas de austeridad impuestas por el FMI tiene un impacto desproporcionado sobre las mujeres. Los despidos en educación afectan a un sector altamente feminizado. Además, tal como señaló Hallett, "cuando los sistemas públicos fallan, son las mujeres quienes asumen una carga aún mayor de trabajo de cuidados no remunerado y terminan pagando con su tiempo y su salud las consecuencias de las medidas de austeridad".

El informe recuerda que el enfoque tradicional del FMI es "ciego al género" en materia de política fiscal, por lo que, en la práctica, se priorizan los beneficios económicos sobre los derechos de las mujeres. Aunque desde 2022 el FMI empezó a incorporar análisis de género en sus políticas, sus reiteradas recomendaciones de reducir el gasto público mediante recortes en los servicios sociales siguen obstaculizando estos avances.

Durante la presentación, la abogada y activista Precious Tricia Abwooli destacó que "el problema no solo es la inclusión de las mujeres en el mercado, sino la forma en que el mercado está organizado. No se trata de invitar a las mujeres a repartirse un pastel que ya está envenenado". Además, señaló que, aunque el FMI ha empezado a incorporar la perspectiva de género, debe dejar de hacer que "las mujeres trabajen para la economía" y conseguir que "la economía funcione para las mujeres".

La persistencia de la lógica colonial del FMI

Varios participantes también señalaron que las recomendaciones de austeridad del FMI no se aplican igual en los países del Norte Global. Mientras el Reino Unido, por ejemplo, destina un 15,9 % de su PIB al personal del sector público, Nigeria apenas invierte un 1,9 %, y aún sigue recibiendo presiones para que aplique más recortes. Jessica Mandanda, una de las autoras del informe, señaló que esta doble moral responde a una arquitectura institucional heredada del colonialismo y recordó que el Reino Unido controla el 4 % de los derechos de voto en el FMI, lo que perpetúa un reparto profundamente desigual del poder. En este contexto, el FMI sigue actuando principalmente como un ejecutor del pago de la deuda al servicio de los países ricos. Por eso, gobiernos como el británico deben "asumir su responsabilidad" y "reconocer el enorme poder que concentran y su contribución a unas recomendaciones del FMI que siguen perpetuando la desigualdad en el Sur Global".

La respuesta sindical

Pese a la insistencia del FMI en mantener la misma "receta fallida" basada en las medidas de austeridad, la presentación del informe también puso de relieve la capacidad de respuesta de numerosos sindicatos. En Zambia, los sindicatos han logrado que el Gobierno contrate a más de 40 000 docentes, a pesar de las restricciones impuestas por el FMI. En Kenia, sindicatos como el UASU han recurrido tanto a la movilización como a los tribunales para oponerse a la privatización de las universidades. Al presentar estos ejemplos, Dennis Sinyolo lanzó un mensaje claro: "Cuando los sindicatos colaboran con organizaciones de la sociedad civil, ONG, asociaciones de estudiantes y de madres y padres para plantar cara a la austeridad... se produce un milagro".

Otros participantes señalaron medidas concretas que los gobiernos pueden impulsar, como la fiscalidad progresiva, los impuestos sobre sociedades y apoyar el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional. Por último, Abwooli insistió en que estas políticas deben formar parte de un cambio más profundo que supere la obsesión del FMI por el crecimiento económico: "Debemos preguntarnos: crecimiento para quién y a costa de quién. El crecimiento debería orientarse al bienestar y medirse por la posibilidad de que las mujeres vivan una vida digna".